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Bestiario con acuarelas: pintando desde el subconsciente

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Como ya hicimos con nuestro taller de Copiando a Modigliani e inspirados de nuevo por  Carla Sonheim y su maravilloso libro Laboratorio de dibujos para artistas que trabajan con medios mixtos (52 ejercicicios creativos para que dibujar sea una tarea divertida), nos pusimos toda la familia manos a la obra para elaborar un regalo para el tío L.

Escogimos el laboratorio numero 8 de Sonheim, “Criaturas imaginarias”. Los “ingredientes”:

  • Varias hojas de papel grueso o cartulina (que admitan la acuarela)
  • Una caja de acuarelas
  • Pinceles
  • Rotuladores o punta finas negros

La técnica no puede ser más maravillosa y apta para niños porque se trata de rellenar la hoja con  trazos de acuarela de varios colores pero pintados al azar. Libertad creativa total.

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Después, uno debe quedare mirando fijamente su cuadro, algo así como sucedía con los antiguos libros de 3D y, al rato, las líneas aleatorias comienzan a no ser tan aleatorias. Algo surge de entre los colores… Una oreja, un ojo, una pata… Los más creativos quizás vean ya de golpe a la criatura entera. Por otro lado, mientras que hemos experimentado la “revelación”, probablemente (¡mira tú qué suerte!), habremos conseguido también que se seque la acuarela y podremos comenzar a trazar con el rotulador o el punta fina negro las líneas de nuestro “animal imaginario”. Partiendo de ese ojo, pata u oreja surgirán nuevos matices: más ojos, más patas, jorobas, tentáculos, hocicos diferentes a los esperados…

Desde luego es un actividad para medir nuestro potencial creativo. Un adulto parte del prejuicio de que entre las líneas aleatorias no va a salir nada y, sin embargo, ¡voilà! Los niños no piensan; actúan con total convencimiento y naturalidad y sus creaciones están a la altura de ese impulso natural. El resultando: este increíble bestiario nacido desde nuestro subconsciente más profundo. ¡Menudo regalo cargado de significado!

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Urban art: coloreando la ciudad con tizas

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Seguimos con nuestros planes de verano, pero esta vez en exteriores. Muchas veces no podemos permitirnos sacarles más allá del parque. Pero ese sitio tan idílico del que siendo pequeñines nunca se cansan, se vuelve otra jaula cuando son un poco más mayores. “¿Otra vez al parque?”, me preguntaba R con voz cansina cada día  que bajábamos. La alarma saltó enseguida: hay que reinventarse, buscar un aliciente para que el parque vuelva a ser apetecible. Probamos primero con un clásico que nunca muere: los globos de agua.DSCN0544

 Después recuperamos otro clásico más olvidado: las chapas. Sacarlas en el parque, hacer el recorrido en la arena y tener un corrillo de niños alrededor fue todo uno.

Imagen0166Pero lo que de verdad ha triunfado es el concepto inventado por G (siempre tan chic): urban art. En profano: colorear la ciudad con tizas. Es como esos socorridos manteles de papel que te ponen en los restaurantes en los que los niños se entretienen dibujando, pero con la ventaja de que cualquier rincón de la ciudad (y del campo) valen y además permanecen, decoran e, incluso, significan. Vamos, un graffiti infantil que puede ir de lo más instintivo y ornamental a  lo más reivindicativo y chocante.  Desde que lo “inventamos” hemos ido dejando nuestra huella en todas partes. Es tan sencillo como llevar siempre las tizas encima (a poder ser de colores, que dan más juego) y aprovechar la “orografía” de la ciudad y la naturaleza. Vale cualquier cosa. Árboles:

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A partir de este árbol se entra en Mordor…

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Este árbol no nos quitaba ojo

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Así empezamos...

Así empezamos…

Y así acabó la cosa

Y así acabó la cosa

Con un poco de imaginación todo se transforma en otra cosa:

¿Un poco de sandía?

¿Un poco de sandía?

Además, todo tiene la ventaja añadida de que con un poco de agua se va. Nadie se enfada y todos disfrutan. ¿Os atrevéis con esta propuesta de urban art? Esperamos encontrarnos vuestros dibujos por la ciudad.

Árboles de Navidad con piñas

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¿Para qué sirve una piña? ¿Para dar piñones…? ¡Sí! Pero para muchas cosas más. Solo hace falta mirarla dos veces para estimular ese pensamiento divergente que a los niños les sale tan natural y que los adultos tenemos un pelín oxidado.

Y es que… ¡Nos gustan las piñas! ¡ Y nos gusta la Navidad! Así que cuando recibimos la noticia de que debíamos hacer con los niños arboles de Navidad para el concurso de la biblioteca del colegio no lo dudamos… ¡abetos con piñas!

Nos chiflan las piñas y, estando al alcance de la mano en cualquier paseo por el campo, están llenas de posibilidades que ya habíamos explotado en otras ocasiones. Pero, para no faltar a la verdad, fueron los niños los que eligieron este modelo precisamente de árbol navideño de entre algunos  que les mostramos (se ve que la simpatía “piñil” viene de familia).

Nos lanzamos a una aventura por el bosque para conseguir piñas, claro, y poder comenzar a fabricar nuestro árbol. Conseguimos algunas, pero por la fecha todavía estaban muy cerradas y algo húmedas por las lluvias de fin del otoño. Pero nada que no pueda solucionarse con un par de días de secado.

Fabricamos nuestra propia mezcla de verde y los niños (¡los tres por fin!) se lanzaron a pintarlas.

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Después del secado de la pintura, las adornamos con unas estrellas de papel dorado y pusimos gotitas de pegamento de purpurina de diferentes colores. Por último las “plantamos” en una maceta pequeña. Y así de bonitas quedaron.

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Después de haber adornado el colegio durante unas semanas, ahora están colocadas en nuestra entrada y dan la bienvenida a nuestros invitados. Una pequeña obra de arte natural y completamente confeccionada por los niños.

Tizas caseras: gigantes imperfectos

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Le debemos de nuevo este “experimento” a Bububú.

Tan sencillo, o más, que la elaboración de témpera (pintura de relieve) que pusimos en práctica hace unas semanas. Aunque, ojo, ¡las tizas no se comen, que lleva yeso!

Ingredientes:

– taza y media de yeso (nosotros lo encontramos con mucha facilidad en la ferretería)

– 3/4 de taza de agua templada

– colorantes alimentarios

– moldes: cubiteras, rollo de papel higiénico, etc. Nosotros elegimos éste segundo, cortándolo un poquito para que no salieran tizas tan grandes. Después los tapamos por uno de sus extremos con cinta americana para hacer de tope y que no se nos saliera la mezcla al rellenarlos, tal y como explica Bububú.

La mezcla del yeso con el agua + los colorantes fue, con mucho, la parte más divertida.Ya se sabe, ¡la pringue y los niños hacen un equipo perfecto!

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Removimos la mezcla con mucho brío y esta vez conseguimos que no salieran grumos, como sí nos pasó con la pintura de relieve. Sin embargo, después vino la parte más complicada, ¡rellenar los moldes a toda velocidad para que no se nos endureciera la mezcla!

Cada cual puso lo mejor de sí mismo, pero entre que elegíamos las mezclas de color para cada una de las tizas que queríamos hacer y rellenábamos los moldes ¡¡¡la mezcla se volvía un engrudo por momentos!!!

Luego esperamos tres días a desmoldarlas. Así quedaron:

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Imperfectas pero bonitas. El único problema… ¡no conseguimos que las tizas gigantes pinten en nuestra pequeña pizarra de Imaginarium! Apenas dejan un levísimo trazo en la pizarra…

¿Nos pasamos con el yeso? ¿Con el tiempo de secado? Sin duda, habrá que perfeccionar la técnica.

 

Pintando piñas: decoración natural

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Durante un paseo invernal recogimos unas cuantas piñas con la idea de pintarlas con algún spray metalizado y que pudieran servir como decoración navideña… Pero A., con mucho criterio, prefirió pintarlas con su técnica favorita, ya sabéis, ¡la témpera!

Fue un descubrimiento: las piñas admiten muy bien este tipo de pintura. Basta una pequeña capita para llenarlas de color. Y, además, permite combinaciones muy bonitas de color por su “fisionomía plegada”.

DSCF2706De paso, como siempre, la experiencia directa con elementos de la naturaleza permite que salgan preguntas interesantes al paso: ¿por qué hay huecos entre los “pétalos” de la piña? ¿de dónde salen las piñas? pero… si nosotros las recogimos del suelo…, etc. etc.

Así de bonitas quedaron y ahora las tenemos en la entrada de casa. ¡Es lo que da la bienvenida a nuestro amigos y familiares! ¡Nuestra obra artística natural!

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Témpera casera comestible

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Si añadimos el placer táctil de mancharnos al placer de poder paladear la pintura, ¡podemos estallar de emoción! Y más si tenemos 3 y 6 años.

Yo con mis 32, no caí en la segunda parte y pensé, al ver la “receta” de témpera, que sería la parte de la elaboración artesanal lo que cautivaría a los niños. Al pequeño (A-3 años) enseguida me lo gané con lo de hacer pintura, pero el mayor (R-6 años) se nos unió sin pensárselo dos veces cuando improvisé el argumento de que “se podía comer”. Lo cual nos lleva al aforismo infantil más universal: “Si se puede chupar es que es bueno”.

Va por delante que la receta es de la estupenda Bububú.

Tempera comestible:

– 1 taza de harina

– 1 taza de sal

– 1 taza de agua

– colorantes alimentarios

– botes de kétchup o mostaza vacíos (o, si no has sido previsor, recipientes dosificadores de salsas, comprados ex profeso, como los que usan en los kebabs)

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La elaboración no implica ninguna complicación (¡qué bonito me ha quedado el pareado!):

Primero mezclamos la harina, el agua y la sal en un bol (nosotros lo hicimos con cuchara y mano infantil, pero hubiera sido recomendable usar batidora para evitar algunos grumos que después nos dificultaron la pintura). Aquí ya empezaron los primeros lametones a la cuchara… Tengo que confesar que yo también probé la mezcla, impresionada por que los niños no pusieran ninguna mueca extraña al probarla (¿con esa cantidad de sal?). Y sí, lo confirmo, el sabor era exactamente igual que el que se te queda en la boca tras una aguadilla en el Mediterráneo.

Pero seguimos con la receta… Después vertemos, a partes iguales, la pasta en los botes vacíos con ayuda de un embudo. Y añadimos un poquito (solo un poquito porque cunde muchísimo) de colorante en cada bote. Nosotros lo hicimos con colores primarios para garantizarnos la posibilidad de mezclar: amarillo, rojo y azul.

Para mí era la primera vez que manipulaba este tipo de colorantes (son los que se usan para los glaseados de los cup cakes, por ejemplo) y me sorprendió lo bien que se mezclaron en los botes una vez que los agitamos (a ritmo de bachata en coctelera) teniendo en cuenta lo increíblemente densos que parecían dentro de sus recipientes originales.  Fue muy bonito, además, ver cómo cambiaban de color los botes con lo sucesivos agitados: del tenue cremita a los colores brillantes que podéis ver en las fotos.

Una salvedad, estos colorantes ¡manchan un montón! He tenido los dedos multicolores toda la semana, aunque de la ropa de los niños salieron bien tras una visita de urgencia a la lavadora.

Tras el agitado la pintura ya está lista… ¡A pintar!

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A estas alturas estaban ya muy centrados en sus obras y dejaron el tema culinario para la cena. La experiencia fue todo un descubrimiento, aunque habrá que perfeccionar la técnica para que no se formen grumos: las boquillas de los botes son muy estrechas y se nos obturaron varias veces. Pero eso no impidió la diversión, ¡vaya que no!

Copiando a Calder: escultores por un día

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Lo primero es lo primero. Le debo esta idea de montar un móvil a lo Alexander Calder con dibujos de los niños a una de mis alumnas del Grado de Magisterio en Educación Infantil.

El viernes pasado A (casi tres años) no quería ir a la guardería. De camino a lo irremediable le prometí, para animarle, que por la tarde pintaríamos con las manos. Es una de sus actividades favoritas.

Después, G y yo planeábamos la tarde con los niños y de pronto se me encendió la bombillita: ¿por qué no colgar los dibujos de alambres y cuerdas y construir un móvil lo más gigante posible a lo Alexander Calder? (para ser sinceros la parte táctica, los alambres y cuerdas, se le ocurrieron a G, yo solo aporté el ejercicio de rescate de la actividad propuesta por mi alumna). Como sabréis, Calder es sobre todo conocido por ser el inventor del móvil o chupin (juguete móvil colgante). Aquí podéis ver un ejemplo de su arte:

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Por la tarde nos pusimos manos a la obra: ¡todos a pintar! Menos R que tenía la tarde torcida y decidió seguir jugando él solo a Pokemon… Sólo en el último momento se nos unió aportando una par de figuras marcianas al móvil.

A, por su parte, comenzó como siempre la tarea pictórica con sus propias manos bajo la atenta mirada de O, ¡que ya tiene 8 meses!

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G y yo también nos pusimos manos a la obra: pintando con pinceles, comedidamente al principio, pero luego también con las manos contagiados por el entusiasmo de A. Éste fue el resultado: un mosaico colorido y extravagante de pinturas figurativas y abstractas, rupestres y un tanto new age.

ImagenY después llegó el montaje: cortar cuerdas, atarlas, doblar alambres y ¡mucha imaginación! Así quedó:

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Todavía hoy, una semana después, el móvil sigue siendo móvil y su extraña belleza ha generado cierta simbiosis con el poto que adorna la habitación de los niños.

Copiando a Modigliani

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¡Bienvenidos a nuestra exposición familiar: copiando a Amadeo Modigliani!

Inspirados por el maravilloso libro de Carla Sonheim, Laboratorio de dibujos para artistas que trabajan con medios mixtos (52 ejercicicios creativos para que dibujar sea una tarea divertida), toda la familia nos pusimos manos a la obra con la tarea de dibujar “a lo Modigliani”. El reto propuesto por Sonheim era, nada más y nada menos, que ¡dibujar a nuestra madre!

Instrucciones:

1. Comenzando con un lápiz, dibuje una línea curva en forma de U en el medio del papel.

2. Dibuje un poco de pelo pensando en el aspecto que tiene la cabellera de su madre.

3. Dibuje unos ojos almendrados y una nariz en forma de L o de U.

4. Dibuje una boca.

5. Dibuje dos líneas para el cuello (si está cerca del borde inferior de la hoja, siga adelante y extiendo las líneas hasta fuera de la página). Añada unos hombros y un cuello, si lo desea.

6. Agregue varias líneas en el fondo para situar su figura en un entorno. Aquí no necesita añadir detalles; las líneas sólo están para sugerir ventanas, puertas y similares.

7. Pinte con acuarelas (nosotros pintamos con los lápices acuarelables de Dideco, ¡todo un descubrimiento!), recuerde que debe utilizar mucha agua y trabajar en capas.

Pues bien… aquí están los resultados.

Mi madre, artista V, 32 años, papel y lápices acuarelables

Mi madre, artista V, 32 años, papel y lápices acuarelables

Madre de G, artista G, 32 años, papel y lápices acuarelables

Madre de G, artista G, 32 años, papel y lápices acuarelables

Madre de A (o sea, ¡yo!), artira A, 2 años y 10 meses, papel y ceras duras

Madre de A (o sea, ¡yo!), artista A, 2 años y 10 meses, papel y ceras duras

Mujer rubia, artista R, 6 años, papel y lápices acuarelables

Mujer rubia, artista R, 6 años, papel y lápices acuarelables

Hombre con sombrero y corbata, artista R,  papel y lápices acuarelables

Hombre con sombrero y corbata, artista R, papel y lápices acuarelables

Hombre serio, artista R, papel y lápices acuarelables

Hombre serio, artista R, papel y lápices acuarelables

No hace falta explicitar que la tarea inspiró a R, aunque a su manera… Apareció de improvisto (no podía dormir) mientras G y yo iniciábamos la tarea aprovechando la nocturnidad para lograr algo de inspiración. Pero como siempre R nos ganó la mano. No sólo por la cantidad sino por la inspiración.

A, a la mañana siguiente, puso también su granito de arena.

Doy por sentado que gustan, pero no se venden. Su valor en incalculable.

Eso sí, podrán verse expuestos en nuestro salón una buena temporada. Y si alguien se anima a pintar a su madre a lo Modigliani… ¡le haremos un hueco en nuestra exposición!

Preparando la Navidad: felicitaciones con sellos de patata

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Ahora sí… llegó la hora de decirle a todo el mundo: ¡feliz Navidad!

Desde que somos familia (éste es nuestro noveno año) mandamos una felicitación navideña casera a todos nuestros seres queridos. Algunos años han sido fotografías nuestras en alguna actitud alegórica, otras montajes fotográficos con fotos ajenas, collages, etc. Este año, que es el año del nacimiento de Creatificando, ¡tenía que ser el resultado de una actividad familiar!

Teníamos un montón de tarjetas blancas (un cartón de excelente calidad) que nos habían donado sagazmente la tía de G, sabiendo que se nos ocurriría algo creativo con ellas. Halaga la confianza y esperamos no haber defraudado cuando reciba el resultado en su buzón. Para decorarlas recurrimos a un viejo conocido: los sellos con patatas. Esta vez, hemos tallado las formas con un cortapastas (anteriormente lo habíamos hecho a mano). Mucho más fácil y rápido. Aquí tenéis el resultado:

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En un plato de plástico echamos témpera, un poco diluida con agua, y los niños iban mojando sus sellos y estampándolos con total libertad en las cartulinas. Primero dos estrellas (con azul y rojo) y luego un sol (de amarillo).

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Dejamos pasar toda la noche para que la témpera se secase y a la mañana siguiente terminamos de decorar las felicitaciones con pegamento de purpurina (glitter glue).

ImagenLos niños había trabajado duro y merecían su descanso. Ahora nos tocaba a los mayores rematar las felicitaciones con algún mensaje especial, ponerlas en sobres y ¡echarlas al buzón! Y no ha sido poco trabajo, porque hemos enviado ¡30! Aquí están nuestras  perfectamente imperfectas felicitaciones navideñas. Cada una distinta. Cada una completamente única. Esperamos que les hagan llegar a nuestro seres queridos un poco de la ilusión con las que han sido elaboradas.

Pues eso… ¡feliz Navidad!

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Copiando a Picasso

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Mi hijo R está fascinado con la pintura. Ha pasado de no querer ver un lápiz a implicarse en cuerpo y alma con ello. G y yo nos preguntábamos por qué otros niños podían entretenerse en los restaurantes durante gran parte de la comida con un par de ceras de colores y R era incapaz de terminar un dibujo. Un día se me ocurrió comprar una caja de rotuladores y fue como abrir la caja de Pandora. Probablemente  R no encontraba placer ninguno en pintar porque tenía poca fuerza en las manos y los trazos que realizaba con los lápices y las ceras eran poco vivos, en el estricto sentido de la palabra. En cuanto utilizó por primera vez los rotuladores notamos un cambio radical en él. Durante meses se ha entregado a sus dibujos con un entusiasmo furibundo, pintando series de dibujos que a veces  evidencian sus intereses más elementales (personajes, muñecos, batallas, etc.) y otras resultan un reflejo de su subconsciente. Durante los primeros meses del descubrimiento de esta nueva pasión R acudía a su cuaderno cada vez que vivía una experiencia de cualquier tipo. En la multitud de cuadernos que llenó en aquellos momentos quedaron plasmadas pesadillas, sueños, aventuras vividas con sus amigos, lecturas, películas o conversaciones.

R,sin embargo, es menos permeable al dibujo “por encargo”. Si le instas a  que pinte tal o cual cosa (por ejemplo, le compramos un libro maravilloso para aprender a pintar personajes o le proponemos asistir a clases de pintura) suele responder con una negativa. Sin embargo, de vez en cuando conseguimos hacer “talleres” sobre algún aspecto concreto en los que sí participa con mucho gusto. Por ejemplo, un día estuvimos realizando un “taller de caras” para experimentar con las diferentes expresiones que podía tener sus monigotes. Otro día, fue él el profesor y me enseñó a “darle movimiento” a los muñecos. Puede sorprender desde la perspectiva adulta pero, realmente, mi hijo tenía mucho que enseñarme.

La experiencia que más nos gustó a todos fue la de copiar un cuadro famoso. Aprovechando que R había ido con el colegio al Museo Reina Sofía y había trabajado previamente en clase la obra de Miró y Picasso, le propuse hacer nuestras propias versiones de un cuadro famoso y eligió, sin pensárselo un minuto, el Guernica. Supongo que fue el ambiente bélico lo que le atrajo del cuadro;  se quedó muy impresionado cuando le conté su historia. A, tan entusiasta siempre, se nos unió encantado sin pensárselo y los tres nos pusimos manos a la obra.

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El Guernica de Picasso

El experimento de copiar a Picasso fue realmente estimulante; también para mí misma porque, aunque mi copia fue completamente servil como podéis comprobar, descubrí matices nuevos que nunca había percibido de la obra.

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Mi Guernica

Mis hijos, sin embargo, llevaron a cabo interpretaciones mucho más personales. Aquí tenéis el abstracto y  colorido Guernica del pequeño A. Es curioso ver cómo su impresión del cuadro se basó en la interpretación en espiral de algunas de las caras y la marcada direccionalidad a la izquierda. Atención, sin embargo, a algunos detalles figurativos que no dejó escapar como el sol (el borrón amarillo del centro-arriba).

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El colorido Guernica de A

La copia de R reproduce el cuadro prácticamente parte por parte. Por alguna razón escogió el color para algunos detalles (el sol y partes del caballo y el toro, en azul y violeta). Otras marcas de personalidad en su cuadro se explicitan en el hecho de que prescinde de la espada (raro en él)  al pintar el brazo del guerrero caído, (en su dibujo sólo aparece la flor)  y desdobla en dos la mujer que se asoma a la ventana con una palmatoria. Una de ellas reproduce la posición y la intención de Picasso (la de abajo en el cuadro de R) pero la otra se convierte, quizás por casualidad, en caníbal.  Se puede observar cómo está fagocitando al hombre de la derecha, lo que, sin lugar a dudas, va muy en consonancia con su cosmovisión Pokemon del mundo.

Guernica Tris

El personal Guernica de R

En fin, las copias no tienen desperdicio. La actividad fue muy interesante, además, porque a medida que cada uno realizaba su dibujo íbamos comentando aspectos que nos llamaban la atención del cuadro.

Cuando acabamos las pinturas las pegamos en la pared del salón e invitamos a G y a los abuelos a que visitaran nuestra exposición. No hubo caviar ni champange, sino zumo y gusanitos, pero ni que decir tiene que fue un auténtico éxito.