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Terrorísico Halloween

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Estamos un poco desaparecidos, sí. ¡El trabajo es muy malo! Y no es que no sigamos Creatificando (para eso siempre debe haber tiempo); lo que nos pasa es que no hay tiempo para contarlo.

Otro año ha vuelto a llegar Halloween (¿qué casualidad?) y no hemos dejado de celebrar la fiesta en la que nos reímos de nuestros miedos.

Esta vez hemos tenido en casa dos terroríficos murciélagos y una encantadora fantasmita.

murciélagos

El traje de fantasmita no tiene ningún misterio, y claro le duró poco puesto, ¡porque con él era difícil comer! Pero los murciélagos (camiseta negra, alas de fieltro negro cosidas y dibujo de murciélago con rotulador plateado) no se quitaron la camiseta ¡en tres días!

Llegaron los terroríficos invitados: un pirata fantasma, un trasgo uñaslargas, varias brujas y vampiresas, un esqueleto bailón, una diablesa, ¡hasta teníamos hombre lobo! Y comenzaron los juegos para toda la familia. Como adultos tenemos que  aprovechar estas pocas ocasiones en que nos dejan jugar; a los niños les encanta vernos hacer el indio con ellos porque notan que nos lo estamos pasando bien de verdad.

Cuatro pruebas:

  1. Uno de los invitados trajo un libro de monstruos troquelados para montar: ¡ganaba el primero que pudiera hacer el suyo!
  2. Mímica: adivinar qué monstruo me ha tocado y con qué emoción: Drácula enamorado, Frankenstein que se hace pis, Hombre lobo Sarnoso, Dementor deprimido, etc. Una oportunidad de oro para humanizar y reírnos de esos monstruos que otras veces nos parecen tan espantosos
  3. Dibujar a oscuras: un miembro del equipo memorizaba los rasgos de un dibujo monstruosos y luego debía describírselo a un dibujante que ¡elaboraba su obra a oscuras! Los resultados… ¡realmente escalofriantes! Y jugando así, la oscuridad ya no da tanto miedo.
  4. Y, para terminar, una caza del tesoro que nunca pierde vigencia. De premio, ¡chuches terroríficas!

Hasta nos dio tiempo de marcarnos un bailecito improvisado con el Thriller de Michael Jackson.

bailando

En resumen, como todos los años, es una ocasión perfecta para reírnos de nuestros miedos, perder vergüenzas que sobra y hacer piña en familia y entre familias. ¡Viva Halloween!

The Musical Family

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“¡Parecéis la Kelly Family!”, dijeron nuestros amigos cuando dispuestos con la guitarra, el piano y las maracas comenzábamos a entonar el “Un, dos… Un dos, tres y…”. Y eso que no somos tan melenudos como ellos. ¿Sería entonces por el componente musical? ¡Exacto! G cumplía años y quería celebrarlo a lo grande. No porque fuera una cifra especial (todas lo son) sino porque cada año merece celebrarse de forma única e irrepetible. Ha habido cumpleaños artísticos, cumpleaños con Ghymkanas por todo Madrid, cumpleaños con grabaciones de Lipdub y este año tocaba… ¡tan tatachán! ¡Cumpleaños musical!IMG_20151011_105501

La premisa para los invitados era que debían preparar cualquier tipo de número musical. Solo eso… ¡y ahí es nada! Claro, G cuenta con ventaja, es músico. Pero los demás invitados dejaron el listón muy alto: unos entonaron un rap con una letra inspirada en la vida de G, otros bailaron y cantaron en familia, otros cantaron con música de fondo, y hasta alguno que no pudo venir, mandó su numerito para participar a distancia.

Nosotros, claro, montamos el show en familia: G a la guitarra, R al piano, A y O con las maracas y los coros y yo, como era lo que quedaba, la voz. Escogimos una canción asequible (Por qué por qué de los geniales Petit Pop) y comenzamos a ensayar las semanas de antes. Los niños se entregaron a los ensayos con la misma incansable pasión que derrochan en nuestros cortos de cine. G le puso a R unas marcas en el piano para que supiera qué tecla tocaba cada vez (sorprendente su condición musical, pues lo pilló a la primera, ¿vendrá de familia?), A y O marcaban el ritmo con sus maracas (bueno, O desaparecía de vez en cuando para ver por dónde andaban sus muñecas…) y G y yo alucinábamos de lo bien que salía algo que a priori podría haber sido un desastre. Una vez más, los niños nos sorprenden. No hay más que darles la oportunidad para hacerlo.

Si los ensayos fueron buenos, el directo fue impecable. Al día siguiente lo repetimos ante los abuelos con igual éxito. En conclusión, la música les gusta y que creas en ellos, aún más.

Halloween: truco o trato en familia

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Ya hemos contado otras veces que somos de los simpatizantes de la fiesta de Halloween. Es un invento americano, sí; pero a veces los americanos tienen razón.

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Nuestra calabaza de este año

Desde luego es una ocasión fantástica para disfrazarse, jugar y, sobre todo, reírnos de nuestros miedos. Eso es lo que hicimos ayer en casa. Comenzamos con los preparativos durante la semana: R quería ir de Frankenstein (está muy impresionado por la historia de Mary Shelley, ¡nos ha salido un intelectual!). Así que nos pusimos manos a la obra con el disfraz casero de Frankie: DSCF4432Basta una caja (en nuestro caso de Panettone) pintada de verde, a la que le pegas las cejas (de goma eva), el pelo (retales de tela vieja), sin olvidarnos de los tornillos (dos parte superiores de botella de agua mineral de medio libro pintados de plateado). Y, voilá, ya tenemos nuestro casco/cabeza de Frankenstein:

DSCF4438A quería ir de esqueleto… ¡es una suerte que hace 4 años R también decidiera ir de esqueleto! En esto ya teníamos el trabajo hecho: simplemente una camiseta negra con el torso de huesos pintados y maquillaje:

huesitosO tuvo que conformarse con que eligiéramos el disfraz por ella: fantasma. Muy sencillo también con un body pintado:

DSCF4434Y un tutú. El disfraz es muy simple y el resultado depende de la “percha”. Pero a O le sobra gracia… ¡juzgad vosotros mismos!

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 Y una vez disfrazados… ¡a jugar! Llegaron todos los amiguitos y sus papás y mamás y, como es costumbre ¡jugamos en familia!

La mejor prueba: el encantamiento “ridiculus” inspirado por Harry Potter y el prisionero de Azcaban.

Todos los presentes escribieron en un papel su mayor miedo. Después pensaba en secreto una manera de transformar con humor ese miedo. A continuación uno de los asistentes cogía uno de los papeles y debía interpretar ese miedo gestualmente: un lobo, la muerte, arañas, etc. Cuando el “dueño” del miedo lo reconocía debía gritar “Ridiculus” y la manera de ridiculizarlo: un lobo con tos, la muerte bailando claqué, arañas atrapadas en barro… El actor debía interpretar esa transformación y lo que había comenzado con miedo acababa con risa.

Y esto solo fue el comienzo: probar la salsa del diablo (picantísima) sin pestañear, hacer el truco o trato por el edificio, buscar el tesoro escondido en la casa por los lugares más temibles (debajo de la cama, dentro del armario, etc.). Jugamos, comimos y creo que todos nos divertimos. ¡Adiós miedos! ¡Hola Halloween!

Halloween: jugando en familia

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A los niños les encanta jugar. A los adultos también pero parece que está mal visto admitirlo en público. Sin embargo, una de las grandes ventajas que tiene la paternidad/maternidad es que te puedes permitir volver a jugar sin sentir ninguna vergüenza. Además, nuestros hijos disfrutan más todavía de los juegos cuando ven que estamos metidos en ellos de lleno y no solo “jugando con ellos”. Por eso hay que aprovechar todas las ocasiones posibles para jugar. Es liberador, casi diría terapéutico.

Halloween es una fiesta fantástica. Más allá del sentido estricto de la palabra (por lo monstruoso) permite a los niños enfrentarse a sus miedos de una manera divertida. Por ejemplo, A, está fascinado por los zombies de los que le habla su hermano R (no hay más que recordar que eligió como personaje para su marioneta un zombie). Sin embargo, cuando nos llama por la noche porque tiene miedo también es un zombie lo que le está acechando. Seguramente, también por eso eligió vestirse de zombie este Halloween. Verse a él mismo transformado en uno zombie chiquitito (sólo imaginándolo resulta ya cómico) y ver cómo su propio papá iba también cambiando de aspecto poco a poco mientras se ponía el disfraz hace que el aspecto tenebroso se diluya y aflore lo más tierno o cómico.

R  está ahora enfrascado en la lectura de El pequeño Vampiro, así que él y yo elegimos ir de chupasangres. Aprovechando las redondeces de nuestra pequeña O, ¡la vestimos de calabaza!

Invitamos a la fiesta a un par de amigos del cole de R y a sus padres y hermanos. Gracias a ellos pudimos incorporar a la galería de celebridades monstruosas a una familia de brujos, un esqueleto y, ¡hasta un Darth Vader!

Reunidos todos y con la tripa bien llena de galletas de gorros de bruja, bizcocho de calabaza con sorpresa de fantasma y demás chucherías “halloweenescas” nos lanzamos las tres familias a jugar.

La primera prueba consistió en “copiar un monstruo”. La dificultad nacía de que el dibujante no tenía al “modelo” delante sino que tenía que generar su dibujo a través de la descripción que le hacía otro. Primero los papás fueron los dibujantes y los niños describieron al monstruo; después intercambiamos los papeles.

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Los niños dejaron el listón bien alto en cuanto a “descriptores”. Aquí tenéis el original y el dibujo ganador.

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Los niños ejercieron después de dibujantes con idénticos resultados.

Pasamos entonces a la segunda prueba: armar a Paco, nuestro esqueleto. Muy apropiado para Halloween. Las reglas: los padres guían pero sólo los niños tocan las piezas, y gana la familia “Monster” que antes termine el esqueleto.

esqueleto

Por último, nos acompañaron nuestro dados para contar historias. Aunque hoy los cuentos tenían que ser… ¡escalofriantes!

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Lo pasamos como niños…  y nuestros hijos también.

¡Gracias a U y A, R y E y a sus fantásticos hijos por participar!