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Juegos de relajación

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Micheline Nadeu, autora de Juegos de relajación de 5 a 12 años, nos recuerda un viejo proverbio que dice: “No dejemos de jugar porque envejecemos. Envejecemos porque dejamos de jugar”.

Ya hablamos en otro post de la importancia del juego en la educación. Pero lo cierto es que, la mayor parte de las cosas que hacemos en nuestro día a día, incluso en la vida adulta, se transformarían de “tediosas obligaciones diarias” a “maravillosos momentos” si las tamizáramos a través del juego. Pero para jugar se necesita tiempo, nos diréis. Vamos que, para jugar, se necesita estar “relajado”, palabra cuyo significado hemos perdido de vista muchos adultos.

Eso sí, muchas veces nos encerramos en gimnasios para machacarnos con algún ejercicio que cultive nuestros cuerpos, pero, al mismo tiempo, estamos buscando que libere nuestras mentes. Es cierto que el ejercicio físico sirve para las dos cosas, pero deberíamos reivindicar la plena atención a nuestras mentes también y cultivar su “sanidad” como nos empeñamos en cuidar de nuestros cuerpos (y del de nuestros hijos) con la dieta y el ejercicio. Es a través de esta cadena de pensamientos como aterrizamos en los ejercicios de relajación, como una forma de cultivar la salud de la “azotea”.

En casa, a veces lo habíamos practicado a través del juego dramático de manera tangencial, puesto que, a priori, parecía arriesgado proponerles a unos niños de 8, 5 y 3 años que “se estuvieran quietos escuchando su interior”. Pero de nuevo los niños volvieron a sorprendernos.

Desde este verano hemos introducido de vez en cuando unas pequeñas sesiones de relajación y ahora las aguardan con ilusión como nuestras sesiones de juego dramático, con las que indefectiblemente han quedado relacionadas en sus mentes.

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Nadeu nos dio varias ideas interesantes que luego hemos ido adaptando a nuestras posibilidades. Está ha sido la “tabla” de juegos de relajación que nosotros hemos adaptado, yendo de las que implican más actividad física hasta la plena quietud:

  • Tensión-distensión: consiste en seleccionar una parte del cuerpo (brazo, mano, ceño, piernas, etc.) y dar la orden de contraerla al máximo unos segundo y después relajarla de golpe (método Jacobson). La polarización extrema resulta muy grandilocuente y lúdica a los niños porque se acompaña de gestos faciales de disgusto (en la contracción) y gusto (en la distensión) que son más patentes todavía por lo extremadas. El ejercicio, además de divertido, enseña a los niños (y a los adultos) a reconocer las marcas físicas del nerviosismo o el estrés para ponerles remedio antes de explotar.
  • Respiración: es evidente que la base de la relajación es la manera de respirar. Cada inspiración repone nuestro cuerpo del oxígeno que necesitan nuestras células. Según Nadeu una buena respiración ayuda a controlar el estrés, el miedo, el dolor o la ira, incluso alivia dolores de cabeza y mareos. Puede ejercitarse marcando los tiempos de espiración (por la nariz) e inspiración (por la boca), para conseguir que sean cada vez más largas. También se puede jugar con una vela, practicando un soplido leve y controlado que mueva la llama sin apagarla (huelga decir lo complicado y tentador que resulta esto para un niño; la vela acaba apagada la mayor parte de las veces, pero el “estilo” va quedando…).
  • Postración: supondría un grado más en el relax. Puesto que está basada en dejar actuar la gravedad sobre el cuerpo. Tumbados en el suelo vamos elevando alguna parte (los brazos, las piernas) y lentamente la dejamos caer de nuevo, sin brusquedad. Se trata de concentrar también toda la atención en una parte del cuerpo y en controlar los movimiento.
  • Sacudida: esta técnica la aprendimos de nuestra profesora de danza, contac improvisación; consiste en que un compañero nos agite con mucha suavidad cada parte del cuerpo (cabeza, hombros, brazos, tripa, piernarelajada-2s, pies, etc.) como si estuviera agitando un recipiente con agua y no quisiera que se cayera una sola gota. Para los niños es importantísimo la imagen metafórica sobre la que se sustenta cada ejercicio, para que lo visualicen perfectamente. Cuando quieren practicar este ejercicio se refieren a él como “el del agua”.
  • Quietud: como actividad final puede trabajarse la quietud total, ya sea sentados o
    tumbado, con los ojos cerrados y concentrados en la respiración y las sensaciones del cuerpo. Es indispensable armarse con alguna música de relajación que resulte atractiva a los niños. Nosotros tenemos unas grabaciones con sonidos de la naturaleza (pájaros, cantos de ballenas, agua, etc.) que les chiflan.

Es increíble los resultados que tienen estas dinámicas, aunque hay que practicarlas mucho para interiorizarlas y sus muestras patentes en la vida cotidiana llegan cuando se han ejercitado mucho. Huelga decir, que las primeras veces se llega con ellas mucho más rápido a la risa que a la relajación. Pero como también nos recuerda Nadeu: “Mediante la risa y el juego, se llega a restablecer totalmente la energía”.

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