Iniciación literaria en educación infantil

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ilei El panorama vital nos ha sonreído siempre, pero este año también nos sonríe el laboral… Este año tengo la enorme suerte de que me hayan encomendado impartir en una Universidad una asignatura de Literatura infantil para maestros de Educación Infantil y Primaria.

Mientras la preparaba me he dado cuenta de que lo de cargar únicamente a los maestros con la responsabilidad de formar a los niños como lectores con el argumento de que las familias no son “lectores profesionales que les puedan guiar”, redunda en el mismo error que está teniendo gran parte de la sociedad: pensar que la educación se da solo en el colegio.

En realidad, me hallo rodeada de padres y madres que disfrutan con la educación de sus hijos, que se implican en ella hasta el fondo y que nunca dicen no a eso de “dar un poquito más” aunque, al mismo tiempo, sus vidas laborales les hagan muy difícil la muy nombrada (pero poco facilitada) conciliación familiar. Padres hiperformados en el arte de ser padres, que tiran de instinto, por su puesto, pero que también buscan caminos para mejorar.

En todos ellos me dio por pensar cuando abrí este curso el libro de Iniciación literaria en Educación Infantil de Ignacio Ceballos, mi manual de cabecera para impartir la asignatura de Literatura Infantil en todas las Facultades de Educación en las que he dado clase los últimos años. Como digo, siempre lo había encontrado perfecto para mis estudiantes porque, siendo un libro técnico y completísimo en la materia que trata es, a la vez, inteligente y cristalino en su estilo de redacción. “Un libro que puede leer y disfrutar cualquiera que esté interesado en la literatura infantil”, me sorprendí pensando. Por eso lo traigo hoy aquí a Creatificando. Porque sé que la mayoría de los padres sabemos la importancia  de que nuestros niños tengan un temprano contacto con la literatura, pero muchas veces no sabemos por dónde empezar, cómo elegir, y este libro nos sacará de estas y otras muchas dudas.

Iniciación literaria en Educación Infantil (ILEI, en adelante) es audaz en sus propuestas. Para empezar nos recuerda aquello de que literatura no es igual a libros. Que antes de los libros existió (y sigue existiendo) todo un caudal literario oral con el que, por otro lado, iniciamos instintivamente a los niños en la literatura. ¿Quién no le ha hecho a su bebé aquello de “Este compró un huevo” o le ha cantado “Los cinco lobitos”? ¿Y qué son estas dos retahílas sino canciones de tradición oral? Sin saberlo, así por instinto, estamos iniciando a nuestros niños en la poesía y, por ende, en la literatura. ILEI nos ayudará a saber los beneficios (no solo intelectuales sino también emocionales) que tiene la literatura de tradición oral en la vida de nuestros niños desde sus primeros momentos.

Por otro lado, ILEI nos habla de la historia de la literatura infantil y escapa a otro gran tópico que es vincularla solo a la narrativa. Para ILEI el teatro y la poesía infantiles existen (¡y vaya que si existen!) y enriquecen a nuestros niños desde muchas perspectivas. ILEI nos ofrece itinerarios de lectura de todos los géneros en dificultad creciente para que nuestros niños vayan evolucionando como receptores, primero, y como lectores individuales después. Aunque nos recuerda la importancia de nunca abandonarles en la lectura. Un niño al que le leen, nunca dejará de leer.

La tercera cuestión que me hace seleccionar una y otra vez este libro como el manual de literatura infantil definitivo, es su defensa de la creatividad infantil. Algo que cualquier padre ya sabe (que sus hijos crean espontáneamente poesía, inventan cuentos con la mayor soltura del mundo y se ponen a hacer teatro a la menor de cambio) pero que desde una perspectiva técnica a menudo se olvida y no se explota. ILEI nos ofrece un montón de ideas para trabajar y disfrutar esa creatividad literaria (poética, narrativa y teatral) innata de nuestros niños.

Ningún padre se arrepentirá de tener ILEI entre sus libros de “formación”. Descubrirá que el contacto de los niños con la literatura desde edades tempranas es el mayor facilitador de la adquisición de la lectoescritura. Pero sobre todo, le garantizará un pasaporte para el disfrute con sus hijos, y, a los niños, les ofrecerá una literatura que les abrirá ventanas para ver el mundo con otros ojos (más grandes, más empáticos) y espejos para mirarse a ellos mismos y entenderse mejor. En fin, la literatura no solo nos divierte inteligentemente (que ya es mucho decir) sino que nos hace crecer como personas.

Como padres leemos sobre nutrición, les apuntamos a deportes, nos preocupamos por subir sus defensas en invierno… Pero no solo somos corpóreos, lo sabemos todos. ILEI nos ayudará a llegar más allá.

¡Feliz cumpleaños, Creatificando!

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tres-anos¡Y van tres! Tres años narrando nuestra aventuras por una educación alternativa, buceando por los entresijos de la creatividad y aprendiendo cada día más con nuestros tres niños.

Aunque el pasado no fuera nuestro año más activo en Creatificando, sí fue rico en experiencias que nos guardamos en el tintero para ir contándolas poquito a poco. Así que este nuevo curso que se nos presenta en ciernes volveremos con mucha energía renovada. ¡Seguidnos de cerca!

Vacaciones campestres: País Vasco

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Iniciamos curso y las vacaciones quedan ya muy atrás pero todavía no cuesta nada revivirlas si cerramos un momento los ojos… Entonces parece que estamos ante una inmensidad verde y azul, con un hermoso caserío a nuestra espalda… Se oye a lo niños jugar (y sus gritos no parecen tan “gritos” así en campo abierto), el quiquiriquí del gallo y algún que otro rebuzno de un burro simpático. Nada más. El mundo queda lejos, a unos 6 kilómetros y nosotros estamos perdidos entre las montañas de un recóndito y encantador lugar llamado Larrago en el País Vasco.

larrago cortadavistas larragoY  no solo el entorno natural y el propio caserío merecen nuestros elogios, sino la familia que lo regenta y su amabilidad y naturalidad en el trato con nosotros y con nuestros niños (algo que no siempre encontramos en estos sitios, aun cuando parezcan estar pensados para familias desde un principio). Aquí no molestaban los gritos de júbilo, que se acariciase al burro o a la cabra, que se hicieran equilibrios circenses en lo alto de los columpios o que se lanzasen cañonazos a la portería. Todo está bien visto, o simplemente pasado por alto, porque saben lo que son los niños. Los dueños tiene cuatro.

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Es más, el primer día teníamos en nuestro apartamento dos cajones con juguetes y como una de las muñecas que encandiló a O estaba desnuda no dudaron en prestarnos un trajecito para vestirla.

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Larrago está pensado para no salir. Parece ser que, hasta no hace mucho, también tenía una pequeña piscinita para que los peques chapotearan; será reemplazada pronto, según nos dijeron, y, entonces, estoy segura de que no habrá quien saque a los niños de allí. Sin embargo, el entorno lo merece y está lleno de cultura, arte, historia y, lo más importante, de disfrute, para empapar también a los niños de otros aprendizajes: el artístico Bosque de Oma, la lección de historia de la ciudad de Guernica, el reto físico y mental de subir los 241 escalones hasta la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, los pequeños y encantadores pueblecitos de Ea, Elantxobe o Portugalete, las piraguas en la ría de Urdaibai, las mil posibilidades de acercarse a Bilbao, las cerveceras para comer tranquilamente en familia al aire libre con vistas fantásticas y con  parque infantil incorporado (especialmente genial la de San Juan de Gaztelugatxe)…

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A  llevado por el entusiasmo llegó a afirmar: “¡El País Vasco, es el mejor país!”. Y no es de extrañar, porque este verano el entorno les ha permitido experimentar con algo valioso, emocionante y extraño para un niño: su libertad. R ha comprendido perfectamente que durante las vacaciones se aprende tanto o más que durante los meses lectivos.

Taller de habilidades socioemocionales (II)

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Y unos meses después (pasadas las temibles evaluaciones de 3º de Primaria) por fin pudimos poner en marcha la segunda parte del taller de habilidades socioemocionales con la clase de R (8 años).

Esta vez en el patio y con música, pusimos en práctica una serie de juegos, basados sobre todo en la dramatización y el juego dramático, para fomentar la empatía, el valor de las diferencias y el compañerismo.

Este fue nuestro planning:

  1. Intro: Sentados en corro hablamos de “nuestra misión” y qué cambios han notado desde la última vez que nos vimos. ¿Han pensado en Oliver Button? Recordamos su historia.
  2. Relajación: tumbados en el suelo, respiramos, nos fundimos con el suelo, echamos raíces, somos un árbol. Cuando estamos relajados pensamos en un momento feliz con alguien de la clase o con la clase entera. Nos imaginamos exactamente lo que pasó: el primer día que nos vimos, cuando alguien me prestó algo que me hizo mucha ilusión, etc. .
  3. Breve asamblea: ¿en qué hemos pensado? La clase, según se vio, está llena de buenos momentos. Especialmente divertidas parecen los chistes del profe de inglés que, en general es “muy serio”.
  4. Presentaciones: cada uno piensa algo bueno de sí mismo, y se presenta. “Yo soy Alicia y soy alegre” todos lo repiten como si fueran un presentador de la televisión. Aplaudimos. La actividad fue mágica. Se notó un subidón de energía.
  5. El espejo: para ayudarnos tenemos que saber cómo nos sentimos. Pequeña ejemplificación de caras según las emociones. Recordamos que, no obstante, no siempre están tan claras.. Por parejas, uno va haciendo gestos con la cara para expresar emociones y el otro tiene que identificarlas y ponerlas. Cambio y pequeña conversación entre parejas. Puesta en común. Conclusión: cuando la emoción no se fuerza como en el teatro para ejemplificarla, no siempre es fácil detectar cómo se sienten los demás. Hay que estar atentos para reaccionar…
  6. Nos imitamos al andar: salen unos voluntarios y analizamos su forma de andar: ¿a qué se parece? ¿qué nos gusta de ella? Nos vamos uniendo hasta que todo el mundo sigue a alguien con la consigna de que nadie marca cuando sale el siguiente pero todos los compañeros que han comenzado a andar tienen que ser seguidos por el mismo número de personas. movimiento
  7. El abrazo: nos movemos por el espacio  (como gigantes, como bebés, como ancianos, como Caperucita, como el lobo…) y cuando la música pare nos abrazamos según marque: de 1, 2, de 3, de 4, hasta acabar en un abrazo colectivo.abrazo
  8. El pasillo: creando un pasillo con las piernas entrelazadas,  un compañero debe pasar entre las piernas de los demás. Primero los niños no deben ayudar al “paseante”; en una segunda ronda sí pondrán de su parte para que pueda atravesar el pasillo. Una manera eficaz de experienciar la cooperaciónpasillo
  9. Improvisaciones: Un niño quita a otro algo que es suyo, un grupo no deja jugar a un niño, un grupo discute porque todos quieren hacer un trabajo a su manera. ¿Cómo arreglamos la situación? Los demás, por grupos, opinan sobre cómo reconstruir la escena o intervienen en ella. La escena vuelve a representarse ahora con la solución propuesta.

Nos divertimos todos mucho, desde luego. Y esperamos que del fondo de los juegos algo quedara como poso para las situaciones de cooperación y socialización que les saldrán al paso.

Jardinería de guerrilla

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“La agricultura de guerrilla es un término usado para describir el cultivo no autorizado de especies vegetales en terrenos baldíos públicos o privados. Para algunos de los que la practican, la agricultura de guerrilla es una manifestación política sobre los derechos de tierra; para otros, se trata principalmente de una oportunidad de embellecer y mejorar terrenos baldíos o sobrepoblados. La agricultura de guerrilla puede realizarse a través de misiones nocturnas secretas, o de manera abierta, en un intento por entusiasmar a otras personas en la idea de mejorar la comunidad”. [http://es.wikihow.com/hacer-agricultura-de-guerrilla].

Y esto… ¿puede hacerse con niños? ¡Pues claro! Ellos estuvieron encantados de colaborar en una acción tan gamberra pero con tanto sentido. No en vano les es muy familiar la historia de los niños jardineros que recuperan la naturaleza para unos adultos que han olvidados sus posibilidades (la literatura infantil actual confía en las posibilidades de los niños como “conciencia” de los adultos; véase, por ejemplo, el fantástico álbum ilustrado El jardín curioso de Peter Brown). Así pues, les explicamos el por qué de la jardinería de guerrilla. Se mostraron especialmente consternados cuando les contamos que el terreno elegido para la acción, era un solar abandonado que había sido ocupado por una asociación vecinal para hacer un huerto, pero que el dueño les había echado y había construido una valla infranqueable para evitar futuras intromisiones. “Pues que ponga él un huerto con las plantas que quiera y que los vecinos le ayuden a cuidarlas”, lógica infantil aplastante, pero lejos de la prosaica realidad adulta. Superada la fase de concienciación pasamos a la acción. Empezamos con la elaboración de las bombas de semillas (aquí tenéis cómo hacerlo), pues como el terreno a “ajardinar” tiene una valla inexpugnable solo quedaba la opción de atacar desde fuera.

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Nuestras bombas de semillas llevaban una mezcla de trébol, lavanda y judía, ¿os imagináis qué bonito cuando florezcan? Pero como con la chiquillería el factor nocturno no puede llevarse a cabo, solo quedaba hacerlo a pleno día y a cara descubierta. Así pues, a cara descubierta (aunque sin conseguir el factor “entusiasmante” con otros vecinos porque por allí no pasaba nadie) lanzamos en familia las 30 bombas.

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De eso hace dos semanas, y todavía esperamos que crezcan para poder admirar nuestro jardín. Pero la acción está hecha. Si la semilla no germina en la tierra, seguro que sí lo hace en la cabeza de nuestros “guerrilleros”.

Burrolandia: amigos de los burros

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Más allá del reino de las tres torres, más allá de las tierras de la sabiduría autónoma, más allá del monte mágico de Viñuelas… existe un lugar donde el Burro es el rey. Pero no porque sea una monarquía asnescas, sino más bien una república donde el burro convive en armonía con su pariente noble, el caballo, algunas gallinas, algún cerdo y una vaca Watusi.

Más allá de los cuentos (cualquier acción noble hoy nos lo parece) Burrolandia es una protectora animal aletada por una asociación cultural sin ánimo de lucro, dedicada al cuidado ya la protección de estos simpáticos animales que tantos servicios le han prestado al hombre y que, hoy en día, están en peligro de extinción.

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Todos los domingos abren sus puertas de 10 a 14:30 de forma gratuita para que amantes de los burros acudamos a su granja y disfrutemos de una mañana en la naturaleza en un paraje impresionante de Soto de Viñuelas.

Una vez allí los niños pueden dar paseos en burro, montar en calesa o alimentar a los animales con las cestas de comida que los voluntarios de Burrolandia venden. Estas actividades, junto al merchandising (camisetas, cremas de leche de burra, mochilas, etc.) suponen una de las bases de ingreso para que la Asociación pueda seguir continuando su labor, recogiendo y cuidando a los animales abandonados o maltratados.

Burrolandia cuenta también con un huerto y un chiringuito súper auténtico donde tomarse un piscolabis (ese rico bocadillo de panceta o choricito que sabe tan bien en la naturaleza). Además, es petfriendly así que todos: niños, mayores y mascotas, pueden disfrutar de una preciosa mañana de domingo.

Cabras y quesos en Colmenar Viejo

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Hace unas semanas repetimos con los/as chicos/as de Enclave Medioambiente. Esta vez se trataba de, además de hacer en familia una senda por la cañada del Zahurdón, en el entorno natural de Colmenar Viejo, conocer a Rafa y su proyecto de explotación ecológica de cabras: la finca Suerte Ampanera.

Enclave nos citó en el puente medieval de Colmenar y, ya para empezar, tuvimos el gusto de ver cómo han crecido desde que les conocimos. ¡La convocatoria había tenido tanto éxito que tuvieron que desdoblar la visita en dos fines de semana! El paseo hasta Suerte Ampanera, como siempre, estuvo amenizado por la explicaciones de Dani, nuestro guía de Enclave, que con mucha mano izquierda y simpatía nos embaucó tanto a adultos (lo fácil) como a niños (el “más difícil todavía”).  Dani nos retó a encontrar cinco plantas distintas y, así de paso que los niños ejercían de Sherlock naturalistas, aprendimos la flora del entorno.

Pero lo que de verdad hizo entrar a los niños en éxtasis fueron… ¡las cabras! 1500 cabras que, limpias y brillantes, pastaban a sus anchas por la finca. Impagable el momento en que O, de dos años, agarrando la cara de una de las cabras y mirándola tiernamente a los ojos le dijo: “Carita bonita”.

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Mientras Rafa nos contaba a los  visitantes lo que supone transformar una pequeña granja familiar de apenas 50 cabras en un negocio ecológico y rentable de 1500, las cabras pastaban a nuestro alrededor a sus anchas mientras que los pequeños les daban “aperitivos” entusiasmados.

Lo alucinante no fue solo la paciencia, tolerancia e, incluso, cariño con el que trataron y consintieron a los niños: enseñándoles cómo se ordeña a la cabras o dejándoles coger a los cabritillos.   Lo verdaderamente impresionante, lo que reconcilia con el mundo cuando uno se siente de vez en cuando “de vuelta”, es que haya gente por el mundo que todavía trabaja con unos ideales que están por encima del dinero, que piense en una buena manera de ganarse la vida para los de cerca y para el “ahora”, pero igualmente óptima para todos los demás y para el mañana.

IMG_20160313_134334Y para acabar la visita nos dejaron probar sus quesos y yogures… ¡Ummm, qué ricos! Nos quedamos con ganas de más, así que nos llevamos dos quesos, un yogur y 12 huevos a casa.

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¡Feliz y literario día del padre!

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¡Feliz día a todos los papás! Como en nuestro cole no es tradición hacer manualidades para el día del padre o la madre, toca acometer la tarea en casa. Porque no es de rigor dejar sin “premio” a alguien que está dando el cayo todo el año, ¿o no?  Este año no me ha hecho falta tomar la iniciativa: R ya tenía ideado el “regalo” desde el principio. ¡Un cuento! ¡Como se nota que vive en una casa llena de filologos! Él solito se lo guisó y lo comió. Aquí está su gran creación que, por supuesto, ha hecho las delicias de su papá.

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Si R, pasó su fase en que todo lo dibujaba, ahora está en la fase en que todo lo escribe. Aunque el dibujo, como puede advertirse, sigue acompañando. Lo importante es que, nuestro “genio”, sigue creando, independientemente de la técnica. ¡Feliz día para todos!

 

Taller de habilidades socioemocionales

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Desde hace unos meses las familias de la clase de R (8 años) venimos comentando que los niños se nos están haciendo “mayores”. Entre otras cosas porque “de pronto” son muy conscientes de cuándo los demás invaden su espacio personal y les causan algún daño con algún comentario o conducta que no son de su agrado. Esto es una evolución evidente en su percepción del mundo y en su interacción con él. Notan que algo les agrede y quieren reaccionar ante ello. Antes, estas situaciones eran muy minoritarias; para ello ayuda también la poca memoria que tenemos en los primeros años de nuestra vida para generar rencor o resentimiento, inseguridades adquiridas, etc.

Ahora, sin embargo, este “me han hecho/me han dicho” está de actualidad. Aunque frecuentemente a nosotros, sus padres, nos llegan estos pequeños (y a veces no tan pequeños) malestares porque no han sabido manejar la situación in situ. Síntoma de que, obviamente, estamos en mitad del camino y no en la meta.

Por otro lado, la posición de víctima es solo la mitad del fenómeno. En el otro lado está el “agresor”; un agresor involuntario en gran parte de los casos que, bien por falta de empatía, bien porque no capta el grado de sensibilidad del otro, ni siquiera sabe que está infringiendo un daño. En otros tantos casos, sí comienzan a ser conscientes y es una manera de medir límites y de gestionar liderazgos. Desde luego,también maduran nuestros niños durante la prueba de los límites de la crueldad. Todos lo hemos hecho así,  tanteando. Según nuestros caracteres, nos ha tocado a veces ser un poco más víctima y otras veces un tanto más verdugo. Y en la mayoría de los casos no ha llegado la sangre al río.

Sin embargo, hoy muchos tenemos la idea de que la Educación debe abarcar mucho más que las materias instrumentales (lengua, mates, cono, inglés…). Hay mucho que aprender sobre cómo gestionar nuestras emociones, la empatía, la inteligencia intra e interpersonales y las habilidades socioemocionales y esos aprendizajes pueden mejorar exponencialmente nuestra calidad de vida y la de los que nos rodean. En otros países  ya se están llevando a cabo programas de prevención, por ejemplo, del acoso precisamente con el entrenamiento en estas habilidades de identificar los sentimientos en los demás y obrar en consecuencia a través del fomento de la empatía. El programa finlandés Kiva es un buen ejemplo.

Así pues, propuse a la maestra de la clase de R que me prestara alguna de sus horas para poner un taller de habilidades socioemocionales en marcha con los niños. Aceptó y hay que reconocer por escrito su infinita generosidad y su auténtica vocación por la enseñanza y sus niños. Cederme esas horas es para empezar un acto de confianza en mis posibilidades, y supone que comprende, como tantos, la importancia de la Educación en estas materias. Pero en su caso es especialmente valioso el gesto porque su cesión le acarreará de hecho algunos problemas con su apretada programación. Mi más sincero gracias.

Hace un par de semanas tuvimos nuestra primera sesión. Los niños habían sido avisados de mi visita pero no sabían exactamente qué venía a hacer. Prácticamente todos los años vamos a contarles cuentos (hay que aprovechar el oficio para los nuestros), así que supongo que se sorprendieron cuando entraron en su aula tras el recreo y escucharon que sonaba música y que sobre sus pupitres había corazones de cartulina. IMG_20160217_113917

Nada más entrar muchos ya se colgaron el corazón. Buen pálpito. Les conté que mi visita esta vez era diferente. Que me mandaba el CEIYE (Centro Español de Inteligencia y Espionaje) porque teníamos una misión: muchos adultos no habían aprendido a “comportarse” de niños y ahora solucionaban sus problemas creando guerras o, incluso, se olvidaban de reciclar (impagable la cara que pusieron cuando mencioné esto segundo, ¡no daban crédito!). “Vosotros ahora sois niños”, les dije, “pero dentro de 20 años seréis los futuros presidentes de gobierno, profesores, médicos, enfermeros, cuidadores, panaderos, publicistas, abogados (cada uno iba añadiendo su pretendida profesión futura…) y para entonces vosotros tendréis que resolver algunos problemas que habrán dejado los adultos de hoy por no gestionar bien algunas cosas”.

La llamada de atención a su futura responsabilidad les puso tiesos en las sillas (es increíble las ganas que tienen de comerse el mundo y lo bien que aceptan los cabos que se les tiran). Pasamos a “un ejemplo” concreto para que comprendieran mejor su misión. Ahora sí les conté un cuento: Oliver Button es un nena de Tomie de Paola.

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Una magnífica historia sobre el valor de la diversidad y cómo a veces nos empeñamos en ver defectos donde podemos ver virtudes. La historia me interesaba también porque en ella pueden verse diferentes actitudes ante las injusticias que cometemos sobre los demás. Desde la más pura y cruel acción,  pasando por la simple connivencia (a veces tan perniciosa o más que la acción) hasta la empatía y la oposición a la injusticia.

Cuando acabamos reflexionamos todos juntos sobre la historia. Todos tenían muchas ganas de hablar sobre lo injusto que es meterse con alguien por ser diferente, sobre la diferencia como algo inherente de cada una de nuestras personalidades, sobre la riqueza de esa diferencia. El éxito total de intervenciones sobrevino cuando les pregunté si alguna vez se habían sentido como Oliver, si alguien les había dicho o hecho algo que les hubiera causado malestar. A todos, sin excepción les había pasado, y todos manifestaron haberse sentido fatal. El doble salto mortal supuso preguntarles si ellos alguna vez habían dicho o hecho algo que hubiera herido a alguien. Ahí costó entrar. Hacer examen de conciencia es dificilísimo sobre todo porque hacer daño a otro se olvida al minuto, pero cuando nos lo hacen a nosotros, y a estas edades, nos lo guardamos muy dentro. Sin embargo, algunos valientes empezaron a “confesar” (situaciones que por otro lado eran de lo más inocente) y así se creó un clima de que “la cosa se había hecho pero no se iba a volver a hacer porque ahora sabíamos lo que duele”.  Y si volvían a pasar, ahora todos sabían que debían defender a aquel que estaba sufriendo y no cruzarse de brazos o darle la razón “al abusón”.

Huelga decir que los niños (y yo) hubiéramos necesitado mucho más de tres cuartos de hora para llegar al fondo de la cuestión, pero como primera tentativa lo consideré un éxito.

Ahora que ya sabíamos cómo debíamos comportarnos con los demás, debíamos darnos cuenta también de que, para estar bien con los demás teníamos que estar bien primero con nosotros mismos. Para ello comenzamos dándonos un súper autoabrazo y, de paso, decirnos unas cuantas cosas bonitas. Después, cada uno escribió su nombre en mayúsculas en su corazón de cartulina y enseguida lo pasó por la clase para que los compañeros pudieran escribirle en él alguna de sus virtudes. Claramente esta parte fue la que más disfrutaron. Todos querían escribir en el corazón de todos y cuando acabamos cada uno portaba su pedazo de cartulina en las manos como un auténtico tesoro. Y lo era. Ahora tenían por escrito un montón de palabras que les llenarían de buena energía en los buenos y malos momentos. Ahora sabían que todos sus compañeros (algunos, buenos amigos; otros, tal vez no tanto) les valoraban y les consideraban únicos por algo.

IMG_20160217_123013El clima estaba creado: salieron del aula y muchos seguían lanzándose piropos… Pero como todos los aprendizajes con un día no basta. Si ha tenido su valor ha sido por ser una experiencia en grupo, con los compañeros con los que comparten cada día su tiempo. Esperamos, por eso, que ayude a fortificar las enseñanzas individualizadas que todos los padres les inculcamos desde casa. Y que estos niños nuestros sean más inteligentes que sus predecesores y no caigan en nuestros errores.

Las Herreras: un oasis en la capital

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Las Herreras es una aldea escondida en un valle del lado más occidental de la Comunidad de Madrid. Ubicada en un trocito de tierra madrileña que se aventura en tierras abulenses. Lo curioso es que está más próxima a Navas del Marqués o Peguerinos que a su localidad de referencia madrileña: Santa María de la Alameda. Entre montañas, caballos y vacas nos escapamos la semana pasada esperando el milagro de la nieve.

IMG_20160206_161656Nos acogió La escuela, unas preciosas casitas rurales con unas vistas impresionantes al valle. Después de un primer día tomando contacto con los habitantes de la zona (vacas y caballos) la mañana del domingo nos regaló ¡la primera nevada del año!

IMG_20160207_104603Perfecta para probar el trineo del año pasado e incluso para dar un paseo hasta el río montados en él, oliendo las jaras y el romero a nuestro paso. Y la nieve, es lo que tiene, sirve hasta para ¡practicar la lectoescritura!

IMG_20160207_094819Tras tres horas de intensa relación con la nieve y todas sus posibilidades, nos refugiamos en El Escorial en el restaurante Ronnie’s Family Restaurant (y el apellido “Family” lo lleva con todos los honores, porque incluso cuenta con una amplia zona llena de juguetes para que los niños campen a sus anchas antes y después de la comida). Después, un paseo con los tíos por el bosque de La herrería, por una senda que parte de la silla de Felipe II. El éxito de la excursión51S1VbnS12L._SX333_BO1,204,203,200_ se la debemos, ante todo, al magnífico libro de Javier Zarzuela, Excursiones para niños por la sierra de Madrid. Escrito por un padre, maestro y experto en ecología infantil, que sabe que para que los planes con niños salgan bien hay que dejar poco margen a la sorpresa. Las rutas que plantea están fijadas por edades, marca los tipos de carrito que son aptos para cada una, el tiempo que se tarda en recorrerlas (a paso de niño), las estaciones más idóneas para cada excursión, además de un montón de información sobre la zona y sobre posibles actividades y juegos que hacer con los niños durante el paseo. En resumen, todas las contingencias posibles están cubiertas y a los “excursionistas” solo les queda disfrutar.

En nuestro caso, el paseo por el bosque de La herrería fue un éxito (a pesar del frío).

IMG_20160207_165911Nuestras fierecillas trotaron por los caminos y escalaron las rocas inmersos en sus aventuras.

A la mañana siguiente tocaba volver a la ciudad, pero pudimos permitirnos una parada en el embalse de Valmayor, para disfrutar de otra de las rutas propuestas por Javier Zarzuela. Nos despedimos de nuestra escapada a la naturaleza tirando piedras al embalse mientras que observábamos a las gaviotas. ¿Quién puede pedir más?

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