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Taller de habilidades socioemocionales (II)

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Y unos meses después (pasadas las temibles evaluaciones de 3º de Primaria) por fin pudimos poner en marcha la segunda parte del taller de habilidades socioemocionales con la clase de R (8 años).

Esta vez en el patio y con música, pusimos en práctica una serie de juegos, basados sobre todo en la dramatización y el juego dramático, para fomentar la empatía, el valor de las diferencias y el compañerismo.

Este fue nuestro planning:

  1. Intro: Sentados en corro hablamos de “nuestra misión” y qué cambios han notado desde la última vez que nos vimos. ¿Han pensado en Oliver Button? Recordamos su historia.
  2. Relajación: tumbados en el suelo, respiramos, nos fundimos con el suelo, echamos raíces, somos un árbol. Cuando estamos relajados pensamos en un momento feliz con alguien de la clase o con la clase entera. Nos imaginamos exactamente lo que pasó: el primer día que nos vimos, cuando alguien me prestó algo que me hizo mucha ilusión, etc. .
  3. Breve asamblea: ¿en qué hemos pensado? La clase, según se vio, está llena de buenos momentos. Especialmente divertidas parecen los chistes del profe de inglés que, en general es “muy serio”.
  4. Presentaciones: cada uno piensa algo bueno de sí mismo, y se presenta. “Yo soy Alicia y soy alegre” todos lo repiten como si fueran un presentador de la televisión. Aplaudimos. La actividad fue mágica. Se notó un subidón de energía.
  5. El espejo: para ayudarnos tenemos que saber cómo nos sentimos. Pequeña ejemplificación de caras según las emociones. Recordamos que, no obstante, no siempre están tan claras.. Por parejas, uno va haciendo gestos con la cara para expresar emociones y el otro tiene que identificarlas y ponerlas. Cambio y pequeña conversación entre parejas. Puesta en común. Conclusión: cuando la emoción no se fuerza como en el teatro para ejemplificarla, no siempre es fácil detectar cómo se sienten los demás. Hay que estar atentos para reaccionar…
  6. Nos imitamos al andar: salen unos voluntarios y analizamos su forma de andar: ¿a qué se parece? ¿qué nos gusta de ella? Nos vamos uniendo hasta que todo el mundo sigue a alguien con la consigna de que nadie marca cuando sale el siguiente pero todos los compañeros que han comenzado a andar tienen que ser seguidos por el mismo número de personas. movimiento
  7. El abrazo: nos movemos por el espacio  (como gigantes, como bebés, como ancianos, como Caperucita, como el lobo…) y cuando la música pare nos abrazamos según marque: de 1, 2, de 3, de 4, hasta acabar en un abrazo colectivo.abrazo
  8. El pasillo: creando un pasillo con las piernas entrelazadas,  un compañero debe pasar entre las piernas de los demás. Primero los niños no deben ayudar al “paseante”; en una segunda ronda sí pondrán de su parte para que pueda atravesar el pasillo. Una manera eficaz de experienciar la cooperaciónpasillo
  9. Improvisaciones: Un niño quita a otro algo que es suyo, un grupo no deja jugar a un niño, un grupo discute porque todos quieren hacer un trabajo a su manera. ¿Cómo arreglamos la situación? Los demás, por grupos, opinan sobre cómo reconstruir la escena o intervienen en ella. La escena vuelve a representarse ahora con la solución propuesta.

Nos divertimos todos mucho, desde luego. Y esperamos que del fondo de los juegos algo quedara como poso para las situaciones de cooperación y socialización que les saldrán al paso.

Taller de habilidades socioemocionales

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Desde hace unos meses las familias de la clase de R (8 años) venimos comentando que los niños se nos están haciendo “mayores”. Entre otras cosas porque “de pronto” son muy conscientes de cuándo los demás invaden su espacio personal y les causan algún daño con algún comentario o conducta que no son de su agrado. Esto es una evolución evidente en su percepción del mundo y en su interacción con él. Notan que algo les agrede y quieren reaccionar ante ello. Antes, estas situaciones eran muy minoritarias; para ello ayuda también la poca memoria que tenemos en los primeros años de nuestra vida para generar rencor o resentimiento, inseguridades adquiridas, etc.

Ahora, sin embargo, este “me han hecho/me han dicho” está de actualidad. Aunque frecuentemente a nosotros, sus padres, nos llegan estos pequeños (y a veces no tan pequeños) malestares porque no han sabido manejar la situación in situ. Síntoma de que, obviamente, estamos en mitad del camino y no en la meta.

Por otro lado, la posición de víctima es solo la mitad del fenómeno. En el otro lado está el “agresor”; un agresor involuntario en gran parte de los casos que, bien por falta de empatía, bien porque no capta el grado de sensibilidad del otro, ni siquiera sabe que está infringiendo un daño. En otros tantos casos, sí comienzan a ser conscientes y es una manera de medir límites y de gestionar liderazgos. Desde luego,también maduran nuestros niños durante la prueba de los límites de la crueldad. Todos lo hemos hecho así,  tanteando. Según nuestros caracteres, nos ha tocado a veces ser un poco más víctima y otras veces un tanto más verdugo. Y en la mayoría de los casos no ha llegado la sangre al río.

Sin embargo, hoy muchos tenemos la idea de que la Educación debe abarcar mucho más que las materias instrumentales (lengua, mates, cono, inglés…). Hay mucho que aprender sobre cómo gestionar nuestras emociones, la empatía, la inteligencia intra e interpersonales y las habilidades socioemocionales y esos aprendizajes pueden mejorar exponencialmente nuestra calidad de vida y la de los que nos rodean. En otros países  ya se están llevando a cabo programas de prevención, por ejemplo, del acoso precisamente con el entrenamiento en estas habilidades de identificar los sentimientos en los demás y obrar en consecuencia a través del fomento de la empatía. El programa finlandés Kiva es un buen ejemplo.

Así pues, propuse a la maestra de la clase de R que me prestara alguna de sus horas para poner un taller de habilidades socioemocionales en marcha con los niños. Aceptó y hay que reconocer por escrito su infinita generosidad y su auténtica vocación por la enseñanza y sus niños. Cederme esas horas es para empezar un acto de confianza en mis posibilidades, y supone que comprende, como tantos, la importancia de la Educación en estas materias. Pero en su caso es especialmente valioso el gesto porque su cesión le acarreará de hecho algunos problemas con su apretada programación. Mi más sincero gracias.

Hace un par de semanas tuvimos nuestra primera sesión. Los niños habían sido avisados de mi visita pero no sabían exactamente qué venía a hacer. Prácticamente todos los años vamos a contarles cuentos (hay que aprovechar el oficio para los nuestros), así que supongo que se sorprendieron cuando entraron en su aula tras el recreo y escucharon que sonaba música y que sobre sus pupitres había corazones de cartulina. IMG_20160217_113917

Nada más entrar muchos ya se colgaron el corazón. Buen pálpito. Les conté que mi visita esta vez era diferente. Que me mandaba el CEIYE (Centro Español de Inteligencia y Espionaje) porque teníamos una misión: muchos adultos no habían aprendido a “comportarse” de niños y ahora solucionaban sus problemas creando guerras o, incluso, se olvidaban de reciclar (impagable la cara que pusieron cuando mencioné esto segundo, ¡no daban crédito!). “Vosotros ahora sois niños”, les dije, “pero dentro de 20 años seréis los futuros presidentes de gobierno, profesores, médicos, enfermeros, cuidadores, panaderos, publicistas, abogados (cada uno iba añadiendo su pretendida profesión futura…) y para entonces vosotros tendréis que resolver algunos problemas que habrán dejado los adultos de hoy por no gestionar bien algunas cosas”.

La llamada de atención a su futura responsabilidad les puso tiesos en las sillas (es increíble las ganas que tienen de comerse el mundo y lo bien que aceptan los cabos que se les tiran). Pasamos a “un ejemplo” concreto para que comprendieran mejor su misión. Ahora sí les conté un cuento: Oliver Button es un nena de Tomie de Paola.

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Una magnífica historia sobre el valor de la diversidad y cómo a veces nos empeñamos en ver defectos donde podemos ver virtudes. La historia me interesaba también porque en ella pueden verse diferentes actitudes ante las injusticias que cometemos sobre los demás. Desde la más pura y cruel acción,  pasando por la simple connivencia (a veces tan perniciosa o más que la acción) hasta la empatía y la oposición a la injusticia.

Cuando acabamos reflexionamos todos juntos sobre la historia. Todos tenían muchas ganas de hablar sobre lo injusto que es meterse con alguien por ser diferente, sobre la diferencia como algo inherente de cada una de nuestras personalidades, sobre la riqueza de esa diferencia. El éxito total de intervenciones sobrevino cuando les pregunté si alguna vez se habían sentido como Oliver, si alguien les había dicho o hecho algo que les hubiera causado malestar. A todos, sin excepción les había pasado, y todos manifestaron haberse sentido fatal. El doble salto mortal supuso preguntarles si ellos alguna vez habían dicho o hecho algo que hubiera herido a alguien. Ahí costó entrar. Hacer examen de conciencia es dificilísimo sobre todo porque hacer daño a otro se olvida al minuto, pero cuando nos lo hacen a nosotros, y a estas edades, nos lo guardamos muy dentro. Sin embargo, algunos valientes empezaron a “confesar” (situaciones que por otro lado eran de lo más inocente) y así se creó un clima de que “la cosa se había hecho pero no se iba a volver a hacer porque ahora sabíamos lo que duele”.  Y si volvían a pasar, ahora todos sabían que debían defender a aquel que estaba sufriendo y no cruzarse de brazos o darle la razón “al abusón”.

Huelga decir que los niños (y yo) hubiéramos necesitado mucho más de tres cuartos de hora para llegar al fondo de la cuestión, pero como primera tentativa lo consideré un éxito.

Ahora que ya sabíamos cómo debíamos comportarnos con los demás, debíamos darnos cuenta también de que, para estar bien con los demás teníamos que estar bien primero con nosotros mismos. Para ello comenzamos dándonos un súper autoabrazo y, de paso, decirnos unas cuantas cosas bonitas. Después, cada uno escribió su nombre en mayúsculas en su corazón de cartulina y enseguida lo pasó por la clase para que los compañeros pudieran escribirle en él alguna de sus virtudes. Claramente esta parte fue la que más disfrutaron. Todos querían escribir en el corazón de todos y cuando acabamos cada uno portaba su pedazo de cartulina en las manos como un auténtico tesoro. Y lo era. Ahora tenían por escrito un montón de palabras que les llenarían de buena energía en los buenos y malos momentos. Ahora sabían que todos sus compañeros (algunos, buenos amigos; otros, tal vez no tanto) les valoraban y les consideraban únicos por algo.

IMG_20160217_123013El clima estaba creado: salieron del aula y muchos seguían lanzándose piropos… Pero como todos los aprendizajes con un día no basta. Si ha tenido su valor ha sido por ser una experiencia en grupo, con los compañeros con los que comparten cada día su tiempo. Esperamos, por eso, que ayude a fortificar las enseñanzas individualizadas que todos los padres les inculcamos desde casa. Y que estos niños nuestros sean más inteligentes que sus predecesores y no caigan en nuestros errores.

Cómo empezar con el juego dramático con niños tímidos (o desmotivados)

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Ya hemos hablado muchas veces del juego dramático y sus beneficios. Ahora en casa, mencionar la palabra teatro y tener a los tres churumbeles descalzos y dispuestos en el salón es todo uno. Pero no fue siempre así. Sobre todo con el mayor R. Al principio era reacio a “entregarse” a esta tarea, a dejarse llevar por ella y lo que supone. Así que tocó inventar una estrategia de “atracción”. En el campo de las actividades teatrales para niños es muy frecuente utilizar marionetas como un paso previo a la representación física. La marioneta no es más que el equivalente del juguete o muñeco que los niños usan durante su juego proyectado, ese juego en el que manipulan a los muñecos como si estuvieran vivos, les ponen voces y los mueven dándoles vida. Todo eso lo hacen de manera espontánea, sin la intervención de un adulto y es, a su manera, tan teatral como cualquiera de las otras actividades que hacen bajo nuestra supervisión. Así que, para llevar  R a mi terreno utilicé lo que más le gusta para jugar: sus playmobil.

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Le expliqué que los que iban a hacer teatro ese día no éramos nosotros sino sus playmobil. Cogí dos y representé una pequeña escena mimada: una discusión. Los niños siguieron atentamente el desarrollo de la acción y comenzaron a lanzar hipótesis sobre lo que les pasaba a los muñecos. Enseguida comprendieron la dinámica y fueron ellos mismos los que pidieron representar la siguiente escena. Por turnos, uno mimaba una escena que había ideado previamente, solo con onomatopeyas y movimiento, no palabras, lo que hacía que las acciones tuvieran que ser por fuerza mucho más expresivas. Los demás, contemplábamos la escena y tratábamos de adivinar qué les pasaba. Ni que decir tiene, que las escenas elaboradas por ellos estaban llenas de golpes y cachiporrazos pero… ¿no es eso también la esencia de los títeres callejeros o de la mismísima Commedia de’ll Arte?

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Las siguientes veces que mencioné la palabra “teatro”, R, apareció directamente con los playmobil. Después, pasar  de los muñecos a hacer teatro nosotros mismos fue mucho más natural, aunque también escalonado, simplemente sugerimos que la escena que habían representado los muñecos podíamos hacerlo nosotros. Aunque manejar nuestro cuerpo es bien distinto ya había  desarrollado una meditación sobre los movimientos del muñeco para hacerlos más significativos y eso se notó en sus primeras interpretaciones.  Ahora, en increíble, como cada vez son más conscientes de su cuerpo y de cuántas maneras distintas puedes dar información con él.

El juego, instrumento privilegiado de aprendizaje

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Nadie tiene que explicar a un niño cómo se juega. Es algo innato en ellos. Algo que nos pertenece de manera tan inherente como la alimentación o el sueño. Y a pocos se les escapa cuánto aprenden mientras juegan. Ahora bien, mucha gente piensa que ese aprendizaje es tangencial, relativamente irrelevante, definitivamente intrascendente.

No sucede así, en teoría, en Educación. Desde que los postulados constructivistas de Jean Piaget y Lev Vygotski triunfaron por su sentido común en las teorías pedagógicas: el aprendizaje basado en la acción y no en la pasividad, el aprendizaje significativo que parte de los conocimientos previos del niño para ir construyendo sobre elementos motivadores para él y donde el juego es, sin ninguna duda, instrumento privilegiado de aprendizaje. Así lo marca la misma Ley Educativa española en la Orden ECI 3960/2007 por el que se establece el currículo y las enseñas mínimas de Educación Infantil:

“El juego es una conducta universal que niños y niñas manifiestan de forma espontánea. Afecta al desarrollo cognitivo, psicomotor, afectivo y social ya que permite expresar sentimientos, comprender normas, desarrollar la atención, la memoria o la imitación de conductas sociales. A través de los juegos, niñas y niños se aproximan al conocimiento del medio que les rodea, al pensamiento y a las emociones propias y de los demás. Por su carácter motivador, creativo y placentero, la actividad lúdica tiene una importancia clave en Educación infantil. […] En las programaciones de aula, el juego debe ser tratado como objetivo educativo, porque ha de enseñarse a jugar; como contenido, ya que son muchos los aprendizajes vinculados a los juegos que los niños pueden construir; y como recurso metodológico porque a través del juego se pueden realizar aprendizajes referidos a las diversas áreas de conocimiento y experiencia. Por tanto, en Educación infantil se debería dotar de carácter lúdico a las distintas actividades que en ella se realicen, evitando la falsa dicotomía entre juego y trabajo, así como potenciar los juegos infantiles, reservando para ellos tiempos, espacios y recursos. De esa forma se rentabilizará pedagógicamente su potencialidad. En definitiva, el juego debería ser una actividad central en esta etapa educativa porque constituye un elemento privilegiado capaz de integrar diversas situaciones, vivencias, conocimientos o actividades. Por ello, como se ha indicado, no debe entenderse en oposición al trabajo escolar,sino como un instrumento privilegiado de aprendizaje.”

jugando

Esperamos que “el peso de la ley (educativa)” caiga sobre aquellos que todavía proscriben el juego y lo conciben como “una pérdida de tiempo”. Sin embargo, ya sabemos que en seguida se argumentará en nuestra contra que todo esto solo atañe a la etapa de Infantil. Nos guardábamos un as en la manga. También en la temible LOMCE se menciona el juego como estrategia de aprendizaje en Primaria:

“El juego es un recurso imprescindible en esta etapa como situación de aprendizaje, acordes con las intenciones educativas, y como herramienta didáctica por su carácter motivador. Las propuestas didácticas deben incorporar la reflexión y análisis de lo que acontece y la creación de estrategias para facilitar la transferencia de conocimientos de otras situaciones”.

Tal vez la reflexión no es tan inspiradora como la que hemos recogido de la etapa de Infantil, pero, en la teoría, se sigue postulando la intervención educativa a través del juego también en Primaria.

Y si la ley no es suficiente (que no lo suele ser, ni para propios ni para extraños) también está ahí la práctica de los más valientes para demostrar que, en todas las etapas educativas, el juego sigue y seguirá siendo instrumento privilegiado de aprendizaje, por su eficacia, su atractivo y la durabilidad de los contenidos adquiridos gracias a él. Aquí tenéis los métodos de César Bona (el único maestro español que fue nominado este año a los Teacher Global Prize -los Nobel de la Educación) para demostrarlo.

Como siempre el dislate entre la práctica y la teoría, las exigencias de las inspecciones educativas y ministeriales, la presión de la rancias creencias muy extendidas de que la “letra con sangre entra”, provocan que solo los más valientes y divergentes se atrevan a aplicar  estos métodos. Y cuando lo hacen suelen lloverles las críticas porque, en general, tenemos poca paciencia para esperar a que lleguen los resultados. Pero cada vez son más; y estoy segura de que pronto convencerán a los que todavía se sienten reacios a creer en los “poderes” del juego, a los incrédulos que llaman,  con cierto desprecio, “idealistas” a los que apuestan por otros métodos. Estos “otros métodos” implican mucho trabajo y mucha creatividad por parte de los maestros y profesores que los aplican. Deberían ganarse inmediatamente nuestro respeto y no nuestro recelo. Nunca deberíamos despreciar a los “idealistas”. Y es que las realidades se construyen primero soñándolas. Sin sueños no hay realidad que valga.

Ojos cerrados, ojos abiertos: juego dramático como terapia emocional

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Me estoy volviendo cada vez más fanática del juego dramático, como veis, pero creo que tengo mis motivos. Tras una semana convaleciente R se había puesto de un humor más que inestable. Cuando está enfermo, no come, y cuando no come se pone de mal humor. Y cuando se pone de mal humor entra en una espiral de pesimismo de la que nos es muy difícil sacarle. Tras unos días intentándolo de todas las maneras posibles se me ocurrió intentarlo con el juego dramático.

Hemos pasado muy buenos momentos últimamente con el “teatro” como le llamamos simplemente en casa, así que ya no me cuesta casi nada arrastrarles a mi terreno cuando vamos a hacer alguna de estas actividades. Hasta la pequeña O escuchó la palabra y corrió hasta el salón para sumarse a la iniciativa.

R, como siempre, es el que más se resistía y más teniendo en cuenta que no estaba de muy buen humor. En aquel momento estaba jugando con sus playmobil y recordó que no hace mucho también hicimos una dinámica de juego dramático con sus muñecos. Así que quiso empezar por ahí y yo, obviamente le deje encantada. Después de un par de improvisaciones con sus muñecos pasamos a hacer algunos estiramientos preparatorios. Pero aunque A y O me seguían encantados, R se me dispersaba, así que entramos en materia rápidamente.

La dinámica que había preparado se puede llamar Ojos cerrados, ojos abiertos.

Martín cerrados Martín abiertoaNora cerradosNora abiertosTris cerrados Tris abiertos

Nos sentamos en corro y les voy indicando una situación relativa a emociones que deben imaginar y reflejar en su rostro: están saboreando su alimento favorito, oliendo algo que huele muy mal, observando aquello que más miedo les da, viendo el regalo que más ilusión del mundo les haría, etc. Comenzamos con emociones más banales (el olor, el sabor, el chiste, etc.)  y una vez que ya habían entrado en la dinámica pasamos a aspectos más profundos (el miedo, los deseos, el enfado, etc.). Después de inducirles a la sugestión de la sensación que debían evocar, todos debemos abrir los ojos y contemplar las caras de los demás que han debido permanecer “en la emoción” después de abrir los ojos. Aquí hay siempre muchas risas porque somos una familia muy “gestera”.  Después cada uno debe contar qué ha imaginado. Y aquí es donde se operó el milagro en R el otro día. Súbitamente, metido en el juego, se abrió como una concha impulsada por un resorte interno. Él que nunca cuenta nada, bajó completamente la guardia y comenzó a darnos pelos y señales sobre lo que había imaginado. No hace falta deciros que esto fue información de alta relevancia sobre sus miedos, sueños y aspiraciones.

Pero si durante el juego pasamos un buen rato, mejor fue lo que vino después. A R parece que se le ordenó el mundo al verbalizar toda aquella cantidad de sensaciones y sentimientos y, desde entonces, está mucho más en paz consigo mismo y con los demás.

Habló principalmente de R porque por y para él diseñé este juego, pero debo decir también que A y O disfrutaron   muchísimo de la experiencia, aunque a un nivel más intuitivo y lúdico, claro esta. Tanto es así que O no para de decirme “Teato, ocos” y cierra los ojitos delante de mí para que volvamos a jugar.

Siempre acabamos nuestras dinámicas de juego dramático con el baile libre y completamente loco de nuestra canción fetiche: I will wait de Mumford and Sons. Les encanta este momento, nos da una sensación de complicidad porque es nuestra canción y, sobre todo, resalta el aspecto lúdico de esta experiencia que, es al fin y al cabo, lo que nos hace volver a ella aunque a veces vayamos también buscando otras cosas.

No hacía mucho para convencerme (ya era neófita convencida desde hace unos años) pero cuanto más lo pruebo más me convenzo de los efectos beneficiosos del teatro a todos los niveles. Tanto para niños como para adultos.

Juego dramático: diversión integral en familia

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El teatro escolar, en cualquiera de sus manifestaciones, posee un elevando poder educativo, y me atrevo a decir que posiblemente sea la actividad con mejores resultados educativos de las que se pueden ofrecer al niño. Porque ayuda al desarrollo de la personalidad y de la autodisciplina, a vencer la timidez, a relacionarse con los demás y posee un elevado poder socializante. Permite manifestar y afianzar sentimientos y emociones y transmitir ideas y pensamiento. Contribuye a potencia la concentración, la memoria, la imaginación, el dominio de la expresión oral y corporal, el espíritu crítico y la capacidad de observación y de comunicación. El teatro, en suma, es una forma de libertad. […] Y precisamente todos los resultados educativos que proporciona el teatro son los que pueden conducirla [a la infancia] a la formación y dominio de su inteligencia emocional. Una poderosa razón para abogar y luchar por el teatro en la escuela.

Fernando Almena, “Teatro infantil y dramatización escolar”

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¡Qué maravilla! Pero… ¿cuándo se hace teatro en la escuela? La verdad es que más allá de algún momento puntual (aprovechado sobre todo en la Navidad) es complicado encontrar momentos donde el teatro esté verdaderamente integrado en las aulas. Pero es que… ¡es un lío! Papeles, disfraces, escenografía… Estará pensando más de uno.

Se nos olvida además que para hacer teatro no hace falta “hacer teatro”. Esto que parece una tautología es una verdad bien sencilla. Los niños tienen una capacidad innata para representar una “ejecución figurada de acciones”. Lo hacen de manera espontánea a través del juego simbólico y también de manera más dirigida gracias al juego dramático y al teatro. ¿Qué? ¿Que si estas tres cosas no son lo mismo? Lo son en cuanto a que en los tres se representan otras vidas virtuales que ensanchan su propia experiencia; pero difieren en cuanto a que cada sigue un protocolo distinto:

– el juego simbólico no necesita ninguna preparación, es espontáneo en el niño, suele ser individual y no se representa ante un público.

– el juego dramático, en cambio, sí necesita alguna preparación, es colectivo aunque tampoco se representa ante un público.

– el teatro, propiamente dicho, es la fórmula que todos teníamos en la cabeza al comenzar a leer esta entrada: requiere bastante preparación (reparto de papeles, aprendizaje de textos y movimiento, ensayos, elaboración de escenografía, etc.). Es pues, colectivo y su culminación es ser representado ante un público. Vamos un lío… (estarán pensando). No debería ser así, pero la entrada de hoy va para aquellos que a pesar de ser neófitos teatrales, todavía sienten pereza de dar el paso más largo: el montaje de una obra teatral.

Antes (o durante) se puede echar mano del juego dramático que da unos resultados espectaculares con los niños y tiene todos los beneficios (si no más en algunos aspectos) que el montaje de una obra. Sobre todo con los más pequeños. Llamamos juego dramático (o simplemente dramatización) a la asunción de unos roles o papeles de manera improvisada que implican una acción pero sin seguir un guion; en ella la creación es instantánea y por lo tanto, los resultados son fáciles y divertidos. Se consiguen prácticamente sin ningún esfuerzo por parte del maestro/padre ni de los niños. Esta es la clave de su éxito.

Hay muchos ejercicios sencillos que se pueden hacer en casa (y en el aula) para poner en práctica el juego dramático. Aquí podéis ver algunos. Nosotros hemos establecido nuestra propia secuencia y a los niños les encanta.

Comenzamos con un poco de calentamiento “dramático”: mover los brazos como molinos, el cuello como si estuviéramos mareados, estirar los brazos como árboles, arquear la espalda como un gato… Con un poco de imaginación cada gesto puede convertirse en “teatro”.

Seguimos con juegos sencillos moviéndonos por el espacio con música (la música es un gran aliado y hay que elegirla muy bien): corremos, a la palmada tocamos el suelo o saltamos, nos movemos como gigantes, como enanitos, como viejecitos, a cámara lenta, a cámara rápida…

Luego pueden ir aplicándose ejercicios más completos. Pueden valer juegos como el “Ridículus” que utilizamos el último Halloween que tengan como beneficio añadido jugar a espantar los miedos.  También asumir el rol de otro y comportarnos como él (muy ilustrativo es intercambiar por un rato los roles de padres e hijos).

Para fomentar la escucha y el trabajo en equipo (además de la autoconciencia corporal) me encanta el juego de esculpir: sale el primer “jugador” y se detiene ante los demás en una posición fija (como si le hubieran dado a pause… así es como le gusta a mis hijos llamarle a este juego), el siguiente jugador tiene que suponer qué intenta representar y sumarse a la escena (si le parece que era un jugador de fútbol antes de chutar un gol, él puede añadirse como portero) y así sucesivamente hasta que salgan todos los jugadores de ese equipo. Y todo ello sin decir una sola palabra. Después el auditorio restante (si lo hay) medita sobre el conjunto de la escena. Para finalizar los actores cuentan si la conclusión del auditorio coincide con lo que cada uno de ellos habían imaginado. Nadie pierde, no hay respuestas correctas. Gana todo el equipo.

Los niños jugando a Pause. R salió y hizo a Harry Potter empuñando una varita. Pero A pensó que manejaba una espada y fue al cuarto a añadirle una. Él también cogió otra y se sumó a la escena.

Los niños jugando a “Pause” (jugar a esculpir). R salió y hizo a Harry Potter empuñando una varita. Pero A pensó que manejaba una espada y fue al cuarto a añadirle una. Él también cogió otra y se sumó a la escena.

El juego dramático es un estupendo aliado para eliminar los miedos, fomentar la empatía, conocerse más a sí mismo y a los demás, y darnos a la familia una conciencia clara de equipo. A nosotros nos funciona, y mucho.

¡No dejéis pasar la oportunidad de practicarlo en familia!