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¡Feliz y literario día del padre!

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¡Feliz día a todos los papás! Como en nuestro cole no es tradición hacer manualidades para el día del padre o la madre, toca acometer la tarea en casa. Porque no es de rigor dejar sin “premio” a alguien que está dando el cayo todo el año, ¿o no?  Este año no me ha hecho falta tomar la iniciativa: R ya tenía ideado el “regalo” desde el principio. ¡Un cuento! ¡Como se nota que vive en una casa llena de filologos! Él solito se lo guisó y lo comió. Aquí está su gran creación que, por supuesto, ha hecho las delicias de su papá.

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Si R, pasó su fase en que todo lo dibujaba, ahora está en la fase en que todo lo escribe. Aunque el dibujo, como puede advertirse, sigue acompañando. Lo importante es que, nuestro “genio”, sigue creando, independientemente de la técnica. ¡Feliz día para todos!

 

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Ya vienen los Reyes Magos…

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¡Feliz día de Reyes! A estas alturas de la mañana os supongo a muchos abriendo paquetes y disfrutando de los regalos que los Reyes hayan dejado en cada casa.

Así estamos nosotros también: con los niños completamente absorbidos por sus nuevos juguetes (si no… ¿cómo podría estar sentada ahora escribiendo esto?).

Abriendo sus regalos...

Abriendo sus regalos…

El día de hoy, desde luego está lleno de magia y emoción, pero es muy fácil convertir algo que se fraguó con muy buen fondo (una representación simbólica de los presentes que los Reyes Magos le otorgaron al niño hace más de 2000 años) en una auténtica orgía consumista.

¿Cómo poner algo de freno y cordura al ritmo de los tiempos? Doy por sentado que cada padre tendrá su fórmula. Nosotros intentamos humildemente darle algo de trasfondo al asunto para que, junto a la propia emoción de recibir un regalo muy esperado, vaya cierta conciencia sobre cómo está el resto del mundo. Por eso, desde los primeros Reyes conscientes de R (su “primera vez” fue con dos meses… pobre), le explicamos que podía pedir dos regalos como máximo. También le recordamos que había muchos niños a los que no les llegaba ningún juguete. Ni siquiera en Reyes. Pero que él podía destinar uno de los sus dos juguetes posible a uno de esos niños. No se lo pensó dos veces y dictó su carta pidiendo lo mismo que había pedido para él  (un camión) para otro niño. Aquel primer día de Reyes le llegó, junto al camión, la carta de Panchito, el niño mexicano que había “recibido” el regalo enviado por R, dándole las gracias y explicándole cómo era su vida en México. Después niños de Senegal, China, Perú, etc. han escrito a los niños cada día de Reyes agradeciéndoles su gesto y contándoles algo de su vida.

Así pues, en los años sucesivos, la costumbre de desviar uno de los dos regalos posibles a otros niños no se ha cuestionado. Se ha convertido en una tradición automáticamente aceptada por A y por O.

Este año, la Wii pedida por R y A ha llegado a un orfanato de EEUU. Y esta vez ha sido Robert, uno de los niños del orfanato, el encargado de escribir la carta de agradecimiento gracias a la cual los niños toman conciencia de su gesto.

carta

No arreglamos el mundo con esta pantomima y, desde luego, no basta un episodio aislado para tomar conciencia de la necesidad de los cambios que deberían operarse. Hay que trabajar mucho más a fondo y a largo plazo. Pero sí esperamos, sinceramente, que estas pequeñas muestras ayuden a los niños a tomar conciencia de la situación del mundo en el que viven. De este modo esperamos que, cuando sean adultos, sentirán como una necesidad perentoria y no solo deseable (como nos pasa a muchos adultos de hoy en día) acabar con los desequilibrios de nuestra sociedad. Al fin y al cabo los niños de hoy serán los ciudadanos del futuro…

Cumpleaños feliz: regálame tu tiempo

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¡Este jueves hemos celebrado el tercer cumpleaños de A! Es un año de muchos logros: la edad definitiva en la que dejan de ser bebés. ¡Adiós chupete! ¡Adiós pañal! ¡Adiós biberón…! (ejem… en eso aún estamos).

En casa somos (¿cómo decirlo?) un poco exagerados con las celebraciones (y en esto debo entonar el “mea culpa”). Pero bueno, nuestra “exageración” no nace de la cantidad de regalos sino de la cantidad de tiempo invertido en celebrar cada ocasión. Convendréis entonces conmigo que el vicio es un poco más aceptable. Solemos empezar “los festejos” el día del cumpleaños y seguir los días del fin de semana: una celebración más en petit comite, otra con la familia y otra con los amigos. Yo suelo decir que cualquier excusa es buena para reunirse, pero un cumpleaños lo es más todavía porque es, en toda regla, una celebración de la vida. Y la vida, ¡hay que celebrarla mientras la tenemos!

Y en éstas estábamos. Previo al día D comenzaron las preparaciones. A ya va a la guardería así que, ¿cómo lo celebramos allí? La costumbre es llevar algún regalito o chuchería. Es un bonito detalle, pero imaginaos cuando llevas la mitad de curso y tu casa está llena de pomperos, muñequitos de goma, lápices de colores y demás fruslerías asequibles para el bolsillo (hay que tener en cuenta que hay que comprar veintitantas). Así que pensamos, ¿y si lo celebramos allí con un regalo no material? Nosotros contamos cuentos, así que ¿por qué no regalar un cuento? Pesa poco en el bolsillo, dura mucho en el recuerdo. Además, también es el regalo más bonito que le podemos hacer a A: nuestro tiempo.

Pertrechados de marionetas y algún que otro atrezo aparecimos en la guarde de A, que nos esperaba coronado de cartulina.

contando

Contando en la clase de A: ¿A qué me queda bien el bigote?

¿Que si no se decepcionó por no poder repartir caramelos/juguetes como el resto de sus compañeros en sus cumpleaños? A veces confiamos poco en el criterio y la sensibilidad de los niños. Estaba tan conmovedoramente orgulloso de tenernos allí, de “presumir” de padres, de saberse el cuento que contábamos y poder cantar con nosotros las canciones que, sinceramente, no creo que pensara ni por un momento en los caramelos.

Después, ¡un poco de deporte! Estrenamos sus raquetas gigantes de badmintong en el parque:

badmintongY por último, ¡a soplar la vela de su tarta (casera y hecha con su ayuda, por supuesto) con toda la familia entonando el “cumpleaños feliz”!

contarta

Este día de cumpleaños nos deja a todos una lección trascendental. Los adultos siempre tememos decepcionar a los niños si no tenemos listos grandes y bonitos regalos para ellos, pero se nos olvida que esa es una necesidad que no tenían cuando nacieron: se la hemos inculcado nosotros al “insertarles” en nuestro mundo. Ellos son mucho más auténticos y sencillos que nosotros. Demandan algo más básico e importante: nuestro cariño y nuestro tiempo.

Todos los sabemos, pero es un poco difícil parar para darse cuenta del todo: con un poco más de tiempo solucionaríamos muchas cosas.

Así que… ¡Celebremos la vida! ¡Regalemos nuestro tiempo! Merece la pena.