Taller de habilidades socioemocionales (II)

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Y unos meses después (pasadas las temibles evaluaciones de 3º de Primaria) por fin pudimos poner en marcha la segunda parte del taller de habilidades socioemocionales con la clase de R (8 años).

Esta vez en el patio y con música, pusimos en práctica una serie de juegos, basados sobre todo en la dramatización y el juego dramático, para fomentar la empatía, el valor de las diferencias y el compañerismo.

Este fue nuestro planning:

  1. Intro: Sentados en corro hablamos de “nuestra misión” y qué cambios han notado desde la última vez que nos vimos. ¿Han pensado en Oliver Button? Recordamos su historia.
  2. Relajación: tumbados en el suelo, respiramos, nos fundimos con el suelo, echamos raíces, somos un árbol. Cuando estamos relajados pensamos en un momento feliz con alguien de la clase o con la clase entera. Nos imaginamos exactamente lo que pasó: el primer día que nos vimos, cuando alguien me prestó algo que me hizo mucha ilusión, etc. .
  3. Breve asamblea: ¿en qué hemos pensado? La clase, según se vio, está llena de buenos momentos. Especialmente divertidas parecen los chistes del profe de inglés que, en general es “muy serio”.
  4. Presentaciones: cada uno piensa algo bueno de sí mismo, y se presenta. “Yo soy Alicia y soy alegre” todos lo repiten como si fueran un presentador de la televisión. Aplaudimos. La actividad fue mágica. Se notó un subidón de energía.
  5. El espejo: para ayudarnos tenemos que saber cómo nos sentimos. Pequeña ejemplificación de caras según las emociones. Recordamos que, no obstante, no siempre están tan claras.. Por parejas, uno va haciendo gestos con la cara para expresar emociones y el otro tiene que identificarlas y ponerlas. Cambio y pequeña conversación entre parejas. Puesta en común. Conclusión: cuando la emoción no se fuerza como en el teatro para ejemplificarla, no siempre es fácil detectar cómo se sienten los demás. Hay que estar atentos para reaccionar…
  6. Nos imitamos al andar: salen unos voluntarios y analizamos su forma de andar: ¿a qué se parece? ¿qué nos gusta de ella? Nos vamos uniendo hasta que todo el mundo sigue a alguien con la consigna de que nadie marca cuando sale el siguiente pero todos los compañeros que han comenzado a andar tienen que ser seguidos por el mismo número de personas. movimiento
  7. El abrazo: nos movemos por el espacio  (como gigantes, como bebés, como ancianos, como Caperucita, como el lobo…) y cuando la música pare nos abrazamos según marque: de 1, 2, de 3, de 4, hasta acabar en un abrazo colectivo.abrazo
  8. El pasillo: creando un pasillo con las piernas entrelazadas,  un compañero debe pasar entre las piernas de los demás. Primero los niños no deben ayudar al “paseante”; en una segunda ronda sí pondrán de su parte para que pueda atravesar el pasillo. Una manera eficaz de experienciar la cooperaciónpasillo
  9. Improvisaciones: Un niño quita a otro algo que es suyo, un grupo no deja jugar a un niño, un grupo discute porque todos quieren hacer un trabajo a su manera. ¿Cómo arreglamos la situación? Los demás, por grupos, opinan sobre cómo reconstruir la escena o intervienen en ella. La escena vuelve a representarse ahora con la solución propuesta.

Nos divertimos todos mucho, desde luego. Y esperamos que del fondo de los juegos algo quedara como poso para las situaciones de cooperación y socialización que les saldrán al paso.

Jardinería de guerrilla

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“La agricultura de guerrilla es un término usado para describir el cultivo no autorizado de especies vegetales en terrenos baldíos públicos o privados. Para algunos de los que la practican, la agricultura de guerrilla es una manifestación política sobre los derechos de tierra; para otros, se trata principalmente de una oportunidad de embellecer y mejorar terrenos baldíos o sobrepoblados. La agricultura de guerrilla puede realizarse a través de misiones nocturnas secretas, o de manera abierta, en un intento por entusiasmar a otras personas en la idea de mejorar la comunidad”. [http://es.wikihow.com/hacer-agricultura-de-guerrilla].

Y esto… ¿puede hacerse con niños? ¡Pues claro! Ellos estuvieron encantados de colaborar en una acción tan gamberra pero con tanto sentido. No en vano les es muy familiar la historia de los niños jardineros que recuperan la naturaleza para unos adultos que han olvidados sus posibilidades (la literatura infantil actual confía en las posibilidades de los niños como “conciencia” de los adultos; véase, por ejemplo, el fantástico álbum ilustrado El jardín curioso de Peter Brown). Así pues, les explicamos el por qué de la jardinería de guerrilla. Se mostraron especialmente consternados cuando les contamos que el terreno elegido para la acción, era un solar abandonado que había sido ocupado por una asociación vecinal para hacer un huerto, pero que el dueño les había echado y había construido una valla infranqueable para evitar futuras intromisiones. “Pues que ponga él un huerto con las plantas que quiera y que los vecinos le ayuden a cuidarlas”, lógica infantil aplastante, pero lejos de la prosaica realidad adulta. Superada la fase de concienciación pasamos a la acción. Empezamos con la elaboración de las bombas de semillas (aquí tenéis cómo hacerlo), pues como el terreno a “ajardinar” tiene una valla inexpugnable solo quedaba la opción de atacar desde fuera.

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Nuestras bombas de semillas llevaban una mezcla de trébol, lavanda y judía, ¿os imagináis qué bonito cuando florezcan? Pero como con la chiquillería el factor nocturno no puede llevarse a cabo, solo quedaba hacerlo a pleno día y a cara descubierta. Así pues, a cara descubierta (aunque sin conseguir el factor “entusiasmante” con otros vecinos porque por allí no pasaba nadie) lanzamos en familia las 30 bombas.

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De eso hace dos semanas, y todavía esperamos que crezcan para poder admirar nuestro jardín. Pero la acción está hecha. Si la semilla no germina en la tierra, seguro que sí lo hace en la cabeza de nuestros “guerrilleros”.

Burrolandia: amigos de los burros

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Más allá del reino de las tres torres, más allá de las tierras de la sabiduría autónoma, más allá del monte mágico de Viñuelas… existe un lugar donde el Burro es el rey. Pero no porque sea una monarquía asnescas, sino más bien una república donde el burro convive en armonía con su pariente noble, el caballo, algunas gallinas, algún cerdo y una vaca Watusi.

Más allá de los cuentos (cualquier acción noble hoy nos lo parece) Burrolandia es una protectora animal aletada por una asociación cultural sin ánimo de lucro, dedicada al cuidado ya la protección de estos simpáticos animales que tantos servicios le han prestado al hombre y que, hoy en día, están en peligro de extinción.

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Todos los domingos abren sus puertas de 10 a 14:30 de forma gratuita para que amantes de los burros acudamos a su granja y disfrutemos de una mañana en la naturaleza en un paraje impresionante de Soto de Viñuelas.

Una vez allí los niños pueden dar paseos en burro, montar en calesa o alimentar a los animales con las cestas de comida que los voluntarios de Burrolandia venden. Estas actividades, junto al merchandising (camisetas, cremas de leche de burra, mochilas, etc.) suponen una de las bases de ingreso para que la Asociación pueda seguir continuando su labor, recogiendo y cuidando a los animales abandonados o maltratados.

Burrolandia cuenta también con un huerto y un chiringuito súper auténtico donde tomarse un piscolabis (ese rico bocadillo de panceta o choricito que sabe tan bien en la naturaleza). Además, es petfriendly así que todos: niños, mayores y mascotas, pueden disfrutar de una preciosa mañana de domingo.

Cabras y quesos en Colmenar Viejo

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Hace unas semanas repetimos con los/as chicos/as de Enclave Medioambiente. Esta vez se trataba de, además de hacer en familia una senda por la cañada del Zahurdón, en el entorno natural de Colmenar Viejo, conocer a Rafa y su proyecto de explotación ecológica de cabras: la finca Suerte Ampanera.

Enclave nos citó en el puente medieval de Colmenar y, ya para empezar, tuvimos el gusto de ver cómo han crecido desde que les conocimos. ¡La convocatoria había tenido tanto éxito que tuvieron que desdoblar la visita en dos fines de semana! El paseo hasta Suerte Ampanera, como siempre, estuvo amenizado por la explicaciones de Dani, nuestro guía de Enclave, que con mucha mano izquierda y simpatía nos embaucó tanto a adultos (lo fácil) como a niños (el “más difícil todavía”).  Dani nos retó a encontrar cinco plantas distintas y, así de paso que los niños ejercían de Sherlock naturalistas, aprendimos la flora del entorno.

Pero lo que de verdad hizo entrar a los niños en éxtasis fueron… ¡las cabras! 1500 cabras que, limpias y brillantes, pastaban a sus anchas por la finca. Impagable el momento en que O, de dos años, agarrando la cara de una de las cabras y mirándola tiernamente a los ojos le dijo: “Carita bonita”.

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Mientras Rafa nos contaba a los  visitantes lo que supone transformar una pequeña granja familiar de apenas 50 cabras en un negocio ecológico y rentable de 1500, las cabras pastaban a nuestro alrededor a sus anchas mientras que los pequeños les daban “aperitivos” entusiasmados.

Lo alucinante no fue solo la paciencia, tolerancia e, incluso, cariño con el que trataron y consintieron a los niños: enseñándoles cómo se ordeña a la cabras o dejándoles coger a los cabritillos.   Lo verdaderamente impresionante, lo que reconcilia con el mundo cuando uno se siente de vez en cuando “de vuelta”, es que haya gente por el mundo que todavía trabaja con unos ideales que están por encima del dinero, que piense en una buena manera de ganarse la vida para los de cerca y para el “ahora”, pero igualmente óptima para todos los demás y para el mañana.

IMG_20160313_134334Y para acabar la visita nos dejaron probar sus quesos y yogures… ¡Ummm, qué ricos! Nos quedamos con ganas de más, así que nos llevamos dos quesos, un yogur y 12 huevos a casa.

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¡Feliz y literario día del padre!

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¡Feliz día a todos los papás! Como en nuestro cole no es tradición hacer manualidades para el día del padre o la madre, toca acometer la tarea en casa. Porque no es de rigor dejar sin “premio” a alguien que está dando el cayo todo el año, ¿o no?  Este año no me ha hecho falta tomar la iniciativa: R ya tenía ideado el “regalo” desde el principio. ¡Un cuento! ¡Como se nota que vive en una casa llena de filologos! Él solito se lo guisó y lo comió. Aquí está su gran creación que, por supuesto, ha hecho las delicias de su papá.

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Si R, pasó su fase en que todo lo dibujaba, ahora está en la fase en que todo lo escribe. Aunque el dibujo, como puede advertirse, sigue acompañando. Lo importante es que, nuestro “genio”, sigue creando, independientemente de la técnica. ¡Feliz día para todos!

 

Taller de habilidades socioemocionales

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Desde hace unos meses las familias de la clase de R (8 años) venimos comentando que los niños se nos están haciendo “mayores”. Entre otras cosas porque “de pronto” son muy conscientes de cuándo los demás invaden su espacio personal y les causan algún daño con algún comentario o conducta que no son de su agrado. Esto es una evolución evidente en su percepción del mundo y en su interacción con él. Notan que algo les agrede y quieren reaccionar ante ello. Antes, estas situaciones eran muy minoritarias; para ello ayuda también la poca memoria que tenemos en los primeros años de nuestra vida para generar rencor o resentimiento, inseguridades adquiridas, etc.

Ahora, sin embargo, este “me han hecho/me han dicho” está de actualidad. Aunque frecuentemente a nosotros, sus padres, nos llegan estos pequeños (y a veces no tan pequeños) malestares porque no han sabido manejar la situación in situ. Síntoma de que, obviamente, estamos en mitad del camino y no en la meta.

Por otro lado, la posición de víctima es solo la mitad del fenómeno. En el otro lado está el “agresor”; un agresor involuntario en gran parte de los casos que, bien por falta de empatía, bien porque no capta el grado de sensibilidad del otro, ni siquiera sabe que está infringiendo un daño. En otros tantos casos, sí comienzan a ser conscientes y es una manera de medir límites y de gestionar liderazgos. Desde luego,también maduran nuestros niños durante la prueba de los límites de la crueldad. Todos lo hemos hecho así,  tanteando. Según nuestros caracteres, nos ha tocado a veces ser un poco más víctima y otras veces un tanto más verdugo. Y en la mayoría de los casos no ha llegado la sangre al río.

Sin embargo, hoy muchos tenemos la idea de que la Educación debe abarcar mucho más que las materias instrumentales (lengua, mates, cono, inglés…). Hay mucho que aprender sobre cómo gestionar nuestras emociones, la empatía, la inteligencia intra e interpersonales y las habilidades socioemocionales y esos aprendizajes pueden mejorar exponencialmente nuestra calidad de vida y la de los que nos rodean. En otros países  ya se están llevando a cabo programas de prevención, por ejemplo, del acoso precisamente con el entrenamiento en estas habilidades de identificar los sentimientos en los demás y obrar en consecuencia a través del fomento de la empatía. El programa finlandés Kiva es un buen ejemplo.

Así pues, propuse a la maestra de la clase de R que me prestara alguna de sus horas para poner un taller de habilidades socioemocionales en marcha con los niños. Aceptó y hay que reconocer por escrito su infinita generosidad y su auténtica vocación por la enseñanza y sus niños. Cederme esas horas es para empezar un acto de confianza en mis posibilidades, y supone que comprende, como tantos, la importancia de la Educación en estas materias. Pero en su caso es especialmente valioso el gesto porque su cesión le acarreará de hecho algunos problemas con su apretada programación. Mi más sincero gracias.

Hace un par de semanas tuvimos nuestra primera sesión. Los niños habían sido avisados de mi visita pero no sabían exactamente qué venía a hacer. Prácticamente todos los años vamos a contarles cuentos (hay que aprovechar el oficio para los nuestros), así que supongo que se sorprendieron cuando entraron en su aula tras el recreo y escucharon que sonaba música y que sobre sus pupitres había corazones de cartulina. IMG_20160217_113917

Nada más entrar muchos ya se colgaron el corazón. Buen pálpito. Les conté que mi visita esta vez era diferente. Que me mandaba el CEIYE (Centro Español de Inteligencia y Espionaje) porque teníamos una misión: muchos adultos no habían aprendido a “comportarse” de niños y ahora solucionaban sus problemas creando guerras o, incluso, se olvidaban de reciclar (impagable la cara que pusieron cuando mencioné esto segundo, ¡no daban crédito!). “Vosotros ahora sois niños”, les dije, “pero dentro de 20 años seréis los futuros presidentes de gobierno, profesores, médicos, enfermeros, cuidadores, panaderos, publicistas, abogados (cada uno iba añadiendo su pretendida profesión futura…) y para entonces vosotros tendréis que resolver algunos problemas que habrán dejado los adultos de hoy por no gestionar bien algunas cosas”.

La llamada de atención a su futura responsabilidad les puso tiesos en las sillas (es increíble las ganas que tienen de comerse el mundo y lo bien que aceptan los cabos que se les tiran). Pasamos a “un ejemplo” concreto para que comprendieran mejor su misión. Ahora sí les conté un cuento: Oliver Button es un nena de Tomie de Paola.

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Una magnífica historia sobre el valor de la diversidad y cómo a veces nos empeñamos en ver defectos donde podemos ver virtudes. La historia me interesaba también porque en ella pueden verse diferentes actitudes ante las injusticias que cometemos sobre los demás. Desde la más pura y cruel acción,  pasando por la simple connivencia (a veces tan perniciosa o más que la acción) hasta la empatía y la oposición a la injusticia.

Cuando acabamos reflexionamos todos juntos sobre la historia. Todos tenían muchas ganas de hablar sobre lo injusto que es meterse con alguien por ser diferente, sobre la diferencia como algo inherente de cada una de nuestras personalidades, sobre la riqueza de esa diferencia. El éxito total de intervenciones sobrevino cuando les pregunté si alguna vez se habían sentido como Oliver, si alguien les había dicho o hecho algo que les hubiera causado malestar. A todos, sin excepción les había pasado, y todos manifestaron haberse sentido fatal. El doble salto mortal supuso preguntarles si ellos alguna vez habían dicho o hecho algo que hubiera herido a alguien. Ahí costó entrar. Hacer examen de conciencia es dificilísimo sobre todo porque hacer daño a otro se olvida al minuto, pero cuando nos lo hacen a nosotros, y a estas edades, nos lo guardamos muy dentro. Sin embargo, algunos valientes empezaron a “confesar” (situaciones que por otro lado eran de lo más inocente) y así se creó un clima de que “la cosa se había hecho pero no se iba a volver a hacer porque ahora sabíamos lo que duele”.  Y si volvían a pasar, ahora todos sabían que debían defender a aquel que estaba sufriendo y no cruzarse de brazos o darle la razón “al abusón”.

Huelga decir que los niños (y yo) hubiéramos necesitado mucho más de tres cuartos de hora para llegar al fondo de la cuestión, pero como primera tentativa lo consideré un éxito.

Ahora que ya sabíamos cómo debíamos comportarnos con los demás, debíamos darnos cuenta también de que, para estar bien con los demás teníamos que estar bien primero con nosotros mismos. Para ello comenzamos dándonos un súper autoabrazo y, de paso, decirnos unas cuantas cosas bonitas. Después, cada uno escribió su nombre en mayúsculas en su corazón de cartulina y enseguida lo pasó por la clase para que los compañeros pudieran escribirle en él alguna de sus virtudes. Claramente esta parte fue la que más disfrutaron. Todos querían escribir en el corazón de todos y cuando acabamos cada uno portaba su pedazo de cartulina en las manos como un auténtico tesoro. Y lo era. Ahora tenían por escrito un montón de palabras que les llenarían de buena energía en los buenos y malos momentos. Ahora sabían que todos sus compañeros (algunos, buenos amigos; otros, tal vez no tanto) les valoraban y les consideraban únicos por algo.

IMG_20160217_123013El clima estaba creado: salieron del aula y muchos seguían lanzándose piropos… Pero como todos los aprendizajes con un día no basta. Si ha tenido su valor ha sido por ser una experiencia en grupo, con los compañeros con los que comparten cada día su tiempo. Esperamos, por eso, que ayude a fortificar las enseñanzas individualizadas que todos los padres les inculcamos desde casa. Y que estos niños nuestros sean más inteligentes que sus predecesores y no caigan en nuestros errores.

Las Herreras: un oasis en la capital

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Las Herreras es una aldea escondida en un valle del lado más occidental de la Comunidad de Madrid. Ubicada en un trocito de tierra madrileña que se aventura en tierras abulenses. Lo curioso es que está más próxima a Navas del Marqués o Peguerinos que a su localidad de referencia madrileña: Santa María de la Alameda. Entre montañas, caballos y vacas nos escapamos la semana pasada esperando el milagro de la nieve.

IMG_20160206_161656Nos acogió La escuela, unas preciosas casitas rurales con unas vistas impresionantes al valle. Después de un primer día tomando contacto con los habitantes de la zona (vacas y caballos) la mañana del domingo nos regaló ¡la primera nevada del año!

IMG_20160207_104603Perfecta para probar el trineo del año pasado e incluso para dar un paseo hasta el río montados en él, oliendo las jaras y el romero a nuestro paso. Y la nieve, es lo que tiene, sirve hasta para ¡practicar la lectoescritura!

IMG_20160207_094819Tras tres horas de intensa relación con la nieve y todas sus posibilidades, nos refugiamos en El Escorial en el restaurante Ronnie’s Family Restaurant (y el apellido “Family” lo lleva con todos los honores, porque incluso cuenta con una amplia zona llena de juguetes para que los niños campen a sus anchas antes y después de la comida). Después, un paseo con los tíos por el bosque de La herrería, por una senda que parte de la silla de Felipe II. El éxito de la excursión51S1VbnS12L._SX333_BO1,204,203,200_ se la debemos, ante todo, al magnífico libro de Javier Zarzuela, Excursiones para niños por la sierra de Madrid. Escrito por un padre, maestro y experto en ecología infantil, que sabe que para que los planes con niños salgan bien hay que dejar poco margen a la sorpresa. Las rutas que plantea están fijadas por edades, marca los tipos de carrito que son aptos para cada una, el tiempo que se tarda en recorrerlas (a paso de niño), las estaciones más idóneas para cada excursión, además de un montón de información sobre la zona y sobre posibles actividades y juegos que hacer con los niños durante el paseo. En resumen, todas las contingencias posibles están cubiertas y a los “excursionistas” solo les queda disfrutar.

En nuestro caso, el paseo por el bosque de La herrería fue un éxito (a pesar del frío).

IMG_20160207_165911Nuestras fierecillas trotaron por los caminos y escalaron las rocas inmersos en sus aventuras.

A la mañana siguiente tocaba volver a la ciudad, pero pudimos permitirnos una parada en el embalse de Valmayor, para disfrutar de otra de las rutas propuestas por Javier Zarzuela. Nos despedimos de nuestra escapada a la naturaleza tirando piedras al embalse mientras que observábamos a las gaviotas. ¿Quién puede pedir más?

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Juegos tradicionales, de toda y para toda la vida

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Que la mayoría de lo que sucede entre los niños (bueno y malo) en un colegio se cuece en el patio, es de común conocimiento. Es su espacio de libertad donde “ensayan” ser mayores y ponen en práctica los modelos que observan. También es su momento de autonomía, de elegir qué hacer con su tiempo y, a veces, aunque parezca mentira, se encuentran con que no saben qué hacer. El repertorio de juegos que les viene a la cabeza a los chicos (género en el que ahora mismo me muevo con más soltura) está, frecuentemente, limitado a algún deporte (de cuyo nombre no quiero acordarme) y a un repertorio más bien escaso de juegos en grupo tipo el rescate o polis y cacos.

¿Recordáis a qué jugábamos nosotros, los padres de estos niños que ahora con frecuencia se aburren u obsesionan solo con un par de juegos? No voy a jugar la carta de “cualquier tiempo pasado fue mejor” porque es mentira. Pero lo que sí es cierto es que antes sabíamos y practicábamos más juegos. Había fútbol, sí, y había goma y comba, pero también había “un, dos tres, el escondite inglés”, “en la calle 24”, la rayuela, “Antón Pirulero”, las chapas, las canicas, las tabas, “Don Federico”, “En la calle de Alcalá”, La gallinita ciega, La zapatilla por detrás, El milano, Sangre, y un larguísimo etcétera.

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Todos nos sabíamos (aunque cada uno con su versión) las canciones que acompañaban estos juegos. Todos aprendimos nuestros primeros modelos poéticos con ellos, todos transgredimos normas y límites que no podíamos permitirnos en la realidad con sus canciones (una de sus características es romper con lo “políticamente correcto”; y si no que se lo pregunten al gato de la calle 24), todos disfrutamos con la colectividad y el compañerismo que necesitaban esos juegos (pocas veces fomentaban la rivalidad). Y, sin embargo, no hemos sabido (o los tiempos no nos han ayudado) transmitir hasta cuajar toda esa valiosísima tradición en nuestros niños. No importa. No se lleven las manos a la cabeza. ¡Aún estamos a tiempo!

Refresquemos primero en nuestras memorias todo ese caudal de tradición y ayudemos después a las escuelas a transmitirlo y fomentarlo en nuestros niños. Para ello nos pueden ayudar libros como Cada cual atienda su juego de Ana Pelegrín (Madrid: Anaya, 2008).

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Ahí va un resumen de las ideas y juegos que propone Pelegrín. Disfrutemos nosotros mismos con el revival que nos supondrá su lectura y transmitamos este tesoro de tradición a nuestros niños. No solo les otorgará un pasaporte para la diversión con muchas más alternativas de juego, sino que les conectará directamente con su cultura y sus ancestros.

  1. Dichos y juegos de los primeros años
  • Retahílas/dichos para mover las manos: “Cinco lobitos”.
  • Balanceos, galopes en las rodillas: “Aserrín, aserrán…”.
  • Enseñarles a andar, saltar: “Anda, niño, anda / que Dios te lo manda”.
  • De cosquillas, risas: “Por aquí pan. / Por aquí miel. / Por allí / las cosquillitas de San Miguel”.
  • De curar: “Cura sana, / culito de rana, / si no se cura hoy, / se curará mañana”.
  • Conjuros-invocaciones: “Sol, solecito, / caliéntame un poquito…”

2. Juegos, rimas, retahílas

Juegos de acción y motricidad

  • Movilidad inmovilidad: “Al escondite inglés / sin mover las manos ni los pies”.
  • De tiento (a ciegas): “La gallinita ciega”.
  • Saltos: “Desde chiquitita me quedé / algo resentida de este pie…”.
  • Escondite y persecución: “La zapatilla por detrás”.
  • Otros: girar, balanceo entre dos, etc.

Juegos con objetos

  • Piedrecillas, huesos, hilos: “¿Jugamos a las amoras? / Que en el suelo caigan todas”.
  • Canicas, bolos, palos, chapas
  • Pelota, trompo, etc.: “A la una, mi aceituna. / A las dos, mi reloj…”.
  • Otros

Retahílas de sorteo: “En un café / se rifa un pez…”.

Juegos rítmicos

  • Manos/palmas-botando pelotas: “En la calle 24”.
  • Cantarcillos de comba: “Al pasar la barca”
  • Columpio: “Debajo del puente / había un penitente…”.
  • De corro: con movimiento (“Al corro de la patata”), formando pasacalles (“Soy capitán de un barco inglés”), pasillos, arcos (“Por la puerta de Alcalá”), con mímica, escenificados (“Al corro chirimbolo”), etc.

Portavelas navideños: nueva luz para el año nuevo

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Seguimos en clave navideña. Como todos los años toca hacer una manualidad con reciclaje para el colegio; y el motivo tiene que ser navideño, of course. 2015 es la navidad de los cambios y a los cambios los tiene que acompañar una buena luz que guíe la nueva senda. ¡Por eso nos decidimos por unos portavelas navideños en forma de estrella!

Primero teníamos que dibujar la estrella en papel (¡con muchas puntas!) para formar nuestra plantilla y pasarla al descubrimiento de este año, ¡el cartón pluma! Tan duro como un contrachapado, pero bastante más fácil de cortar.

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Después de recortar la estrella (y asomarnos a sus profundidades) pegamos un trozo de rollo de papel higiénico justo en el centro, que sería la base de nuestro portavelas.  Siguiente paso: pintarla con el spray plateado…  Se puede hacer con témpera normal o cualquier otro tipo de pintura, pero entonces os perderíais la experiencia… ¡sentirse como el hombre de hojalata de El mago de Oz!  (aun así, recomiendo ponerse guantes para este punto concreto de la operación).

Tras el secado (unos 45 minutos, que aprovechamos para mirar al horizonte), la parte más creativa y personal: el adornado con nuestros queridos lápices de purpurina.

Colocamos la velita de té en el centro y… Así de bonitas y esperanzadas quedaron nuestras estrellas. ¡Esperamos que iluminen los últimos pasos del 2015 y, como poco, los primeros del 2016 que tantos cambios nos augura!

 

Lectoescritura con sentido: practicando con los Reyes Magos

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Sí, es un poco pronto para ponerse con estos menesteres, pero como ya se sabe, en los asuntos infantiles hay que trabajar a demanda. A está comenzando en el cole a trastear con la lectoescritura y, además, tiene la motivación de ver a su hermano mayor, R. Así todo va más rápido claro. También cogerle el tranquillo al asunto de los RRMM hace que cada año empecemos antes con ello, así que… ¿por qué no hacer casar ambos intereses? Comenzamos ojeando catálogos de juguetes con A y O (R no necesita ver catálogos; ya tienen clarísimo qué va a pedir) y fijándonos en cómo se escribe cada nombre. Cuando ya ha rodeado lo que quiere, ¡comenzamos con la escritura! Se atreve sin que le digan nada con su propio nombre, pero admite sugerencias sobre cómo debe comenzar una carta, lo que nos sirve para hablar sobre las convenciones de la escritura epistolar.

A escribiendoDespués  del “Queridos Reyes Magos: ” seguimos añadiendo palabras. Cada vez le es más sencillo identificar los sonidos y su equivalencia con las letras (ya se las sabe casi todas). Esto técnicamente se llama “conciencia fonológica”. Así que vamos poco a poco descomponiendo las palabras por sonidos, para que vaya tomando conciencia de cómo se construyen. Se nota que le cuesta, pero es un reto que no le cansa, le estimula. Al final, ¡sea atreve hasta con el sobre!

carta de AO, claro, se deja querer, y solo aporta su nombre (escrito entre las dos) en la carta. R, por supuesto, no se conforma con una carta y les escribe también un cómic (vaya a ser que los RRMM se piense que este año ha “trabajado” poco).

carta de RAl día siguiente, echamos la carta al buzón…  ¡Cuánto hemos practicado sin darnos cuenta! ¡Ha sido tan útil el esfuerzo! ¡Ya estamos listos para esperar los regalos!