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Wait a minute, Mr. Postman: buzones personales para practicar con sentido la lectoescritura

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La escritura y la lectura son una necesidad aunque rara vez se plantean así. Ya hemos hablado otras veces de cómo en las aulas se pervierte un poco esta máxima, por motivos varios en los que ahora no vamos a volver a entrar. Me interesa ahora demostrar cómo los padres podemos intervenir en ese proceso de aprendizaje de la lectoescritura, haciéndoles ver a nuestros hijos la perspectiva más útil, fascinante y divertida de la lectoescritura.

La idea de crear buzones particulares para todos los miembros de la casa me la dio, de nuevo, una de mis alumnas del Grado de Educación Infantil. ¡Si es que son un portento! Me pareció una idea maravillosa para insertar una dinámica muy bonita en casa: escribirnos cartas entre todos. De paso que R practica la lectura y la escritura sin darse cuenta, aprende a comunicar sentimientos, sensaciones, en fin, “contextualizarse”. Ya se sabe que rara vez uno consigue el mismo nivel de acierto y atrevimiento en la expresión oral que con la escrita. Basta ponerse con un papel delante para decir cosas que con la voz nunca se nos hubieran ocurrido.

Por otra parte, esto es algo que se intuye enseguida. R, ya había tenido en más de una ocasión el impulso de poner por escrito cosas que no pueden ser expresadas con la papabra oral. Atención a este conjuro que escribió porque su hermano A le estaba molestando:

ImagenMucha veces también nos escribe cartas o cómics cuando estamos trabajando encerrados en el “despachito” de casa (con un acertado instinto de que en esos momentos estamos “más lejos” de lo que parece y de que la carta puede aliviar la espera y acortar la “distancia”) y nos las entrega en cuanto salimos. Así que la idea de los buzones fue muy bien recibida. Basta una caja de cartón rescatada de la bolsa de reciclaje (por ejemplo, una de cereales), una pequeña abertura para insertar las cartas y un cartel que indique a quién le pertenece el buzón:

buzon niños

 Para que la correspondiencia fluyera pusimos dos, claro: uno en la puerta de la habitación de R y A y otra en la que nosotros compartimos con la pequeña O.

En seguida empezamos a recibir conjuros, listas, cómics, dibujos por parte de R y dibujos y más dibujos de A porque, al fin y al cabo, el dibujo es otro lenguaje igual de válido (y si no que se lo pregunte a Maito Panduro). Correspondimos con las mejores intenciones: es difícil poner la creatividad de un adulto a la altura de la de un niño.

En todo esto hay que agradecer la colaboración de los abuelos que se han entregado a la correspondencia epistolar con sus nietos de una manera más que loable, enviando joyas como estas (de las que se merece una mención especial el herbario del abuelo U):

abuelaabueloDSCF3712

La lectoescritura tiene sentido, ¡vaya que si lo tiene! Aunque a veces en nuestros intentos de enseñársela se nos olvide hasta nosotros.

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