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Urban art: coloreando la ciudad con tizas

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Seguimos con nuestros planes de verano, pero esta vez en exteriores. Muchas veces no podemos permitirnos sacarles más allá del parque. Pero ese sitio tan idílico del que siendo pequeñines nunca se cansan, se vuelve otra jaula cuando son un poco más mayores. “¿Otra vez al parque?”, me preguntaba R con voz cansina cada día  que bajábamos. La alarma saltó enseguida: hay que reinventarse, buscar un aliciente para que el parque vuelva a ser apetecible. Probamos primero con un clásico que nunca muere: los globos de agua.DSCN0544

 Después recuperamos otro clásico más olvidado: las chapas. Sacarlas en el parque, hacer el recorrido en la arena y tener un corrillo de niños alrededor fue todo uno.

Imagen0166Pero lo que de verdad ha triunfado es el concepto inventado por G (siempre tan chic): urban art. En profano: colorear la ciudad con tizas. Es como esos socorridos manteles de papel que te ponen en los restaurantes en los que los niños se entretienen dibujando, pero con la ventaja de que cualquier rincón de la ciudad (y del campo) valen y además permanecen, decoran e, incluso, significan. Vamos, un graffiti infantil que puede ir de lo más instintivo y ornamental a  lo más reivindicativo y chocante.  Desde que lo “inventamos” hemos ido dejando nuestra huella en todas partes. Es tan sencillo como llevar siempre las tizas encima (a poder ser de colores, que dan más juego) y aprovechar la “orografía” de la ciudad y la naturaleza. Vale cualquier cosa. Árboles:

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A partir de este árbol se entra en Mordor…

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Este árbol no nos quitaba ojo

Imagen0171 O el suelo:

Así empezamos...

Así empezamos…

Y así acabó la cosa

Y así acabó la cosa

Con un poco de imaginación todo se transforma en otra cosa:

¿Un poco de sandía?

¿Un poco de sandía?

Además, todo tiene la ventaja añadida de que con un poco de agua se va. Nadie se enfada y todos disfrutan. ¿Os atrevéis con esta propuesta de urban art? Esperamos encontrarnos vuestros dibujos por la ciudad.

(Casi) Arte: la creatividad infantil entre el cielo y el suelo

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 Estaba a punto de gritarle, pero enmudeció cuando vio la habitación de Marisol. Se quedó atónito mirando aquella exposición [con todos sus dcasiibujos].

-Este es uno de mis favoritos – señaló Marisol.

– Pretendía ser un jarrón con flores, – dijo Ramón – aunque no lo parezca.

-Bueno, ¡parece un CASI-jarrón!- exclamó ella.

– ¿Un CASI-jarrón?

Ramón se acercó aún más.

Miró con atención todos los dibujos que había en la pared y comenzó a verlos de una manera completamente nueva.

– CASI… son- dijo.

Ramón se sintió inspirado y con fuerza. Al permitirse el CASI, las ideas le fluían libremente. Comenzó a dibujar lo que sentía, sin penar, con trazo seguro. Y sin preocuparse.

Ramón comenzó, de nuevo, a dibujar lo que veía a su alrededor. Haciendo CASI-dibujos se sentía maravillosamente bien. Dibujó cuadernos enteros. Un CASI-árbol. Una CASI-casa. Un casi-barco. Un CASI-atardecer. Un CASI-pez. Un CASI-sol.

Casi, Peter Reynolds

En casa no hemos pasado todavía ningún “bloqueo creativo” como el de Ramón, precisamente quizás porque Ramón ha estado “presente” en nuestras vidas desde muy pronto. Ramón, su “padre” Peter Reynols y también otros personajes de sus libros como Vashti de El punto. Todos trabajando en conjunto para fomentar la creatividad de los niños, para luchar contra los tiempos que nos dicen que el arte, la música, la literatura no son útiles, no sirven para nada, nos condenarán al hambre si nos dedicamos en cuerpo y alma a ellos… En fin, creo que la “letanía” es conocida por todos.

Pero olvidamos algo que también nos recuerda Peter Reynolds en la última frase de su libro…

“Ramón se sintió casi-feliz…”

Ken Robison dijo lo mismo con otras palabras:  “descubrir tu pasión lo cambia todo“. Te realiza como persona, equilibra tus emociones y mejora tu vida en muchos otros aspectos. Se conviertan o no en tu profesión, Robinson propugna que debemos ser fieles a estos impulsos creativos que pertenecen propiamente a nuestra condición humana. Es decir, no escuchándolos negamos en parte esta condición.

Eso sí… Siempre manteniéndonos en un virtuoso equilibrio entre la practicidad que nos demanda la sociedad y los tiempos y nuestros propios impulsos y deseos, que nunca están sujetos a leyes o raciocinios. Lo cual no es nada sencillo para el propio adulto cuanto menos cuando lo que está en “juego” son los niños y su percepción de la realidad y el futuro.

Indudablemente nuestros hijos sienten pasión por el dibujo. Así que invierten gran parte de su tiempo en este casi-arte. Para ellos no es una cuestión de elección, es casi como respirar: lo necesitan. Aún no están sometidos (del todo) a las reglas del mundo adulto así que se entregan a ello sin complejos ni culpabilidad. Es lo “normal” (si es que algo puede ajustarse del todo a esa palabra).

Nuestro papel es complicado: tolerar, conducir y fomentar este impulso creativo (incluso en contra de nuestro impulso racional) al mismo tiempo que “ponerles un poco los pies en el suelo” en todo lo que respecta a sus subsistencia (comer, dormir, aprender…).

Por supuesto, también para nosotros es más fácil (y agradecido) fomentar su casi-arte que tirar de ellos para abajo… Pero en eso consiste el “oficio” de padre…

Aquí está su última exposición:

casi arte de R

Casi-arte de R

casi arte de A

Casi-arte de A

 Pensándolo bien, no se está mal así… Entre el cielo y el suelo… porque como dijo Aristóteles: la virtud siempre está en el justo medio.

El artístico placer de mancharse

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El domingo pasado dejé que los niños experimentasen a su gusto con la tempera. Ya lo habíamos hecho otras veces bajo mi supervisión, pero esta vez les coloqué los babis, abrí los botes de pintura y desaparecí de la habitación.

Comenzaron, como era de esperar, muy formales con sus pinceles y sus folios: R con sus fantásticas composiciones (tiene un talento especial para la pintura) y A con sus abstracciones “rayísticas”. Enseguida se vieron tentados a pintar con las manos (estampaciones de dedos y manos, surcos con las uñas en la pintura, etc.) y cuando entré por tercera vez en habitación la pintura había desaparecido de los botes: mis hijos se habían pasado al body-painting. Había pintura por todas partes y sobre todo, como era de esperar, sobre ellos mismos. R eligió el rojo y se pintó uniformemente los dos brazos hasta la axila; R mezclo rojo con azul y se coloreó la piel de un bonito tono morado. Fue una experiencia para ellos no solo pintar y mezclar colores sino verse ellos mismos transformados con “otro tono”.

No creo que sea difícil para ninguno imaginar su disfrute. Valió la pena la panzada de limpieza y duchas posteriores que G y yo tuvimos que darnos. El truco, para limpiar con paciencia, es montar el tinglado justo antes de hacer la limpieza semanal de la casa.

De todas formas si el experimento resulta demasiado osado, hay gente que se dedica de manera profesional a ello. Hace unas semanas estuvimos en una actividad de Crecer Juntos con Arte donde pudimos pintar con hielo, chocolate, crema de afeitar y, por supuesto, pintura. Acabamos recubiertos de  una pasta indescriptible, pero felices. Y, claro  está, de la limpieza, se encargaron otros.

Sin embargo, animo a hacerlo en casa, sobre todo en la cocina donde la limpieza posterior es sencilla. Y la próxima vez nosotros, los adultos, nos mancharemos también. Me dio envidia el artístico placer que sintieron mis hizos al mancharse. Si es que podemos permitirnos la osadía de llamar a estas obras de arte manchas…

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Pintura con las manos de R: aplicada con los dedos y después con surcos de las uñas. R la tituló “Sangre, humo y oscuridad”.

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Pintura de R. Comenzó siendo figurativa (un dragón) pero acabó explorando otras técnicas pinctóricas

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Pintura con los dedos de A

 

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Las manos rojas de R

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Las manos azules de A