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Iniciación literaria en educación infantil

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ilei El panorama vital nos ha sonreído siempre, pero este año también nos sonríe el laboral… Este año tengo la enorme suerte de que me hayan encomendado impartir en una Universidad una asignatura de Literatura infantil para maestros de Educación Infantil y Primaria.

Mientras la preparaba me he dado cuenta de que lo de cargar únicamente a los maestros con la responsabilidad de formar a los niños como lectores con el argumento de que las familias no son “lectores profesionales que les puedan guiar”, redunda en el mismo error que está teniendo gran parte de la sociedad: pensar que la educación se da solo en el colegio.

En realidad, me hallo rodeada de padres y madres que disfrutan con la educación de sus hijos, que se implican en ella hasta el fondo y que nunca dicen no a eso de “dar un poquito más” aunque, al mismo tiempo, sus vidas laborales les hagan muy difícil la muy nombrada (pero poco facilitada) conciliación familiar. Padres hiperformados en el arte de ser padres, que tiran de instinto, por su puesto, pero que también buscan caminos para mejorar.

En todos ellos me dio por pensar cuando abrí este curso el libro de Iniciación literaria en Educación Infantil de Ignacio Ceballos, mi manual de cabecera para impartir la asignatura de Literatura Infantil en todas las Facultades de Educación en las que he dado clase los últimos años. Como digo, siempre lo había encontrado perfecto para mis estudiantes porque, siendo un libro técnico y completísimo en la materia que trata es, a la vez, inteligente y cristalino en su estilo de redacción. “Un libro que puede leer y disfrutar cualquiera que esté interesado en la literatura infantil”, me sorprendí pensando. Por eso lo traigo hoy aquí a Creatificando. Porque sé que la mayoría de los padres sabemos la importancia  de que nuestros niños tengan un temprano contacto con la literatura, pero muchas veces no sabemos por dónde empezar, cómo elegir, y este libro nos sacará de estas y otras muchas dudas.

Iniciación literaria en Educación Infantil (ILEI, en adelante) es audaz en sus propuestas. Para empezar nos recuerda aquello de que literatura no es igual a libros. Que antes de los libros existió (y sigue existiendo) todo un caudal literario oral con el que, por otro lado, iniciamos instintivamente a los niños en la literatura. ¿Quién no le ha hecho a su bebé aquello de “Este compró un huevo” o le ha cantado “Los cinco lobitos”? ¿Y qué son estas dos retahílas sino canciones de tradición oral? Sin saberlo, así por instinto, estamos iniciando a nuestros niños en la poesía y, por ende, en la literatura. ILEI nos ayudará a saber los beneficios (no solo intelectuales sino también emocionales) que tiene la literatura de tradición oral en la vida de nuestros niños desde sus primeros momentos.

Por otro lado, ILEI nos habla de la historia de la literatura infantil y escapa a otro gran tópico que es vincularla solo a la narrativa. Para ILEI el teatro y la poesía infantiles existen (¡y vaya que si existen!) y enriquecen a nuestros niños desde muchas perspectivas. ILEI nos ofrece itinerarios de lectura de todos los géneros en dificultad creciente para que nuestros niños vayan evolucionando como receptores, primero, y como lectores individuales después. Aunque nos recuerda la importancia de nunca abandonarles en la lectura. Un niño al que le leen, nunca dejará de leer.

La tercera cuestión que me hace seleccionar una y otra vez este libro como el manual de literatura infantil definitivo, es su defensa de la creatividad infantil. Algo que cualquier padre ya sabe (que sus hijos crean espontáneamente poesía, inventan cuentos con la mayor soltura del mundo y se ponen a hacer teatro a la menor de cambio) pero que desde una perspectiva técnica a menudo se olvida y no se explota. ILEI nos ofrece un montón de ideas para trabajar y disfrutar esa creatividad literaria (poética, narrativa y teatral) innata de nuestros niños.

Ningún padre se arrepentirá de tener ILEI entre sus libros de “formación”. Descubrirá que el contacto de los niños con la literatura desde edades tempranas es el mayor facilitador de la adquisición de la lectoescritura. Pero sobre todo, le garantizará un pasaporte para el disfrute con sus hijos, y, a los niños, les ofrecerá una literatura que les abrirá ventanas para ver el mundo con otros ojos (más grandes, más empáticos) y espejos para mirarse a ellos mismos y entenderse mejor. En fin, la literatura no solo nos divierte inteligentemente (que ya es mucho decir) sino que nos hace crecer como personas.

Como padres leemos sobre nutrición, les apuntamos a deportes, nos preocupamos por subir sus defensas en invierno… Pero no solo somos corpóreos, lo sabemos todos. ILEI nos ayudará a llegar más allá.

Nunca es demasiado pronto para seguir leyendo: libros mágicos para niños a partir de un año

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Con el título de la entrada nos hacemos un “autoguiño” a cuando hace ya más de un año hablábamos de que nunca es demasiado pronto para empezar a leer. Entonces nuestra pequeña O de seis meses ya interactuaba con los libros para bebés, con sus texturas, formas, colores. Hoy, a falta de un par de meses para que cumpla los dos años, podemos decir que es una lectora empedernida.

leyendo

Pero, ¿cómo?, se preguntarán algunos, ¡si todavía no sabe leer! Bueno, les responderían los entendidos en la materia, es que para convertirse en lector no hace falta saber leer. Hay toda una fase previa en la que el niño se familiariza con libros que están a su alcance y que, a su manera, también lee. Son los llamados libros para prelectores. Algunos como los pop-up o los libros de texturas y demás librosjuego sirven, en la mayoría de los casos, para que el niño se familiarice con el objeto, para que interactúe con él, a veces él solo y a veces con ayuda del adulto.

Dos clásicos para esta edad serían ¡Fuera de Aquí, horrible monstruo verde! (uno de los imprescindibles de O) de Ed Emberly, donde gracias a los “conjuros” del libro vamos “deshaciendo” la presencia del horrible monstruo hasta acabar triunfalmente con él.

 horrible monstruo

Y también Un libro de Hervé Tullet, donde el niño debe seguir unas sencillas instrucciones que irán transformando el libro.

un libro

Dejando al margen los librosjuego, otros libros ya introducen un cierto grado de narración en la que es necesario (¡y tan beneficiosa!) la lectura con el adulto. Es lo que se conoce como “lectura a cuatro manos” y sus beneficios, como decimos, van mucho más allá del simple (aunque tan valioso) hábito lector o del propio disfrute con la literatura. En estos libros la ilustración juega un papel determinante puesto que, lejos de estar solo como mero adorno del texto, interactúan con él añadiendo información, mostrando acciones paralelas a las de la narración o contradiciéndolo incluso generando una doble lectura. Y la lectura es como decimos “a cuatro manos” porque mientras que el adulto presta su sabiduría lectoescritora al tándem niño-adulto, el niño descifra la imagen comprendiendo los juegos e implicaciones que hay entre lo que el adulto narra y lo que él observa. Se trata de la alfabetización en imágenes, tan importante como la alfabetización en lectoescritura. El niño tiene su función dentro del equipo lector y las conexiones e inferencias que debe realizar para seguir las relaciones entre texto e imagen son, no solo beneficiosas para sus propio proceso madurativo y su creatividad, sino para el propio proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura.

Podríamos hablar de muchos ejemplos aquí, pero como se trata de crear el itinerario de lecturas que está siguiendo O proponemos Cosita Linda de Anthony Browne. Todo lo de este autor es pura magia, sensibilidad y acierto. Pero Cosita linda es perfecto para estos primeros lectores porque su trama argumental en mínima, es más intuitiva puesto que la narración está más centrado en las emociones, sobre todo en la ternura. Al momento de abrirlo los niños (y los adultos) se enamoran literalmente del gorila y la gatita protagonistas.

cosita

Este tipo de libros se conocen técnicamente como álbumes ilustrados. A veces la historia se narra siemplemente con imáganes y entonces estaríamos hablando de álbumes mudos.

Un estupendo ejemplo de este último sería El globito rojo de Iela Mari, uno de los favoritos de O. La narración entre el niño y el globo juguetón que no para de metamorfosearse en los más variopintos objetos transcurre solo en imágenes. El niño puede observar por sí mismo la progresión de la “historia” pero el adulto puede adornarla con una improvisada narración. Hay quien ha hecho de esto puro virtuosismo.iela-mari-pallocino

Como se puede observar, el que no lee es porque no quiere, no porque no existan verdaderas joyas. Lo bueno, además, es que están pensadas para cada estadio lector, sin que ninguno deje de ser una pequeña obra de arte que sacude igualmente la sensibilidad del adulto, y para que el niño avance en sus experiencias lectoras de una manera natural. Y disfrutando, siempre disfrutando.

(Casi) Arte: la creatividad infantil entre el cielo y el suelo

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 Estaba a punto de gritarle, pero enmudeció cuando vio la habitación de Marisol. Se quedó atónito mirando aquella exposición [con todos sus dcasiibujos].

-Este es uno de mis favoritos – señaló Marisol.

– Pretendía ser un jarrón con flores, – dijo Ramón – aunque no lo parezca.

-Bueno, ¡parece un CASI-jarrón!- exclamó ella.

– ¿Un CASI-jarrón?

Ramón se acercó aún más.

Miró con atención todos los dibujos que había en la pared y comenzó a verlos de una manera completamente nueva.

– CASI… son- dijo.

Ramón se sintió inspirado y con fuerza. Al permitirse el CASI, las ideas le fluían libremente. Comenzó a dibujar lo que sentía, sin penar, con trazo seguro. Y sin preocuparse.

Ramón comenzó, de nuevo, a dibujar lo que veía a su alrededor. Haciendo CASI-dibujos se sentía maravillosamente bien. Dibujó cuadernos enteros. Un CASI-árbol. Una CASI-casa. Un casi-barco. Un CASI-atardecer. Un CASI-pez. Un CASI-sol.

Casi, Peter Reynolds

En casa no hemos pasado todavía ningún “bloqueo creativo” como el de Ramón, precisamente quizás porque Ramón ha estado “presente” en nuestras vidas desde muy pronto. Ramón, su “padre” Peter Reynols y también otros personajes de sus libros como Vashti de El punto. Todos trabajando en conjunto para fomentar la creatividad de los niños, para luchar contra los tiempos que nos dicen que el arte, la música, la literatura no son útiles, no sirven para nada, nos condenarán al hambre si nos dedicamos en cuerpo y alma a ellos… En fin, creo que la “letanía” es conocida por todos.

Pero olvidamos algo que también nos recuerda Peter Reynolds en la última frase de su libro…

“Ramón se sintió casi-feliz…”

Ken Robison dijo lo mismo con otras palabras:  “descubrir tu pasión lo cambia todo“. Te realiza como persona, equilibra tus emociones y mejora tu vida en muchos otros aspectos. Se conviertan o no en tu profesión, Robinson propugna que debemos ser fieles a estos impulsos creativos que pertenecen propiamente a nuestra condición humana. Es decir, no escuchándolos negamos en parte esta condición.

Eso sí… Siempre manteniéndonos en un virtuoso equilibrio entre la practicidad que nos demanda la sociedad y los tiempos y nuestros propios impulsos y deseos, que nunca están sujetos a leyes o raciocinios. Lo cual no es nada sencillo para el propio adulto cuanto menos cuando lo que está en “juego” son los niños y su percepción de la realidad y el futuro.

Indudablemente nuestros hijos sienten pasión por el dibujo. Así que invierten gran parte de su tiempo en este casi-arte. Para ellos no es una cuestión de elección, es casi como respirar: lo necesitan. Aún no están sometidos (del todo) a las reglas del mundo adulto así que se entregan a ello sin complejos ni culpabilidad. Es lo “normal” (si es que algo puede ajustarse del todo a esa palabra).

Nuestro papel es complicado: tolerar, conducir y fomentar este impulso creativo (incluso en contra de nuestro impulso racional) al mismo tiempo que “ponerles un poco los pies en el suelo” en todo lo que respecta a sus subsistencia (comer, dormir, aprender…).

Por supuesto, también para nosotros es más fácil (y agradecido) fomentar su casi-arte que tirar de ellos para abajo… Pero en eso consiste el “oficio” de padre…

Aquí está su última exposición:

casi arte de R

Casi-arte de R

casi arte de A

Casi-arte de A

 Pensándolo bien, no se está mal así… Entre el cielo y el suelo… porque como dijo Aristóteles: la virtud siempre está en el justo medio.

Leer por placer: Las aventuras del capitán calzoncillos

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Esto que parece casi una tautología (“leer por placer”) se está convirtiendo para los niños de Primaria en un imposible. Los adultos seleccionamos las lecturas que les ponemos al alcance con un criterios que, en muchos casos, está muy alejado de lo que los niños encuentran “placentero”. Para “librarles” de las lecturas de merchandising o de los bestsellers infantiles les arrojamos en brazos de las patas con trastornos de personalidad, los osos celosos, los niños discriminados o tontamente rebeldes (que acaban con escarmientos ejemplares) y demás “literaturas” dominadas 100% por los criterios emocionales y las moralejas simplonas. Son, en muchos casos, libros hechos ad hoc para los planes de lectura de las editoriales, donde se olvida, o se deja en un lugar muy secundario, la calidad literaria y el placer de leer. Y no es que estos libros tengan que desaparecer. Están bien para casos puntuales pero no deben dominar el panorama de lecturas que les ofrecemos a nuestros pequeños.

Olvidamos que, sin embargo, también casi todos los libros buenos esconden valores. Digo esconden porque no nos los plantifican en la cara desde el título sino que los presentan como están en la vida: te salen al paso o quedan como un poso cuando cierras la última página. Hacen falta más libros donde los niños se comporten como niños y tengan los mismos problemas que tienen los niños normales. Esos son los libros que los niños encuentran divertidos. Un ejemplo de estos libros son la colección de aventuras de El capitán calzoncillos de Dav Pilkey:

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Los libros están protagonizados por Jorge y Berto, dos niños un poco trastos, pero con una imaginación y creatividad desbordantes y contagiosas. Algo fuertemente condenado por mucho que los adultos reivindiquemos con la boca pequeña el valor de la creatividad. Hoy en día la creatividad casi está vista como un elemento disruptor: un niño que se sale con una respuesta “original”,  distinta a la esperada por los adultos, no es un niño creativo, con un valioso pensamiento divergente sino un “graciosete”, un “free rider”. Pero, ¿de qué nos sorprendemos? Los niños son niños, a pesar de  nuestros esfuerzos por  moldearlos como adultos chiquititos desde muy temprano.

Por eso Jorge y Berto son niños de verdad, descritos de una forma auténtica y observados desde un prisma tremendamente lúcido:

“Si quisierais describir a Jorge y Berto en pocas palabras, quizá se os ocurrieran términos como tipo, gracia, cabeza, decisión, etcétera. Y si se lo preguntáis a su director, el señor Carrasquilla, os dirá que Jorge y Berto son de ese tipo de chicos que tiene la maldita gracia, que le traen de cabeza y que la única decisión posible es tenerlos en el fondo de un pozo. Pero no le hagáis caso. Jorge y Berto son en realidad unos chavales listos y con buen corazón. Su único problema es que están en cuarto curso. Y en la escuela de Jorge y Berto se supone que los de cuarto curso tienen que estarse quitecitos y atender, ¡durante siete horas al día! Y en eso es en lo que fallan un poco.” (El Capitán Calzonzillos y la invasión de los pérfidos  tiparracos del espacio)

Jorge y Berto son aficionados a poner kepchup en las tazas de los váteres de su cole, a cambiar las letras del menú del comedor para que en vez de “sopas de ajo, albóndigas caseras y piña tropical” ponga “estropajo, boñigas secas, picadillo de ranas”, a escribir cómics de superhéroes inventados en su casa del árbol y a hipnotizar al director de su colegio para que se convierta en uno de los  personajes creados por ellos: el Capitán Calzoncillos. ¡Cuántas gamberradas! A simple vista sí, pero en realidad Pilkey no nos cuenta nada muy distinto a cómo son los niños reales (bueno, sí, eso de transformar al director en superhéroe…). ¿Es que por omitir la realidad en la literatura infantil van nuestros niños a transformarse mágicamente en los angelitos acomplejados de las historias con moralina que planteamos los adultos como contrapartida? Por si todavía hay en la sala algún escéptico, la respuesta es no.

Por otra parte, en cuanto uno escarba en el Capitán Calzoncillos comprueba su potencialidad: adultos y niños trabajan juntos por un “mundo mejor” (salvar al mundo de los pardillos zombie, de la super mujer macroelástica, del profesor Pipi-caca…el nombre estrafalario del enemigo es lo de menos, lo  indispensable es “hacer equipo”); se reivindica el valor de la creatividad, del sentido del humor para los momentos difíciles y, algo que haría las delicias de cualquier maestro de primaria, invita casi sin que el niño lo perciba a practicar la lectoescritura. Las aventuras del capitán calzoncillos y los cómics de Tintin son lo único que ha despertado el interés de R por leer páginas y páginas él solo. Da ternura (y orgullo) encontrarle parapetado en la clandestinidad de su colcha con su mini linterna (sí, sí, como en las películas y eso que no puede “copiar” la conducta porque el todavía no tiene el cliché preestablecido).

Además, las “gamberradas” habituales de Jorge y Berto, como decimos, consisten en cambiar las letras para generar nuevas palabras. Palabras escatológicas sí, pero, ¿no es eso un ejercicio de lectoescritura? Pues gracias al libro ellos lo ven como un juego de ingenio apasionante. Sin olvidarnos del  asunto de los cómics, de los que R ha hecho su propia serie:calzoncillos

El Capitán Calzoncillos es sólo un ejemplo. Hay mucha literatura infantil  auténtica y de calidad esperando a ser rescatada por los adultos. Pero para eso  tenemos que quitarnos nuestro lastre de la edad y de la “utilidad” (todo tiene que “servir para algo”). Hay que ser honestos, mirar dos veces los libros que elegimos para ofrecerles y pensar qué nos habría gustado leer a nosotros si viviéramos aquí y ahora. En resumidas cuentas, tenemos que formarnos también nosotros un criterio lector pero basado en otros parámetros distinos de la utilidad que da la moraleja.

Porque  si queremos que lean lo tienen que hacer por placer. No hay otra manera de hacerlo.

Planes de fomento de lectura: ¿leer a cualquier precio?

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Estamos realmente contentos con el colegio público que elegimos para nuestro hijo R. Es un cole pequeño y familiar. La naturaleza y la lectura son sus dos estandartes. La importancia de la naturaleza se materializa en un estupendo patio de juegos lleno de árboles y un pequeño huerto en donde los niños más mayores y los padres voluntarios podemos trabajar. También en una esforzada intención de concienciación ecológica con varias prácticas de reciclaje en las que involucra a toda la familia. Por su parte, la “lectura” se fragua en torno a una recoleta biblioteca de centro y un plan de fomento de la lectura que permite sustituir una de las horas destinadas a Lengua Española por una de Taller de lectura.

Dicho así todo suena a cuento de hadas pero la realidad, como suele pasar, siempre nos sorprende con algunos detalles  que nos hacen arrugar la nariz. Este año R ha pasado a primaria y hemos visto como la inmensa e inconmensurable satisfacción y realización del trabajo creativo que los maestros de infantil habían puesto en práctica con los niños se transformaba en un rictus de estrés en sus caras por cumplir con los “objetivos de la programación” y de la inspección. Rictus de estrés que enseguida se ha contagiado a las caras de los padres y, dentro de no mucho, se materializará lamentablemente en la cara de nuestros hijos. Afortunadamente ellos son todavía poco permeables al ritmo adulto y a nuestra tendencia a abarcar más de lo que podemos apretar.

Ya a finales de infantil tuvimos la desgraciada suerte de que se eligiera nuestro colegio, entre otros, para que la Comunidad de Madrid efectuar una prueba piloto para evaluar cómo de afianzados tenían los niños el nivel lector y las matemáticas al finalizar la Educación Infantil… ¡pero si aprender a leer y a escribir no aparece como un requisito en el currículo de Infantil! ¡Máxime cuando no es una educación obligatoria!

Este año, en 1º de Primaria, nos hemos encontrado con que nuestros hijos ya no son niños sino estudiantes. El ritmo de aprendizaje que se les exige por el Decreto Ley es inasumible en las horas de docencia de las que disponen los maestros; y eso que las horas mínimas que un escolar pasa en el centro son ¡siete!… Siete en los casos de los más afortunados cuyos padres trabajan justo en las horas en las que él está en la escuela. Si no puede que haya aparecido en el colegio en los desayunos de “Los primeros del cole” sobre las 8 en algunos colegios, en otros hasta a las 7:30. También pueden quedarse hasta las 17h en el servicio de ludoteca o ir enlazando extraescolar tras extraescolar hasta que sus pobres padres, esclavos modernos, pueden ir a recogerles.

En fin, como iba diciendo, nuestros hijos ya no son niños. ¡Tienen nada menos que seis/siete años y tienen que ser ya introducidos en el ritmo de los tiempos! Contenido + contenido + contenido. ¡Acabar los libros (que nos han costado muy caros y no es plan de dejarlos a medias)! Poco o ningún tiempo para lo que no es Lengua, Matemáticas o Inglés (pobres conocimientos artísticos/humanísticos/naturales, ¿para qué servirán? ¡ya ni me acuerdo!). Y, por si fuera poco, como en el cole no da tiempo de nada ¡deberes para casa! ¡exactamente de la misma índole de los realizados en el colegio! Para ocuparles el poco tiempo que tienen para realizar otras tareas que les realicen o disfrutar de esa santa tarea que hoy está proscrita que es ¡no hacer nada! (= tener tiempo para improvisar = ser libres = disponer de uno de los dones vitales más preciados: nuestro propio tiempo).

Por favor, parémonos un momento a meditar (que precisamente es para lo único que no tenemos tiempo con el ritmo de nuestras vidas). Si preguntas a maestros,  padres o alumnos raro es el que no encuentra pegas al sistema. ¿De quién es entonces la culpa de este sinsentido? ¿De las editoriales que sacan su tajada con libros más gordos de lo asumible? ¿De los encargados de legislar que realizan las leyes educativas desde la más pura teoria y con el complejo de inferioridad de sacar baja puntuación en ese examen terrible que es el Informe PISA (que solo mide las competencias lectoras, matemáticas y científicas? ¿De los padres que comulgamos con el sistema y pensamos que es la única manera de formar hijos “competitivos” laboralmente hablando en el despiadado mundo laboral de hoy en día?

¡Parémonos a pensar, por favor! Si miramos a algunos de los países que sacan buena puntuación en PISA (Finlandia, por ejemplo) comprobaremos que tienen modelos educativos completamente opuestos al nuestro: menos horas de docencia, profesionales hipercualificados (para entrar en Magisterio se piden las notas más altas), muchos medios humanos en las aulas, menos importancia en horas a las disciplinas que mide PISA y, sobre todo, las leyes de educación se fraguan bajo la atenta mirada de políticos y educadores. Podéis ver este capítulo de Salvados donde se desarrollan todas estas ideas.

Parece entonces que lo estamos haciendo todo al revés. ¿Qué podemos hacer los padres? Desde mi humilde opinión cuestionar el sistema y explicitarlo. Personalmente, llevo luchando varios años contra la costumbre de los “deberes” a la antigua usanza. Si se tienen que reforzar algunos aspectos de la materia en casa porque a los maestros no les da tiempo a terminar el temario en clase hay que ayudar. Y es que los maestros en todo este meollo son, probablemente, las cabezas de turco: se llevan las bofetadas de todo el sistema cuando son los que menos culpa tienen. Lo sé de primera mano. Bien cerca tengo a mis padres, los dos maestros, dándolo todo por sus alumnos.

Mi caballo de batalla en el cole de R, como ya he enunciado otras veces, es que nos dejen trabajar esas actividades desde perspectivas más alentadoras y creativas para nuestros hijos. Ya que nosotros solo tenemos uno, dos o tres niños por “aula”, y no cerca de 30 como en las aulas españolas es cada vez más frecuente, podemos trabajar con ellos con herramientas, enfoques y procesos que los profesores (por sus circunstancias y no por falta de ganas, me consta) no pueden abarcar.

Sigo trabajando en ello, como digo. Y está “en proceso” porque siguen respondiéndome que no pueden dejarnos trabajar en casa “lo que queramos” porque unos padres lo haríamos y otros no. Es una respuesta consecuente con los tiempos. Pero como siempre, pagan justos por pecadores. Así que lo hago como “extra”, pero ese no era el espíritu de la reivindicación.

Lo que sí hacemos en casa es alentar, como podemos, a nuestro hijo R con el plan de lectura del cole antes mencionado. Como dije, no todo es un camino de rosas en el fomento de la lectura. Supongo que al concederlo la Comunidad dio una dotación de libros inmensa al colegio. Pero lo que nosotros nos hemos encontrado es que desde el primer mes de clase nuestros hijos tienen que leer un libro a la semana de en torno a 30 páginas. Muchos, entre ellos mi hijo, empezó el curso leyendo como una “tortuga” y una semana (si descontamos las horas de clase, de sueño, de alimentación y de ocio) no deja muchos ratos libres para leer al ritmo que van los niños. ¿Resultado? Uno tiene que perseguirles para cumplir objetivos. ¿Puede uno amar así la lectura? ¿Apasionarse con ella?

Como dijo sabiamente Jorge Luis Borges: “La idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría hablar de la felicidad obligatoria”. En fin, desde casa ponemos a prueba todos los días nuestras estrategias para que la “persecución” de lectura no se evidencie como tal. Para ello, inventamos “el tablón del crítico literario”. R, como ya hemos explicado, funciona muy bien con el refuerzo positivo así que compramos un corcho y cada vez que termina un libro dibujamos todos el momento que más nos ha gustado de la historia, fotocopiamos la portada y emitimos nuestro juicio votando del 1 al 10 cuánto nos ha gustado y tratando de explicar por qué. Eso le otorga un objetivo palpable a la lectura (además del intangible de ir interiorizando los mecanismos de decodificación).

Respecto a la elección de las lecturas, el problema principal es que vengan “dadas” (supongo que por la dichosa dotación de libros) contraviniendo todas las consignas de “dejarles elegir” que se promulgan desde las facultades de Educación. Es divertido ver cuánta emotividad, negativa o positiva, explicitan tras la lectura y qué poca capacidad tienen para explicar el disgusto o el apasionamiento. El primer libro que votó R obtuvo un 8 y la razón fue “porque bien”.

criticoliterario

Vamos despacito con el asunto de la lectura (R ya no tanto; oírle leer es como sentarse al lado de una hoguera), poniendo nuestro granito de arena, sin crear confrontación pero sí cuestionando las cosas.

Leer tiene un precio, sí. Pero un precio que se gana y no que se paga.

Nunca es demasiado pronto para empezar a leer

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Estos son los ojos de mi hija O de tres meses mientras leemos juntas un libro. Muchos pensaréis que es demasiado pronto para empezar con la lectura. He adjuntado la foto para convencer a los más excépticos: a juzgar por la viveza que desprende su mirada es imposible pensar que lo que tiene delante le resulta indiferente.

Entonces, si bien es verdad que nunca es demasiado pronto para empezar con la lectura, sí es cierto que a cada edad le corresponden un tipo de libro. Equivocarnos empeñándonos con una lectura inadecuada para su edad puede ser una fuente de frustración para nosotros mismos y nuestros hijos. Así que preguntemos a los expertos, que para eso están. Además, como todo padre sabe, cada niño es un mundo y lo que con unos fuciona “de manual” otros lo rechazan de entrada. Así que nosotros siempre hemos dejado que,, tras nuestra selección previa, los últimos jueces sean los propios niños.

Personalmente, para este primer estadio de lectura yo siempre he echado mano de la colección de librojuegos Toca toca de la editorial Combel. ImagenImagenComo se puede ver en la web de la editorial la colección cuenta ya con muchos títulos. Nosotros compramos estos dos (Libro juego y Libro sonoro) cuando nuestro hijo mayor tenía unos dos años. Los encontré en una biblioteca pública y tanto el niño como yo misma nos fascinamos con ellos inmediatamente.

La sorpresa, sin embargo, llegó cuando se los enseñé por primera vez a mi hijo mediano con unos pocos meses. A pesar de que todavía enfocaba a duras penas, el tamaño del libro y las preciosas ilustraciones eran suficientemente grandes como para que el niño pudiera abarcarlas y disfrutarlas. Además, los libros incorporan superficies con texturas muy variadas para que los niños experimenten también con el tacto.

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La mano de O buscando la textura rayada del libro

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O interactua con el Libro sonoro, mientras suena la canción (al apretar el botón azul)

Sé por experiencia propia que algunas personas piensan que los bebés son aburridos porque “no se puede hacer nada con ellos”, porque “no saben jugar”. Obviamente, los niños van ganando en destrezas y capacidades, pero nunca es demasiado pronto para empezar a estimularles con lecturas, canciones, juegos, etc.. Seguro que nos damos una grata y emocionante sorpresa.