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Halloween: truco o trato en familia

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Ya hemos contado otras veces que somos de los simpatizantes de la fiesta de Halloween. Es un invento americano, sí; pero a veces los americanos tienen razón.

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Nuestra calabaza de este año

Desde luego es una ocasión fantástica para disfrazarse, jugar y, sobre todo, reírnos de nuestros miedos. Eso es lo que hicimos ayer en casa. Comenzamos con los preparativos durante la semana: R quería ir de Frankenstein (está muy impresionado por la historia de Mary Shelley, ¡nos ha salido un intelectual!). Así que nos pusimos manos a la obra con el disfraz casero de Frankie: DSCF4432Basta una caja (en nuestro caso de Panettone) pintada de verde, a la que le pegas las cejas (de goma eva), el pelo (retales de tela vieja), sin olvidarnos de los tornillos (dos parte superiores de botella de agua mineral de medio libro pintados de plateado). Y, voilá, ya tenemos nuestro casco/cabeza de Frankenstein:

DSCF4438A quería ir de esqueleto… ¡es una suerte que hace 4 años R también decidiera ir de esqueleto! En esto ya teníamos el trabajo hecho: simplemente una camiseta negra con el torso de huesos pintados y maquillaje:

huesitosO tuvo que conformarse con que eligiéramos el disfraz por ella: fantasma. Muy sencillo también con un body pintado:

DSCF4434Y un tutú. El disfraz es muy simple y el resultado depende de la “percha”. Pero a O le sobra gracia… ¡juzgad vosotros mismos!

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 Y una vez disfrazados… ¡a jugar! Llegaron todos los amiguitos y sus papás y mamás y, como es costumbre ¡jugamos en familia!

La mejor prueba: el encantamiento “ridiculus” inspirado por Harry Potter y el prisionero de Azcaban.

Todos los presentes escribieron en un papel su mayor miedo. Después pensaba en secreto una manera de transformar con humor ese miedo. A continuación uno de los asistentes cogía uno de los papeles y debía interpretar ese miedo gestualmente: un lobo, la muerte, arañas, etc. Cuando el “dueño” del miedo lo reconocía debía gritar “Ridiculus” y la manera de ridiculizarlo: un lobo con tos, la muerte bailando claqué, arañas atrapadas en barro… El actor debía interpretar esa transformación y lo que había comenzado con miedo acababa con risa.

Y esto solo fue el comienzo: probar la salsa del diablo (picantísima) sin pestañear, hacer el truco o trato por el edificio, buscar el tesoro escondido en la casa por los lugares más temibles (debajo de la cama, dentro del armario, etc.). Jugamos, comimos y creo que todos nos divertimos. ¡Adiós miedos! ¡Hola Halloween!

Halloween: jugando en familia

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A los niños les encanta jugar. A los adultos también pero parece que está mal visto admitirlo en público. Sin embargo, una de las grandes ventajas que tiene la paternidad/maternidad es que te puedes permitir volver a jugar sin sentir ninguna vergüenza. Además, nuestros hijos disfrutan más todavía de los juegos cuando ven que estamos metidos en ellos de lleno y no solo “jugando con ellos”. Por eso hay que aprovechar todas las ocasiones posibles para jugar. Es liberador, casi diría terapéutico.

Halloween es una fiesta fantástica. Más allá del sentido estricto de la palabra (por lo monstruoso) permite a los niños enfrentarse a sus miedos de una manera divertida. Por ejemplo, A, está fascinado por los zombies de los que le habla su hermano R (no hay más que recordar que eligió como personaje para su marioneta un zombie). Sin embargo, cuando nos llama por la noche porque tiene miedo también es un zombie lo que le está acechando. Seguramente, también por eso eligió vestirse de zombie este Halloween. Verse a él mismo transformado en uno zombie chiquitito (sólo imaginándolo resulta ya cómico) y ver cómo su propio papá iba también cambiando de aspecto poco a poco mientras se ponía el disfraz hace que el aspecto tenebroso se diluya y aflore lo más tierno o cómico.

R  está ahora enfrascado en la lectura de El pequeño Vampiro, así que él y yo elegimos ir de chupasangres. Aprovechando las redondeces de nuestra pequeña O, ¡la vestimos de calabaza!

Invitamos a la fiesta a un par de amigos del cole de R y a sus padres y hermanos. Gracias a ellos pudimos incorporar a la galería de celebridades monstruosas a una familia de brujos, un esqueleto y, ¡hasta un Darth Vader!

Reunidos todos y con la tripa bien llena de galletas de gorros de bruja, bizcocho de calabaza con sorpresa de fantasma y demás chucherías “halloweenescas” nos lanzamos las tres familias a jugar.

La primera prueba consistió en “copiar un monstruo”. La dificultad nacía de que el dibujante no tenía al “modelo” delante sino que tenía que generar su dibujo a través de la descripción que le hacía otro. Primero los papás fueron los dibujantes y los niños describieron al monstruo; después intercambiamos los papeles.

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Los niños dejaron el listón bien alto en cuanto a “descriptores”. Aquí tenéis el original y el dibujo ganador.

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Los niños ejercieron después de dibujantes con idénticos resultados.

Pasamos entonces a la segunda prueba: armar a Paco, nuestro esqueleto. Muy apropiado para Halloween. Las reglas: los padres guían pero sólo los niños tocan las piezas, y gana la familia “Monster” que antes termine el esqueleto.

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Por último, nos acompañaron nuestro dados para contar historias. Aunque hoy los cuentos tenían que ser… ¡escalofriantes!

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Lo pasamos como niños…  y nuestros hijos también.

¡Gracias a U y A, R y E y a sus fantásticos hijos por participar!