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Cumpleaños feliz: regálame tu tiempo

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¡Este jueves hemos celebrado el tercer cumpleaños de A! Es un año de muchos logros: la edad definitiva en la que dejan de ser bebés. ¡Adiós chupete! ¡Adiós pañal! ¡Adiós biberón…! (ejem… en eso aún estamos).

En casa somos (¿cómo decirlo?) un poco exagerados con las celebraciones (y en esto debo entonar el “mea culpa”). Pero bueno, nuestra “exageración” no nace de la cantidad de regalos sino de la cantidad de tiempo invertido en celebrar cada ocasión. Convendréis entonces conmigo que el vicio es un poco más aceptable. Solemos empezar “los festejos” el día del cumpleaños y seguir los días del fin de semana: una celebración más en petit comite, otra con la familia y otra con los amigos. Yo suelo decir que cualquier excusa es buena para reunirse, pero un cumpleaños lo es más todavía porque es, en toda regla, una celebración de la vida. Y la vida, ¡hay que celebrarla mientras la tenemos!

Y en éstas estábamos. Previo al día D comenzaron las preparaciones. A ya va a la guardería así que, ¿cómo lo celebramos allí? La costumbre es llevar algún regalito o chuchería. Es un bonito detalle, pero imaginaos cuando llevas la mitad de curso y tu casa está llena de pomperos, muñequitos de goma, lápices de colores y demás fruslerías asequibles para el bolsillo (hay que tener en cuenta que hay que comprar veintitantas). Así que pensamos, ¿y si lo celebramos allí con un regalo no material? Nosotros contamos cuentos, así que ¿por qué no regalar un cuento? Pesa poco en el bolsillo, dura mucho en el recuerdo. Además, también es el regalo más bonito que le podemos hacer a A: nuestro tiempo.

Pertrechados de marionetas y algún que otro atrezo aparecimos en la guarde de A, que nos esperaba coronado de cartulina.

contando

Contando en la clase de A: ¿A qué me queda bien el bigote?

¿Que si no se decepcionó por no poder repartir caramelos/juguetes como el resto de sus compañeros en sus cumpleaños? A veces confiamos poco en el criterio y la sensibilidad de los niños. Estaba tan conmovedoramente orgulloso de tenernos allí, de “presumir” de padres, de saberse el cuento que contábamos y poder cantar con nosotros las canciones que, sinceramente, no creo que pensara ni por un momento en los caramelos.

Después, ¡un poco de deporte! Estrenamos sus raquetas gigantes de badmintong en el parque:

badmintongY por último, ¡a soplar la vela de su tarta (casera y hecha con su ayuda, por supuesto) con toda la familia entonando el “cumpleaños feliz”!

contarta

Este día de cumpleaños nos deja a todos una lección trascendental. Los adultos siempre tememos decepcionar a los niños si no tenemos listos grandes y bonitos regalos para ellos, pero se nos olvida que esa es una necesidad que no tenían cuando nacieron: se la hemos inculcado nosotros al “insertarles” en nuestro mundo. Ellos son mucho más auténticos y sencillos que nosotros. Demandan algo más básico e importante: nuestro cariño y nuestro tiempo.

Todos los sabemos, pero es un poco difícil parar para darse cuenta del todo: con un poco más de tiempo solucionaríamos muchas cosas.

Así que… ¡Celebremos la vida! ¡Regalemos nuestro tiempo! Merece la pena.

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Papás cuentacuentos: Vamos a cazar un oso

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Todos desearíamos ser unos fantásticos cuentacuentos, de esos que poseen el talento innato de sólo abrir la boca y encandilar a los niños. Incluso hasta conseguir el mayor milagro posible: ¡¡¡que abran los oídos y enmudezcan!!!!

Quien más quien menos tiene sus recursos, pero lo cierto es que hay cuentos e historias que nos ponen las cosas muy fáciles: tienen ritmo, la incorporación de elementos teatrales o musicales es tremendamente intuitiva y enseguida despiertan el interés de los niños.

Es el caso de Vamos a cazar un oso, traducción del cuento/poema We´re going on a bear hunt de Michel Rosen que fue editado junto a las preciosas ilustraciones de Helen Oxenbury.

Vamos a cazar un osoNo casualmente Vamos a cazar un oso es, en realidad, una canción tradicional inglesa arreglada o adaptada por Michael Rosen. Eso ya legitima su éxito por haber atravesado las fronteras del tiempo. Sin embargo, aunque fuera un invento reciente, tendría, sospecho, el mismo éxito: un reto (cazar a un oso) al que se enfrenta toda la familia (el papá, la mamá y los tres hijos), la canción de camino (Vamos a cazar a un oso, un oso terrible y espantoso), la  autoconfirmación de la valentía, (¿Quién le teme al oso? ¡Nadie! Aquí no hay ningún miedoso), los pequeños retos (el bosque, el barro, el río, etc.), las repeticiones in crescendo, y algo que pertenece tremendamente al mundo infantil: ¡las onomatopeyas! (plochi, suu, glo, etc). Y como guinda a este apetecible pastel, el final tan divertido como inesperado (que no os estropeo…).

La versión inglesa es insuperable. Aquí tenéis al propio autor, Michael Rosen,interpretando We´re going on a bear hunt. No importa que no sepáis mucho inglés, tiene los subtítulos y se sigue bien y Rosen es tan expresivo que no hace falta entenderlo todo para disfrutarlo.

Aquí tenéis una divertida versión realizada en un colegio de infantil americano y aquí una versión animada con las ilustraciones de Helen Oxenbury. Aquí una versión musicada en castellano en un colegio de Sudamérica.

Nosotros hemos creados nuestra propia versión de Vamos a cazar un oso con nuestros elementos propios: marcando el ritmo de la caminata golpeándonos los muslos, gritando a la pregunta de si hay algún miedoso, etc. Podéis oirnos pinchando aquí.

Estoy segura de que, aunque no os consideréis muy duchos en el arte de contar cuentos, esta historia os despertará talentos que no sospechabais que teníais. Es un estupendo punto desde el que empezar a profundizar en esta bonita y necesaria destreza: la de saber contar historias.