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Masa Gak… ¡jugando con mocos de gorila!

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¡Ojalá tuviéramos más tiempo para jugar y experimentar con los niños! La triste realidad es que tenemos más ideas de actividades que hacer con nuestros hijos que tiempo para llevarlas a cabo. Aún así, cuando vi el libro de Asia Citro, 150 actividades para jugar sin pantallasen en una librería no pude resistirme a comprar. ¿Por qué? Porque está lleno de recetas insólitas, gamberras, pero con su puntito científico, para realizar, por ejemplo, ese magnífico flubber con el que todos disfrutamos de niños, pintura comestible, hinchable, lanzatapones, agua radiante, gelatinas sensoriables…

El estreno fue con la masa Gak: si la aprietas es solida, pero si no ¡se vuelve viscosa! Es fácil de improvisar porque los ingredientes son maicena (2 tazas y cuarto), champú (media taza), colorante alimentarios (vale el de la paella…) y entre 6 y 9 cucharadas de agua.

ingredientes

Elaboración:

  1. Ponemos la maizena en un bol.
  2. Mezclamos el colorante con el champú.
  3. Añadimos el champú a la maizena y removemos. La mezcla será quebradiza.
  4.  Añadimos el agua poco a poco, una cucharada cada vez . Mezclamos hasta obtener una bola que se derrite lentamente entre los dedos mientras la sostenemos. Añadiremos más agua si vemos que no hemos conseguido esta textura.
  5. Si la masa se reseca mientras jugamos, basta con humedecerse las manos para rehidratarla.

las manos en la masa

 

Consejos.

Si te pasas de agua y la mezcla queda demasiado pegajosa echa más maizena. Si queda demasiado quebradiza, echa más agua.

La masa se conserva varios días a temperatura ambiente, pero puede que cuando vuelvas a jugar con ella necesites rehidratarla.

moco de gorila

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Aunque Citro da algunas ideas extra sobre cómo elaborar variaciones de la masa o añadidos interesantes (cortarla con cuchillos de plastilina, introducir figuritas dentro, etc.) para alargar la diversión, nuestros niños (¡los tres de nuevo, porque con este experimento conseguimos ganarnos de nuevo al mayor!) jugaron horas con “el moco de gorila”.

 

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Recuperar la calle

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En esa visión apocalíptica de que los niños de ahora están peor educados que los de antes (argumento esgrimido por las sucesivas generaciones desde tiempos de la Antigüedad clásica) la culpa siempre la tenemos los padres y las pantallas. Yo, sin embargo, creo que, de haber algo de verdad en ese argumento, la verdadera culpable es la calle. Sí, la calle. O más bien, su ausencia.

Uno de los argumentos para condenar la educación familiar actual es que “los niños no saben estarse quietos”. Pero… calculemos. Están, como poco, 7 horas de su día “quietos” en el colegio. Luego “quietos” o como mucho con un movimiento pautado por otro profesor en una extraescolar. Los que vuelven directamente a casa, tampoco lo tienen mucho mejor: o lo más quietecito posible en nuestro pequeños pisos de ciudad en el que un grito de niño se escucha en todo el edificio de paredes de papel o “confinado” en un espacio de 20 metros por 30 con otras cuarenta criaturas si prefieren pasar un rato en cualquier parque de las grandes ciudades. Luego a la cama, y vuelta a empezar.

Desde luego son mucho los padres que ya han captado que ese exceso de energía que muestran los niños (y que algunos llaman TDHA o muy elocuentemente “síndrome del niño de ciudad”) y que a tantos les resulta tan molesto (ya cantaba Serrat hace 30 años: “Niño,deja ya de joder con la pelota. Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca) no es, en realidad, ningún exceso. Es la energía natural de un niño, que antes pasaba más desapercibida porque los niños… ¡pasaban mucho más tiempo en la calle! Pero no de cualquier manera, pasaban más tiempo en la calle sin la supervisión de un adulto. No por negligencia paterna, sino porque la calle antes era mucho más segura antes (o eso creemos) y por eso los niños podía jugar, gritar, saltar, ensayarse con la vida, sin el eterno ojo familiar clavado en la nuca. Obviamente, ampliando el espacio de convivencia los niños resultaban mucho menos “molestos” y “malcriados” a los adultos porque una vez que volvían a entrar en espacios cerrados y se necesitaba que volvieran a estar quietos ya habían tenido tiempo para sí mismos, para descubrir, desfogar y vivir sus aventuras. Y después de estos pequeños momentos de libertad, también los requerimientos adultos (estate quieto, quédate callado) eran mucho más tolerables para los niños.

Hay quien ya ha dicho esto antes y mucho mejor. Leed este libro de Marta Román Rivas, ¡Hagan sitio, por favor! La reintroducción de la infancia en la ciudad. Román Rivas señala también (como ya ha hecho muchas veces José Antonio Marina) que a un niño lo educa la tribu entera (parafraseando el mítico proverbio africano). Esto en los enjambres de las grandes ciudades parece irrealizable. Pero si contemplamos estas grandes ciudades como pequeños pueblos unidos, cada cual debería recuperar su parte de responsabilidad de la educación y la seguridad de los futuros ciudadanos del mundo. Que nadie se escandalice, no estamos pidiendo que un extraño le dé a nuestro hijos clases de urbanidad o buenos modales. La ayuda versa, simplemente, en actos tan cotidianos como verificar que un niño que va solo al colegio, pasé por delante de mi comercio como hace todos los días (en esto se basan programas del Ayuntamiento de Madrid como “Madrid a pie, un camino seguro al cole“)

Esto que probablemente parece un exceso de responsabilidad para muchos, sucede de manera espontánea en las pequeñas agrupaciones. En cualquier pueblo, los niños son cuidados por todos. Si tú pierdes de vista al tuyo, siempre hay alguien que te dice que hace un minuto los ha visto pasar por esta o aquella dirección.

Afortunadamente, también en las grandes ciudades se está recuperando la conciencia de que la calle es de los ciudadanos… y no de los coches, como ha sucedido hasta ahora. Las aceras se están ensanchando, y el Ayuntamiento  cede solares para usos comunales . ¿No lo creéis? Mirad el asombroso espacio en Lavapiés, Esto es una plaza. De un solar en desuso (durante más de 30 años) pasó, en 2008  y por la intercesión de un grupo de vecinos, a un espacio comunal con huerto urbano, zona de columpios, casas en los árboles, libros, un pequeño auditorio improvisado, etc. ¿Y esto se mantiene sin la intervención del Ayuntamiento? La respuesta es un rotundo sí. Los columpios se reparan, cada uno colabora colocando algo en su sitio o limpiando la zona y el lugar siempre resulta igual de apacible y esperanzador.

esto es una plazaIMG_20170218_141647IMG_20170218_140447Esto que nos parece tan revolucionario lleva sucediendo en otros lugares mucho tiempo. En EEUU, por ejemplo, todos los parques cuentan con juguetes (sí, juguetes) comunales. La gentes los usa con responsabilidad y luego los deja en su sitio para que otros los reutilicen después.

Pero volvamos a España.  Hace unos meses nos sorprendió, en nuestro propio barrio, que un pequeño pasaje entre dos vías principales, ¡se hubiera cerrado al tráfico! Son apenas 30 metros cuadrados, pero los vecinos no hemos tardado en ocuparlo para patinar, charlar o ¡pintar en el sueño con tizas!

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¡Qué triunfo ganarle en una gran ciudad sitio a los coches! Pero aún queda mucho que hacer, para que recuperemos la calle, para que los niños (y los adultos) puedan volver a tener su espacio y todos nos resultemos los unos a los otros más “tolerables”. El primer paso ya está dado y como todo el mundo sabe es el que mas cuesta…

Cumple de cine

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Hace unos cursos en la clase de R (9 años) decidimos celebrar los cumples de forma conjunta organizándonos por estaciones. Comenzamos con los típicos parques de bolas, pero poco a poco estas citas estacionales se han convertido en una manera interesante de que nuestros hijos pasen juntos ratos fuera del mundo académico fomentando su cohesión de grupo y haciendo actividades estimulantes… cada vez más estimulantes. Juntos han escaldo, dado clases de natación, realizado experimentos científicos y ensayado con el mundo adulto en Micrópolix.

El último cumpleaños de los niños nacidos en Otoño  lo hemos celebrado con Menuda Peli. Hay muchas empresas que realizan cortos con niños pero elegimos Menuda Peli porque con ellos los niños participan en todos los ámbitos cinematográficos. Los niños son actores, claro, pero también técnicos de sonido, cámaras, directores de fotografía, montadores, etc.

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Y esto tiene especial valor si tenemos en cuenta que el grupo que les llevamos era de ¡30 niños! Partiendo de un diseño de guion previo, en menos de 3 horas  los responsables de Menuda peli consiguieron que los niños grabaran y ayudaran a montar un corto de 6 minutos; un prodigio que evidencia la mano que tienen con los niños y lo mucho que conocen el oficio. Haciendo de actores, cámaras, técnicos de sonido, maquilladores, rodando en interiores y exteriores. Hasta dio tiempo a merendar y abrir los regalos. Y al final, todas las familias estábamos invitadas a asistir al estreno de la peli: Rescate planetario.

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El éxito fue tan rotundo que toda la sala aclamó para que se proyectara la película por segunda vez. Además, en unos días Menuda Peli pule aún más el montaje (puesto que la primera versión, como hemos dicho, se hace durante la propia sesión de cumpleaños) y te lo envía a casa para que puedas volver a disfrutar una y otra vez del arte ante la cámara (y detrás de ella) de los niños. Los  invitados dijeron que había sido uno de sus mejores cumpleaños. Disfrutaron como enanos pero, lo que es también muy importante, se les trató como los pequeños adultos que comienzan a ser. Y eso es un aprendizaje que va mucho más allá de lo cinematográfico…

Juegos de relajación

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Micheline Nadeu, autora de Juegos de relajación de 5 a 12 años, nos recuerda un viejo proverbio que dice: “No dejemos de jugar porque envejecemos. Envejecemos porque dejamos de jugar”.

Ya hablamos en otro post de la importancia del juego en la educación. Pero lo cierto es que, la mayor parte de las cosas que hacemos en nuestro día a día, incluso en la vida adulta, se transformarían de “tediosas obligaciones diarias” a “maravillosos momentos” si las tamizáramos a través del juego. Pero para jugar se necesita tiempo, nos diréis. Vamos que, para jugar, se necesita estar “relajado”, palabra cuyo significado hemos perdido de vista muchos adultos.

Eso sí, muchas veces nos encerramos en gimnasios para machacarnos con algún ejercicio que cultive nuestros cuerpos, pero, al mismo tiempo, estamos buscando que libere nuestras mentes. Es cierto que el ejercicio físico sirve para las dos cosas, pero deberíamos reivindicar la plena atención a nuestras mentes también y cultivar su “sanidad” como nos empeñamos en cuidar de nuestros cuerpos (y del de nuestros hijos) con la dieta y el ejercicio. Es a través de esta cadena de pensamientos como aterrizamos en los ejercicios de relajación, como una forma de cultivar la salud de la “azotea”.

En casa, a veces lo habíamos practicado a través del juego dramático de manera tangencial, puesto que, a priori, parecía arriesgado proponerles a unos niños de 8, 5 y 3 años que “se estuvieran quietos escuchando su interior”. Pero de nuevo los niños volvieron a sorprendernos.

Desde este verano hemos introducido de vez en cuando unas pequeñas sesiones de relajación y ahora las aguardan con ilusión como nuestras sesiones de juego dramático, con las que indefectiblemente han quedado relacionadas en sus mentes.

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Nadeu nos dio varias ideas interesantes que luego hemos ido adaptando a nuestras posibilidades. Está ha sido la “tabla” de juegos de relajación que nosotros hemos adaptado, yendo de las que implican más actividad física hasta la plena quietud:

  • Tensión-distensión: consiste en seleccionar una parte del cuerpo (brazo, mano, ceño, piernas, etc.) y dar la orden de contraerla al máximo unos segundo y después relajarla de golpe (método Jacobson). La polarización extrema resulta muy grandilocuente y lúdica a los niños porque se acompaña de gestos faciales de disgusto (en la contracción) y gusto (en la distensión) que son más patentes todavía por lo extremadas. El ejercicio, además de divertido, enseña a los niños (y a los adultos) a reconocer las marcas físicas del nerviosismo o el estrés para ponerles remedio antes de explotar.
  • Respiración: es evidente que la base de la relajación es la manera de respirar. Cada inspiración repone nuestro cuerpo del oxígeno que necesitan nuestras células. Según Nadeu una buena respiración ayuda a controlar el estrés, el miedo, el dolor o la ira, incluso alivia dolores de cabeza y mareos. Puede ejercitarse marcando los tiempos de espiración (por la nariz) e inspiración (por la boca), para conseguir que sean cada vez más largas. También se puede jugar con una vela, practicando un soplido leve y controlado que mueva la llama sin apagarla (huelga decir lo complicado y tentador que resulta esto para un niño; la vela acaba apagada la mayor parte de las veces, pero el “estilo” va quedando…).
  • Postración: supondría un grado más en el relax. Puesto que está basada en dejar actuar la gravedad sobre el cuerpo. Tumbados en el suelo vamos elevando alguna parte (los brazos, las piernas) y lentamente la dejamos caer de nuevo, sin brusquedad. Se trata de concentrar también toda la atención en una parte del cuerpo y en controlar los movimiento.
  • Sacudida: esta técnica la aprendimos de nuestra profesora de danza, contac improvisación; consiste en que un compañero nos agite con mucha suavidad cada parte del cuerpo (cabeza, hombros, brazos, tripa, piernarelajada-2s, pies, etc.) como si estuviera agitando un recipiente con agua y no quisiera que se cayera una sola gota. Para los niños es importantísimo la imagen metafórica sobre la que se sustenta cada ejercicio, para que lo visualicen perfectamente. Cuando quieren practicar este ejercicio se refieren a él como “el del agua”.
  • Quietud: como actividad final puede trabajarse la quietud total, ya sea sentados o
    tumbado, con los ojos cerrados y concentrados en la respiración y las sensaciones del cuerpo. Es indispensable armarse con alguna música de relajación que resulte atractiva a los niños. Nosotros tenemos unas grabaciones con sonidos de la naturaleza (pájaros, cantos de ballenas, agua, etc.) que les chiflan.

Es increíble los resultados que tienen estas dinámicas, aunque hay que practicarlas mucho para interiorizarlas y sus muestras patentes en la vida cotidiana llegan cuando se han ejercitado mucho. Huelga decir, que las primeras veces se llega con ellas mucho más rápido a la risa que a la relajación. Pero como también nos recuerda Nadeu: “Mediante la risa y el juego, se llega a restablecer totalmente la energía”.

Iniciación literaria en educación infantil

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ilei El panorama vital nos ha sonreído siempre, pero este año también nos sonríe el laboral… Este año tengo la enorme suerte de que me hayan encomendado impartir en una Universidad una asignatura de Literatura infantil para maestros de Educación Infantil y Primaria.

Mientras la preparaba me he dado cuenta de que lo de cargar únicamente a los maestros con la responsabilidad de formar a los niños como lectores con el argumento de que las familias no son “lectores profesionales que les puedan guiar”, redunda en el mismo error que está teniendo gran parte de la sociedad: pensar que la educación se da solo en el colegio.

En realidad, me hallo rodeada de padres y madres que disfrutan con la educación de sus hijos, que se implican en ella hasta el fondo y que nunca dicen no a eso de “dar un poquito más” aunque, al mismo tiempo, sus vidas laborales les hagan muy difícil la muy nombrada (pero poco facilitada) conciliación familiar. Padres hiperformados en el arte de ser padres, que tiran de instinto, por su puesto, pero que también buscan caminos para mejorar.

En todos ellos me dio por pensar cuando abrí este curso el libro de Iniciación literaria en Educación Infantil de Ignacio Ceballos, mi manual de cabecera para impartir la asignatura de Literatura Infantil en todas las Facultades de Educación en las que he dado clase los últimos años. Como digo, siempre lo había encontrado perfecto para mis estudiantes porque, siendo un libro técnico y completísimo en la materia que trata es, a la vez, inteligente y cristalino en su estilo de redacción. “Un libro que puede leer y disfrutar cualquiera que esté interesado en la literatura infantil”, me sorprendí pensando. Por eso lo traigo hoy aquí a Creatificando. Porque sé que la mayoría de los padres sabemos la importancia  de que nuestros niños tengan un temprano contacto con la literatura, pero muchas veces no sabemos por dónde empezar, cómo elegir, y este libro nos sacará de estas y otras muchas dudas.

Iniciación literaria en Educación Infantil (ILEI, en adelante) es audaz en sus propuestas. Para empezar nos recuerda aquello de que literatura no es igual a libros. Que antes de los libros existió (y sigue existiendo) todo un caudal literario oral con el que, por otro lado, iniciamos instintivamente a los niños en la literatura. ¿Quién no le ha hecho a su bebé aquello de “Este compró un huevo” o le ha cantado “Los cinco lobitos”? ¿Y qué son estas dos retahílas sino canciones de tradición oral? Sin saberlo, así por instinto, estamos iniciando a nuestros niños en la poesía y, por ende, en la literatura. ILEI nos ayudará a saber los beneficios (no solo intelectuales sino también emocionales) que tiene la literatura de tradición oral en la vida de nuestros niños desde sus primeros momentos.

Por otro lado, ILEI nos habla de la historia de la literatura infantil y escapa a otro gran tópico que es vincularla solo a la narrativa. Para ILEI el teatro y la poesía infantiles existen (¡y vaya que si existen!) y enriquecen a nuestros niños desde muchas perspectivas. ILEI nos ofrece itinerarios de lectura de todos los géneros en dificultad creciente para que nuestros niños vayan evolucionando como receptores, primero, y como lectores individuales después. Aunque nos recuerda la importancia de nunca abandonarles en la lectura. Un niño al que le leen, nunca dejará de leer.

La tercera cuestión que me hace seleccionar una y otra vez este libro como el manual de literatura infantil definitivo, es su defensa de la creatividad infantil. Algo que cualquier padre ya sabe (que sus hijos crean espontáneamente poesía, inventan cuentos con la mayor soltura del mundo y se ponen a hacer teatro a la menor de cambio) pero que desde una perspectiva técnica a menudo se olvida y no se explota. ILEI nos ofrece un montón de ideas para trabajar y disfrutar esa creatividad literaria (poética, narrativa y teatral) innata de nuestros niños.

Ningún padre se arrepentirá de tener ILEI entre sus libros de “formación”. Descubrirá que el contacto de los niños con la literatura desde edades tempranas es el mayor facilitador de la adquisición de la lectoescritura. Pero sobre todo, le garantizará un pasaporte para el disfrute con sus hijos, y, a los niños, les ofrecerá una literatura que les abrirá ventanas para ver el mundo con otros ojos (más grandes, más empáticos) y espejos para mirarse a ellos mismos y entenderse mejor. En fin, la literatura no solo nos divierte inteligentemente (que ya es mucho decir) sino que nos hace crecer como personas.

Como padres leemos sobre nutrición, les apuntamos a deportes, nos preocupamos por subir sus defensas en invierno… Pero no solo somos corpóreos, lo sabemos todos. ILEI nos ayudará a llegar más allá.

Vacaciones campestres: País Vasco

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Iniciamos curso y las vacaciones quedan ya muy atrás pero todavía no cuesta nada revivirlas si cerramos un momento los ojos… Entonces parece que estamos ante una inmensidad verde y azul, con un hermoso caserío a nuestra espalda… Se oye a lo niños jugar (y sus gritos no parecen tan “gritos” así en campo abierto), el quiquiriquí del gallo y algún que otro rebuzno de un burro simpático. Nada más. El mundo queda lejos, a unos 6 kilómetros y nosotros estamos perdidos entre las montañas de un recóndito y encantador lugar llamado Larrago en el País Vasco.

larrago cortadavistas larragoY  no solo el entorno natural y el propio caserío merecen nuestros elogios, sino la familia que lo regenta y su amabilidad y naturalidad en el trato con nosotros y con nuestros niños (algo que no siempre encontramos en estos sitios, aun cuando parezcan estar pensados para familias desde un principio). Aquí no molestaban los gritos de júbilo, que se acariciase al burro o a la cabra, que se hicieran equilibrios circenses en lo alto de los columpios o que se lanzasen cañonazos a la portería. Todo está bien visto, o simplemente pasado por alto, porque saben lo que son los niños. Los dueños tiene cuatro.

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Es más, el primer día teníamos en nuestro apartamento dos cajones con juguetes y como una de las muñecas que encandiló a O estaba desnuda no dudaron en prestarnos un trajecito para vestirla.

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Larrago está pensado para no salir. Parece ser que, hasta no hace mucho, también tenía una pequeña piscinita para que los peques chapotearan; será reemplazada pronto, según nos dijeron, y, entonces, estoy segura de que no habrá quien saque a los niños de allí. Sin embargo, el entorno lo merece y está lleno de cultura, arte, historia y, lo más importante, de disfrute, para empapar también a los niños de otros aprendizajes: el artístico Bosque de Oma, la lección de historia de la ciudad de Guernica, el reto físico y mental de subir los 241 escalones hasta la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, los pequeños y encantadores pueblecitos de Ea, Elantxobe o Portugalete, las piraguas en la ría de Urdaibai, las mil posibilidades de acercarse a Bilbao, las cerveceras para comer tranquilamente en familia al aire libre con vistas fantásticas y con  parque infantil incorporado (especialmente genial la de San Juan de Gaztelugatxe)…

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A  llevado por el entusiasmo llegó a afirmar: “¡El País Vasco, es el mejor país!”. Y no es de extrañar, porque este verano el entorno les ha permitido experimentar con algo valioso, emocionante y extraño para un niño: su libertad. R ha comprendido perfectamente que durante las vacaciones se aprende tanto o más que durante los meses lectivos.

Burrolandia: amigos de los burros

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Más allá del reino de las tres torres, más allá de las tierras de la sabiduría autónoma, más allá del monte mágico de Viñuelas… existe un lugar donde el Burro es el rey. Pero no porque sea una monarquía asnescas, sino más bien una república donde el burro convive en armonía con su pariente noble, el caballo, algunas gallinas, algún cerdo y una vaca Watusi.

Más allá de los cuentos (cualquier acción noble hoy nos lo parece) Burrolandia es una protectora animal aletada por una asociación cultural sin ánimo de lucro, dedicada al cuidado ya la protección de estos simpáticos animales que tantos servicios le han prestado al hombre y que, hoy en día, están en peligro de extinción.

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Todos los domingos abren sus puertas de 10 a 14:30 de forma gratuita para que amantes de los burros acudamos a su granja y disfrutemos de una mañana en la naturaleza en un paraje impresionante de Soto de Viñuelas.

Una vez allí los niños pueden dar paseos en burro, montar en calesa o alimentar a los animales con las cestas de comida que los voluntarios de Burrolandia venden. Estas actividades, junto al merchandising (camisetas, cremas de leche de burra, mochilas, etc.) suponen una de las bases de ingreso para que la Asociación pueda seguir continuando su labor, recogiendo y cuidando a los animales abandonados o maltratados.

Burrolandia cuenta también con un huerto y un chiringuito súper auténtico donde tomarse un piscolabis (ese rico bocadillo de panceta o choricito que sabe tan bien en la naturaleza). Además, es petfriendly así que todos: niños, mayores y mascotas, pueden disfrutar de una preciosa mañana de domingo.

Cabras y quesos en Colmenar Viejo

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Hace unas semanas repetimos con los/as chicos/as de Enclave Medioambiente. Esta vez se trataba de, además de hacer en familia una senda por la cañada del Zahurdón, en el entorno natural de Colmenar Viejo, conocer a Rafa y su proyecto de explotación ecológica de cabras: la finca Suerte Ampanera.

Enclave nos citó en el puente medieval de Colmenar y, ya para empezar, tuvimos el gusto de ver cómo han crecido desde que les conocimos. ¡La convocatoria había tenido tanto éxito que tuvieron que desdoblar la visita en dos fines de semana! El paseo hasta Suerte Ampanera, como siempre, estuvo amenizado por la explicaciones de Dani, nuestro guía de Enclave, que con mucha mano izquierda y simpatía nos embaucó tanto a adultos (lo fácil) como a niños (el “más difícil todavía”).  Dani nos retó a encontrar cinco plantas distintas y, así de paso que los niños ejercían de Sherlock naturalistas, aprendimos la flora del entorno.

Pero lo que de verdad hizo entrar a los niños en éxtasis fueron… ¡las cabras! 1500 cabras que, limpias y brillantes, pastaban a sus anchas por la finca. Impagable el momento en que O, de dos años, agarrando la cara de una de las cabras y mirándola tiernamente a los ojos le dijo: “Carita bonita”.

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Mientras Rafa nos contaba a los  visitantes lo que supone transformar una pequeña granja familiar de apenas 50 cabras en un negocio ecológico y rentable de 1500, las cabras pastaban a nuestro alrededor a sus anchas mientras que los pequeños les daban “aperitivos” entusiasmados.

Lo alucinante no fue solo la paciencia, tolerancia e, incluso, cariño con el que trataron y consintieron a los niños: enseñándoles cómo se ordeña a la cabras o dejándoles coger a los cabritillos.   Lo verdaderamente impresionante, lo que reconcilia con el mundo cuando uno se siente de vez en cuando “de vuelta”, es que haya gente por el mundo que todavía trabaja con unos ideales que están por encima del dinero, que piense en una buena manera de ganarse la vida para los de cerca y para el “ahora”, pero igualmente óptima para todos los demás y para el mañana.

IMG_20160313_134334Y para acabar la visita nos dejaron probar sus quesos y yogures… ¡Ummm, qué ricos! Nos quedamos con ganas de más, así que nos llevamos dos quesos, un yogur y 12 huevos a casa.

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Taller de habilidades socioemocionales

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Desde hace unos meses las familias de la clase de R (8 años) venimos comentando que los niños se nos están haciendo “mayores”. Entre otras cosas porque “de pronto” son muy conscientes de cuándo los demás invaden su espacio personal y les causan algún daño con algún comentario o conducta que no son de su agrado. Esto es una evolución evidente en su percepción del mundo y en su interacción con él. Notan que algo les agrede y quieren reaccionar ante ello. Antes, estas situaciones eran muy minoritarias; para ello ayuda también la poca memoria que tenemos en los primeros años de nuestra vida para generar rencor o resentimiento, inseguridades adquiridas, etc.

Ahora, sin embargo, este “me han hecho/me han dicho” está de actualidad. Aunque frecuentemente a nosotros, sus padres, nos llegan estos pequeños (y a veces no tan pequeños) malestares porque no han sabido manejar la situación in situ. Síntoma de que, obviamente, estamos en mitad del camino y no en la meta.

Por otro lado, la posición de víctima es solo la mitad del fenómeno. En el otro lado está el “agresor”; un agresor involuntario en gran parte de los casos que, bien por falta de empatía, bien porque no capta el grado de sensibilidad del otro, ni siquiera sabe que está infringiendo un daño. En otros tantos casos, sí comienzan a ser conscientes y es una manera de medir límites y de gestionar liderazgos. Desde luego,también maduran nuestros niños durante la prueba de los límites de la crueldad. Todos lo hemos hecho así,  tanteando. Según nuestros caracteres, nos ha tocado a veces ser un poco más víctima y otras veces un tanto más verdugo. Y en la mayoría de los casos no ha llegado la sangre al río.

Sin embargo, hoy muchos tenemos la idea de que la Educación debe abarcar mucho más que las materias instrumentales (lengua, mates, cono, inglés…). Hay mucho que aprender sobre cómo gestionar nuestras emociones, la empatía, la inteligencia intra e interpersonales y las habilidades socioemocionales y esos aprendizajes pueden mejorar exponencialmente nuestra calidad de vida y la de los que nos rodean. En otros países  ya se están llevando a cabo programas de prevención, por ejemplo, del acoso precisamente con el entrenamiento en estas habilidades de identificar los sentimientos en los demás y obrar en consecuencia a través del fomento de la empatía. El programa finlandés Kiva es un buen ejemplo.

Así pues, propuse a la maestra de la clase de R que me prestara alguna de sus horas para poner un taller de habilidades socioemocionales en marcha con los niños. Aceptó y hay que reconocer por escrito su infinita generosidad y su auténtica vocación por la enseñanza y sus niños. Cederme esas horas es para empezar un acto de confianza en mis posibilidades, y supone que comprende, como tantos, la importancia de la Educación en estas materias. Pero en su caso es especialmente valioso el gesto porque su cesión le acarreará de hecho algunos problemas con su apretada programación. Mi más sincero gracias.

Hace un par de semanas tuvimos nuestra primera sesión. Los niños habían sido avisados de mi visita pero no sabían exactamente qué venía a hacer. Prácticamente todos los años vamos a contarles cuentos (hay que aprovechar el oficio para los nuestros), así que supongo que se sorprendieron cuando entraron en su aula tras el recreo y escucharon que sonaba música y que sobre sus pupitres había corazones de cartulina. IMG_20160217_113917

Nada más entrar muchos ya se colgaron el corazón. Buen pálpito. Les conté que mi visita esta vez era diferente. Que me mandaba el CEIYE (Centro Español de Inteligencia y Espionaje) porque teníamos una misión: muchos adultos no habían aprendido a “comportarse” de niños y ahora solucionaban sus problemas creando guerras o, incluso, se olvidaban de reciclar (impagable la cara que pusieron cuando mencioné esto segundo, ¡no daban crédito!). “Vosotros ahora sois niños”, les dije, “pero dentro de 20 años seréis los futuros presidentes de gobierno, profesores, médicos, enfermeros, cuidadores, panaderos, publicistas, abogados (cada uno iba añadiendo su pretendida profesión futura…) y para entonces vosotros tendréis que resolver algunos problemas que habrán dejado los adultos de hoy por no gestionar bien algunas cosas”.

La llamada de atención a su futura responsabilidad les puso tiesos en las sillas (es increíble las ganas que tienen de comerse el mundo y lo bien que aceptan los cabos que se les tiran). Pasamos a “un ejemplo” concreto para que comprendieran mejor su misión. Ahora sí les conté un cuento: Oliver Button es un nena de Tomie de Paola.

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Una magnífica historia sobre el valor de la diversidad y cómo a veces nos empeñamos en ver defectos donde podemos ver virtudes. La historia me interesaba también porque en ella pueden verse diferentes actitudes ante las injusticias que cometemos sobre los demás. Desde la más pura y cruel acción,  pasando por la simple connivencia (a veces tan perniciosa o más que la acción) hasta la empatía y la oposición a la injusticia.

Cuando acabamos reflexionamos todos juntos sobre la historia. Todos tenían muchas ganas de hablar sobre lo injusto que es meterse con alguien por ser diferente, sobre la diferencia como algo inherente de cada una de nuestras personalidades, sobre la riqueza de esa diferencia. El éxito total de intervenciones sobrevino cuando les pregunté si alguna vez se habían sentido como Oliver, si alguien les había dicho o hecho algo que les hubiera causado malestar. A todos, sin excepción les había pasado, y todos manifestaron haberse sentido fatal. El doble salto mortal supuso preguntarles si ellos alguna vez habían dicho o hecho algo que hubiera herido a alguien. Ahí costó entrar. Hacer examen de conciencia es dificilísimo sobre todo porque hacer daño a otro se olvida al minuto, pero cuando nos lo hacen a nosotros, y a estas edades, nos lo guardamos muy dentro. Sin embargo, algunos valientes empezaron a “confesar” (situaciones que por otro lado eran de lo más inocente) y así se creó un clima de que “la cosa se había hecho pero no se iba a volver a hacer porque ahora sabíamos lo que duele”.  Y si volvían a pasar, ahora todos sabían que debían defender a aquel que estaba sufriendo y no cruzarse de brazos o darle la razón “al abusón”.

Huelga decir que los niños (y yo) hubiéramos necesitado mucho más de tres cuartos de hora para llegar al fondo de la cuestión, pero como primera tentativa lo consideré un éxito.

Ahora que ya sabíamos cómo debíamos comportarnos con los demás, debíamos darnos cuenta también de que, para estar bien con los demás teníamos que estar bien primero con nosotros mismos. Para ello comenzamos dándonos un súper autoabrazo y, de paso, decirnos unas cuantas cosas bonitas. Después, cada uno escribió su nombre en mayúsculas en su corazón de cartulina y enseguida lo pasó por la clase para que los compañeros pudieran escribirle en él alguna de sus virtudes. Claramente esta parte fue la que más disfrutaron. Todos querían escribir en el corazón de todos y cuando acabamos cada uno portaba su pedazo de cartulina en las manos como un auténtico tesoro. Y lo era. Ahora tenían por escrito un montón de palabras que les llenarían de buena energía en los buenos y malos momentos. Ahora sabían que todos sus compañeros (algunos, buenos amigos; otros, tal vez no tanto) les valoraban y les consideraban únicos por algo.

IMG_20160217_123013El clima estaba creado: salieron del aula y muchos seguían lanzándose piropos… Pero como todos los aprendizajes con un día no basta. Si ha tenido su valor ha sido por ser una experiencia en grupo, con los compañeros con los que comparten cada día su tiempo. Esperamos, por eso, que ayude a fortificar las enseñanzas individualizadas que todos los padres les inculcamos desde casa. Y que estos niños nuestros sean más inteligentes que sus predecesores y no caigan en nuestros errores.

Trabajo por proyectos: civilización egipcia

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Muchos habréis oído ya hablar de los beneficios del trabajo por proyectos. Para los que no:

1. Una visión política vinculada a la democracia radical, donde la ciudadanía se erige en protagonista activa en la toma de decisiones respecto a los asuntos que les conciernen. De igual modo, en la escuela el alumnado expresa libremente su voz y aprende a tomar decisiones y responsabilidades

2. Una visión educativa, que considera a la institución escolar como parte de una comunidad de aprendizaje abierta, donde los individuos aprender con y de los otros, donde la investigación sobre lo emergente tiene un papel fundamental en estos intercambios. 

3. Una visión curricular basada en el currículo integrado transdisciplinar, donde las decisiones son fruto de un diálogo continuo con el conocimiento, las distintas realidades, los centros y los sujetos, y no resultado de una imposición de la Administración, plasmada en los libros de texto o condicionada por los intereses profesionales del profesorado. 

4. Una perspectiva del conocimiento que estimula el deseo continuo de investigar y aprender del alumnado, dentro y fuera de la escuela, con la lupa puesta en la complejidad del conocimiento vinculado a una mayor comprensión de la realidad. 

(Fernando Hernández y Montserrat Ventura, La organización del currículo por proyectos de trabajo, Barcelona: Octaedra, 2008)

Este modo de enfocar los contenidos está cada vez más en boga en Infantil y muchos colegios, públicos y privados, lo están adoptando con grandes dosis de valentía y honestidad profesional, puesto que para el maestro implica trabajar mucho más (recordemos que no se trabaja con libros de texto sino con los materiales que prepara el propio maestro). Sin embargo, los resultados son tan asombrosos que convencen al más perezoso.

Para empezar, se trata de testar los intereses de los niños mediante una asamblea, preguntarles a ellos mismos sobre qué quieren trabajar. Las respuestas, obviamente, serán de lo más peregrinas y divergentes: dinosaurios, superhéroes, piedras preciosas, lunares o cocodrilos. No importa, si partimos de sus intereses, contamos con su motivación y el trabajo va a ser mucho más provechoso y rápido que si tenemos que embutirles los conocimientos, como si en vez de hablar de niños estuviéramos hablando de salchichones… A continuación, el maestro debe idear una serie de actividades sobre el tema elegido por los niños donde se trabajen de manera integrada (y no como compartimentos estancos como suele ser la habitual transmisión por asignaturas) todas las áreas de Infantil: Conocimiento de sí mismo y autonomía personal, Conocimiento de entorno y Lenguajes: comunicación y representación.

El maestro debe sugerir más que enseñar: muestra los materiales pero son  los niños los que sacan las  conclusiones. Él, pues, será un guía en ese aprendizaje en el que los niños avanzan en los contenidos por sus propios medios y cada uno a su ritmo. Esto no significa, como digo, menos trabajo para el maestro. Al contrario, tener el tacto, la sensibilidad y la creatividad para buscar y elegir los materiales y actividades ideales para el proyecto; ir guiando a los niños no cayendo en la tentación de intervenir demasiado; solo lo justo para desencallar a los que se atascan y dar alas a los que quieren volar y teniendo la escucha suficiente para advertir cuando el tema se agota y llega la hora de pasar al siguiente. Un referente en todo esto es la maestra y psicopedagoga Mari Carmen Díez Navarro, que en su libro El piso de abajo de la escuela, nos cuenta el día a día con sus niños en la Escuela Infantil donde trabajan amparados por esta metodología.

Dentro de nuestro plan de verano surgió la idea de trabajar sobre la civilización egipcia. R había estado leyendo en el cole la historia de Cleopatra, Marco Antonio y César y había quedado muy impresionado (a todas las edades nos atrae lo culebronesco…). Aprovechamos el tirón; sabiendo además que en Madrid teníamos a nuestra disposición la magnífica exposición Animales y Faraones en el CaixaForum Madrid que podía ser una inmejorable guinda para nuestro proyecto/pastel.

Han sido dos semanas donde de manera natural hemos ido introduciendo conversaciones y actividades sobre Egipto. R nos contó todo lo aprendido en clase sobre la reina de Egipto, el río Nilo y los dioses. Vimos en familia las fotografías del viaje que G y yo hicimos a Egipto hace unos años: R quedó muy impresionado al saber que habíamos estado dentro de una pirámide; también les impresionó que los egipcios de hoy ¡¡¡vistieran normal!!! Vimos todos juntos Astérix y Cleopatra (desde luego no suele haber lección de historia más amena que las que nos traen Goscinny y Uderzo). La abuela A les regaló muy oportunamente un libro sobre la civilización egipcia y de ahí sacamos nuestros nombres traducidos al “jeroglífico” que ahora adornan las puertas de nuestros cuartos:

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Y por fin, llegó el momento de visitar la exposición. Hay que decir que el secreto de nuestro éxito, en este caso, se debe que a previamente G y yo habíamos visitado la exposición. A nivel “adulto” nos pareció magnífica, pero nunca se me hubiera ocurrido lo buena que podía ser para los niños hasta que la insertamos dentro del proyecto de Egipto. Hay que decir también que CaixaForum se esmera siempre en que sus exposiciones no solo sean visuales sino toda una experiencia sensorial. En esta nada más entrar, te dan la bienvenida los “divinos” animales disecados y al fondo se ven unos paneles en forma de columna que dan la sensación de estar en el mismísimo templo de Luxor. Además, de disfrutar de los animales esculpidos, la exposición tiene su punto macabro, tan del gusto infantil, con las momias de gatos, cocodrilos, ibis, etc. Y al final, una sala especial para los niños donde pueden diseñar su propio dios-animal u objeto zoomorfo, además de jugar con un programa interactivo.

A diseñando su hipoáguila

A diseñando su hipoáguila

R dibujando su hipocabra

R dibujando su hipocabra

Nunca nos había pasado que nos echaran de una exposición… ¡por el propio interés de los niños que no querían moverse de allí!

Con el proyecto de Egipto los niños han aprendido Historia, han practicado la lectoescritura con sentido, han valorado y creado obras artísticas, han puesto en práctica la comunicación oral, han aprendido nuevo vocabulario… ¿alguien da más?