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La elección de la alegría: postales navideñas

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¿Que si seguimos montados en la ola de la inteligencia emocional? Pues la verdad es que no lo había pensado hasta ahora que me siento a escribir esta entrada. Este año nuestras tradicionales postales navideñas caseras parecen tomar como punto de partida la archiconocida técnica del semáforo de las emociones. Supongo que lo teníamos en el subconsciente pero en nuestro caso fue una decisión espontánea de los niños, en la que también intervinieron otros factores.

Todo comenzó hace un mes cuando el cole nos pidió para el concurso de la biblioteca un “adorno navideño con mensaje solidario”. Pensando pensando nos planteamos entre todos la idea de fabricar una estrellita de fieltro, rellenarla con algodón y pintarle una carita contenta por un lado y otra enfadada por el otro. Después el mensaje salió solo: en realidad muchas veces la alegría o el enfado son una decisión, no algo que se provoqué desde fuera. Así que puestos a decidir, ¡mejor decidir estar contentos! Por eso nuestra estrellita navideña lleva el lema “En Navidad elige estar contento”.

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Después llegó el momento de las postales navideñas… Llevamos 13 años haciéndolas y parecía que ya no podía surgir ninguna idea. Para estos momentos de sequía creativa siempre viene bien tener a algún niño inagotable alrededor… ¡Qué suerte que nosotros tenemos tres!

O, de 3 años y medio, acaba de descubrir que es capaz de dibujar caritas, así que solo tuvimos que aprovechar su potencial y… nos pusimos los cinco a trabajar en cadena para que cada uno plasmara su idea particular de la alegría y el enfado, ¡veinticinco veces! La verdad es que los niños aceptaron encantados el reto. Nuestros amigos y familiares han recibido cada uno una postal única que podrán ver todos los días de Navidad colgada en su árbol. Para que ellos también recuerden que la alegría y el enfado son mucha veces una elección y, en la vida desde luego y siempre que se pueda ¡hay que elegir estar contento!

Muñecos de nieve con calcetines y arroz

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No, el título de esta entrada no es una nueva y vanguardista propuesta gastronómica de algún chef de moda, especialmente pensada para estas fiestas. Es la respuesta a la convocatoria del colegio para adornar el centro: un muñeco de nieve con materiales reciclados. Por supuesto el arroz no lo hemos reciclado antes para elaborar el muñeco (pero sí estoy pensando en hacer una paellita post navideña con los dos kilos de arroz invertidos en ellos).

Ahí va el modus operandi de nuestro “platillo”Ingredientes:

  • Calcetines blancos (a poder ser altos puesto que para el muñeco es preferible prescindir de la parte del talón).
  • Arroz (medio kilo de arroz por cada muñeco)
  • Gomas (3 por muñeco)
  • Botones y demás adornos para el muñeco
  • Un trozo de tela para la bufanda
  • Pegamento

Si habéis conseguido un calcetín de “talle alto” cortadlo prescindiendo de la parte del talón en adelante (mirando hacia el pie). Anundad con una goma un extremo y dadle la vuelta. Ahora toca la parte donde más pueden ayudar los niños: el relleno. Hay que ir echando arroz y sacudiendo ligeramente el calcetín para que se acomode (siempre cabe más delo que parece). Cuando queden un par de centímetros para el borde ya podemos cerrarlo con otra goma. Después debemos dividir el calcetín en tres partes, es decir, las tres bolas de nieve que darán forma a nuestro muñeco. Aquí es donde empezaremos a darle personalidad. Puede ser cabezón o gordo o con los “pies” grandes, etc. Con la parte que hemos desechado inicialmente del calcetín (la del talón en adelante) le haremos un gorrito a nuestro muñeco. Y con la tela y botones le pondremos ojos, nariz y adornos. Nosotros utilizamos un alfiler de cabeza grande para hacerle la nariz, pero también hemos visto algunos muy bonitos que la fabricaron con un pompón de lana. En nuestro caso la boca la pintamos con pintura de tela. R, prefirió dejar su modelo sin boca.

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Los niños disfrutaron mucho eligiendo los botones que darían personalidad a su muñeco y viendo como poco a poco iba cobrando carácter. Así de simpáticos han quedado y después de adornar estos días el colegio, volverán a casa para quedarse con nosotros… si la paella lo permite.

Portavelas navideños: nueva luz para el año nuevo

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Seguimos en clave navideña. Como todos los años toca hacer una manualidad con reciclaje para el colegio; y el motivo tiene que ser navideño, of course. 2015 es la navidad de los cambios y a los cambios los tiene que acompañar una buena luz que guíe la nueva senda. ¡Por eso nos decidimos por unos portavelas navideños en forma de estrella!

Primero teníamos que dibujar la estrella en papel (¡con muchas puntas!) para formar nuestra plantilla y pasarla al descubrimiento de este año, ¡el cartón pluma! Tan duro como un contrachapado, pero bastante más fácil de cortar.

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Después de recortar la estrella (y asomarnos a sus profundidades) pegamos un trozo de rollo de papel higiénico justo en el centro, que sería la base de nuestro portavelas.  Siguiente paso: pintarla con el spray plateado…  Se puede hacer con témpera normal o cualquier otro tipo de pintura, pero entonces os perderíais la experiencia… ¡sentirse como el hombre de hojalata de El mago de Oz!  (aun así, recomiendo ponerse guantes para este punto concreto de la operación).

Tras el secado (unos 45 minutos, que aprovechamos para mirar al horizonte), la parte más creativa y personal: el adornado con nuestros queridos lápices de purpurina.

Colocamos la velita de té en el centro y… Así de bonitas y esperanzadas quedaron nuestras estrellas. ¡Esperamos que iluminen los últimos pasos del 2015 y, como poco, los primeros del 2016 que tantos cambios nos augura!

 

Ya vienen los Reyes Magos…

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¡Feliz día de Reyes! A estas alturas de la mañana os supongo a muchos abriendo paquetes y disfrutando de los regalos que los Reyes hayan dejado en cada casa.

Así estamos nosotros también: con los niños completamente absorbidos por sus nuevos juguetes (si no… ¿cómo podría estar sentada ahora escribiendo esto?).

Abriendo sus regalos...

Abriendo sus regalos…

El día de hoy, desde luego está lleno de magia y emoción, pero es muy fácil convertir algo que se fraguó con muy buen fondo (una representación simbólica de los presentes que los Reyes Magos le otorgaron al niño hace más de 2000 años) en una auténtica orgía consumista.

¿Cómo poner algo de freno y cordura al ritmo de los tiempos? Doy por sentado que cada padre tendrá su fórmula. Nosotros intentamos humildemente darle algo de trasfondo al asunto para que, junto a la propia emoción de recibir un regalo muy esperado, vaya cierta conciencia sobre cómo está el resto del mundo. Por eso, desde los primeros Reyes conscientes de R (su “primera vez” fue con dos meses… pobre), le explicamos que podía pedir dos regalos como máximo. También le recordamos que había muchos niños a los que no les llegaba ningún juguete. Ni siquiera en Reyes. Pero que él podía destinar uno de los sus dos juguetes posible a uno de esos niños. No se lo pensó dos veces y dictó su carta pidiendo lo mismo que había pedido para él  (un camión) para otro niño. Aquel primer día de Reyes le llegó, junto al camión, la carta de Panchito, el niño mexicano que había “recibido” el regalo enviado por R, dándole las gracias y explicándole cómo era su vida en México. Después niños de Senegal, China, Perú, etc. han escrito a los niños cada día de Reyes agradeciéndoles su gesto y contándoles algo de su vida.

Así pues, en los años sucesivos, la costumbre de desviar uno de los dos regalos posibles a otros niños no se ha cuestionado. Se ha convertido en una tradición automáticamente aceptada por A y por O.

Este año, la Wii pedida por R y A ha llegado a un orfanato de EEUU. Y esta vez ha sido Robert, uno de los niños del orfanato, el encargado de escribir la carta de agradecimiento gracias a la cual los niños toman conciencia de su gesto.

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No arreglamos el mundo con esta pantomima y, desde luego, no basta un episodio aislado para tomar conciencia de la necesidad de los cambios que deberían operarse. Hay que trabajar mucho más a fondo y a largo plazo. Pero sí esperamos, sinceramente, que estas pequeñas muestras ayuden a los niños a tomar conciencia de la situación del mundo en el que viven. De este modo esperamos que, cuando sean adultos, sentirán como una necesidad perentoria y no solo deseable (como nos pasa a muchos adultos de hoy en día) acabar con los desequilibrios de nuestra sociedad. Al fin y al cabo los niños de hoy serán los ciudadanos del futuro…

Árboles de Navidad con piñas

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¿Para qué sirve una piña? ¿Para dar piñones…? ¡Sí! Pero para muchas cosas más. Solo hace falta mirarla dos veces para estimular ese pensamiento divergente que a los niños les sale tan natural y que los adultos tenemos un pelín oxidado.

Y es que… ¡Nos gustan las piñas! ¡ Y nos gusta la Navidad! Así que cuando recibimos la noticia de que debíamos hacer con los niños arboles de Navidad para el concurso de la biblioteca del colegio no lo dudamos… ¡abetos con piñas!

Nos chiflan las piñas y, estando al alcance de la mano en cualquier paseo por el campo, están llenas de posibilidades que ya habíamos explotado en otras ocasiones. Pero, para no faltar a la verdad, fueron los niños los que eligieron este modelo precisamente de árbol navideño de entre algunos  que les mostramos (se ve que la simpatía “piñil” viene de familia).

Nos lanzamos a una aventura por el bosque para conseguir piñas, claro, y poder comenzar a fabricar nuestro árbol. Conseguimos algunas, pero por la fecha todavía estaban muy cerradas y algo húmedas por las lluvias de fin del otoño. Pero nada que no pueda solucionarse con un par de días de secado.

Fabricamos nuestra propia mezcla de verde y los niños (¡los tres por fin!) se lanzaron a pintarlas.

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Después del secado de la pintura, las adornamos con unas estrellas de papel dorado y pusimos gotitas de pegamento de purpurina de diferentes colores. Por último las “plantamos” en una maceta pequeña. Y así de bonitas quedaron.

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Después de haber adornado el colegio durante unas semanas, ahora están colocadas en nuestra entrada y dan la bienvenida a nuestros invitados. Una pequeña obra de arte natural y completamente confeccionada por los niños.

Preparando la Navidad: postales-puzle para felicitar la Navidad

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Nos hemos metido en el brete de fabricar de forma lo más casera posible una postal navideña cada año. Después de las postales con estampaciones de patata del año pasado parecía difícil conseguir superarnos e innovar. Gracias a G, creo que lo hemos conseguido: una enorme postal fragmentada como un puzle para que cada uno de nuestros familiares y amigos reciban una simbólica pieza de él. Por supuesto, la pieza debe ir acompañada de una imagen del conjunto para que sepan qué lugar exacto ocupan en el total.

La cosa comenzó así: G diseñó un bonito dibujo del portal, lo pasamos a una cartulina grande, la marcamos con 30 parcelas y los niños lo colorearon con ceras blandas.

Los niños coloreando la macropostal-puzle

Los niños coloreando la macropostal-puzle

Casi, casi acabada...

Casi, casi acabada…

Una vez coloreada lo rociamos con fijador de pintura. Y después, ¡llegó la hora del “despiece”! Resultado: 30 mini postales.

Las piezas del puzle...

Las piezas del puzle…

Pero para que quede claro qué parte de nuestro total es cada uno, también mandamos una foto de conjunto. Para que cada cual sepa reconocerse dentro:

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¡Feliz Navidad a todos!

 

Preparando la Navidad: felicitaciones con sellos de patata

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Ahora sí… llegó la hora de decirle a todo el mundo: ¡feliz Navidad!

Desde que somos familia (éste es nuestro noveno año) mandamos una felicitación navideña casera a todos nuestros seres queridos. Algunos años han sido fotografías nuestras en alguna actitud alegórica, otras montajes fotográficos con fotos ajenas, collages, etc. Este año, que es el año del nacimiento de Creatificando, ¡tenía que ser el resultado de una actividad familiar!

Teníamos un montón de tarjetas blancas (un cartón de excelente calidad) que nos habían donado sagazmente la tía de G, sabiendo que se nos ocurriría algo creativo con ellas. Halaga la confianza y esperamos no haber defraudado cuando reciba el resultado en su buzón. Para decorarlas recurrimos a un viejo conocido: los sellos con patatas. Esta vez, hemos tallado las formas con un cortapastas (anteriormente lo habíamos hecho a mano). Mucho más fácil y rápido. Aquí tenéis el resultado:

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En un plato de plástico echamos témpera, un poco diluida con agua, y los niños iban mojando sus sellos y estampándolos con total libertad en las cartulinas. Primero dos estrellas (con azul y rojo) y luego un sol (de amarillo).

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Dejamos pasar toda la noche para que la témpera se secase y a la mañana siguiente terminamos de decorar las felicitaciones con pegamento de purpurina (glitter glue).

ImagenLos niños había trabajado duro y merecían su descanso. Ahora nos tocaba a los mayores rematar las felicitaciones con algún mensaje especial, ponerlas en sobres y ¡echarlas al buzón! Y no ha sido poco trabajo, porque hemos enviado ¡30! Aquí están nuestras  perfectamente imperfectas felicitaciones navideñas. Cada una distinta. Cada una completamente única. Esperamos que les hagan llegar a nuestro seres queridos un poco de la ilusión con las que han sido elaboradas.

Pues eso… ¡feliz Navidad!

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Preparando la Navidad: concurso de villancicos

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Todos los años el colegio de R organiza un concurso para que padres e hijos preparemos algo conjuntamente con vistas a la Navidad. En otras ediciones hemos elaborado un cuento o un cómic pero este año tocaba, ¡un villancico! Mira tú por donde hice mi tesis doctoral sobre un género muy similar a los villancicos actuales así que la cosa ¡nos inspiraba!

El formato era completamente libre así que miramos a nuestro alredecor y cogimos unos cuantos materiales: una caja de cartón, tempera (¡que nunca falte témpera en una casa con niños!), algodón, pinturas, papel y uno de los abetos con ramas que hicimos la semana pasada.

Comenzamos cortando la caja de cartón por uno de sus cuadrantes y dejando las dos solapas laterales. Al cortarlo así nos vino a la cabeza una ventana con sus contraventanas. ¡Ya estaba la idea de base! Pintamos de azul el centro, la ventana, y marcamos todos los bordes de negro para enmarcarla.

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Después, “moteamos” con témpera blanca la base azul… o sea, dejamos entrar la nieve en nuestro paisaje…

ImageEl paisaje de fondo ya estaba elaborado. Ahora faltaba decorarlo: cogimos con alambre el abeto con ramas y elaboramos con algodón un simpático hombre de nieve. R le dibujó un sombrero, lo coloreó y lo pegó. Yo le pinté la carita: era una tarea de precisión…

Pero, ¿dónde estaba nuestro villancico?

Alto, zagales de todo el ejido,
al sol que ha nacido,
galán y pulido,
en diciembre mejor que en abril.
Alto, zagales de mil en mil,
ningún peligro recela
y todo pastor,
a más y mejor,
repique la foligüela.
Al chas, chas, chas, con la castañuela,
y al tapalatán, con el tamboril.
Vaya de bailes,
vaya de fiestas,
venga Bartol [sic] a tocar la viguela.
Vaya de bailes,
vaya de fiestas,
al airecillo ligero y sutil.

Fue cantado en la Real Capilla del Alcázar de Madrid en 1651, vamos, ¡que tiene solera!

R copió el villancico en dos pliegos de papel y G “envejeció” el papel sumergiéndolo en café y después con un “toque” de horno. Podéis ver toda la técnica aquí.

Por último, pegamos los pliegos en las contraventanas de nuestra ventana navideña y G añadió a mano un mensaje navideño.

Y así quedó nuestro villancico.

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Pues eso… ¡feliz y creativa Navidad para todos!

Preparando la Navidad: abetos decorativos con ramas

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Hay dos momentos en que la Navidad es, en el estricto sentido de la palabra, mágica: cuando eres niño (por razones obvias que no puedo mencionar…) y cuando tienes niños. Si en la primera etapa la magia se experimenta como algo intuitivo, atávico, en la segunda renace desde la más absoluta reflexión y experiencia. Porque, sí, señores y señoras: la magia existe. Quizás no es exactamente como nos la venden desde los medios de comunicación o la literatura. Pero la magia de la vida real es más poderosa aún que la de la ficción o los sueños. Todas aquellas cosas que nos “mueven” y no vemos: eso es magia. La sensaciones indescriptibles que causa la naturaleza, la poesía y a la ensoñación a la que predispone la noche, la conexión ancestral y telúrica al observar el nacimiento de un niño… Si todo eso no es magia… ¡que baje Dios y lo vea! (como decía mi abuela).

magia

Hay ciertos momentos del años propicios para dejar entrar la magia. La Navidad es uno de ellos. ¡Ojalá, estuviéramos los adultos más propicios a experimentar la magia todo el año! Pero nos la “han dado con queso” con eso de que hay que trabajar, ser prosaico y realista, ahorrar tiempo y dinero para invertirlo en… ¿qué? ¡Ay! Los hombres grises de Momo estarían muy orgullosos de nosotros y de nuestra manera de vivir.

Pero vamos a lo que nos interesa ahora, ¡celebrar la Navidad! En realidad, cualquier excusa es buena para celebrar, pero como pasa con la magia la Navidad también predispone a la celebración y hay que aprovecharlo. Nosotros hemos empezado diciembre ya con los preparativos.

A mi hijo mediano A le han pedido en la guarde que lleve algún adorno navideño y hemos echado mano de “enciclopedia de manualidades”. Paseando por el parque el domingo pasado me acordé de unos preciosos abetos fabricados con ramas. Aprovechamos la visita y no llevamos un montón de ramitas a casa. Para decorarlos, en el libro proponían usar botones u otros adornos de madera o plástico. A nosotros se nos encendió la bombillita y cogimos algunos de esos frutos rojos que crecen en los arbustos y que vulgarmente llamamos “tomatitos”. R se lo pasó bomba recolectando los tomatitos en el parque y descubriendo que había de tres colores dintintos: rojos, amarillos y naranjas… Para mí también fue un descubrimiento.

Ya en casa cogimos los tres palos más largos y los atamos con una cuerda fina de cáñamo como podéis ver en la foto de más abajo (una imagen vale más que mil explicaciones…). Después, con cola blanca especial para manera, pegamos el resto de ramitas trasversalmente a estas tres primeras.

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Con esto la estructura del árbol ya está hecha, pero falta la decoración: ¡los tomatitos! Con un poquito de cola blanca en cada huequito que debía ser decorado fuimos pegando los tomatitos. Después los niños pintaron y recortaron una estrella y la pegaron en lo alto del árbol. Y éste fue el resultado final:

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Bonitos, ¿verdad? ¡Y muy, muy naturales!

Si queréis otro modelo de adorno navideño también fabricado con ramas mirad este post de Agora Abierta. ¡Fantástico!