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Cómo empezar con el juego dramático con niños tímidos (o desmotivados)

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Ya hemos hablado muchas veces del juego dramático y sus beneficios. Ahora en casa, mencionar la palabra teatro y tener a los tres churumbeles descalzos y dispuestos en el salón es todo uno. Pero no fue siempre así. Sobre todo con el mayor R. Al principio era reacio a “entregarse” a esta tarea, a dejarse llevar por ella y lo que supone. Así que tocó inventar una estrategia de “atracción”. En el campo de las actividades teatrales para niños es muy frecuente utilizar marionetas como un paso previo a la representación física. La marioneta no es más que el equivalente del juguete o muñeco que los niños usan durante su juego proyectado, ese juego en el que manipulan a los muñecos como si estuvieran vivos, les ponen voces y los mueven dándoles vida. Todo eso lo hacen de manera espontánea, sin la intervención de un adulto y es, a su manera, tan teatral como cualquiera de las otras actividades que hacen bajo nuestra supervisión. Así que, para llevar  R a mi terreno utilicé lo que más le gusta para jugar: sus playmobil.

caballeros

Le expliqué que los que iban a hacer teatro ese día no éramos nosotros sino sus playmobil. Cogí dos y representé una pequeña escena mimada: una discusión. Los niños siguieron atentamente el desarrollo de la acción y comenzaron a lanzar hipótesis sobre lo que les pasaba a los muñecos. Enseguida comprendieron la dinámica y fueron ellos mismos los que pidieron representar la siguiente escena. Por turnos, uno mimaba una escena que había ideado previamente, solo con onomatopeyas y movimiento, no palabras, lo que hacía que las acciones tuvieran que ser por fuerza mucho más expresivas. Los demás, contemplábamos la escena y tratábamos de adivinar qué les pasaba. Ni que decir tiene, que las escenas elaboradas por ellos estaban llenas de golpes y cachiporrazos pero… ¿no es eso también la esencia de los títeres callejeros o de la mismísima Commedia de’ll Arte?

pelirrojo

Las siguientes veces que mencioné la palabra “teatro”, R, apareció directamente con los playmobil. Después, pasar  de los muñecos a hacer teatro nosotros mismos fue mucho más natural, aunque también escalonado, simplemente sugerimos que la escena que habían representado los muñecos podíamos hacerlo nosotros. Aunque manejar nuestro cuerpo es bien distinto ya había  desarrollado una meditación sobre los movimientos del muñeco para hacerlos más significativos y eso se notó en sus primeras interpretaciones.  Ahora, en increíble, como cada vez son más conscientes de su cuerpo y de cuántas maneras distintas puedes dar información con él.

El juego, instrumento privilegiado de aprendizaje

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Nadie tiene que explicar a un niño cómo se juega. Es algo innato en ellos. Algo que nos pertenece de manera tan inherente como la alimentación o el sueño. Y a pocos se les escapa cuánto aprenden mientras juegan. Ahora bien, mucha gente piensa que ese aprendizaje es tangencial, relativamente irrelevante, definitivamente intrascendente.

No sucede así, en teoría, en Educación. Desde que los postulados constructivistas de Jean Piaget y Lev Vygotski triunfaron por su sentido común en las teorías pedagógicas: el aprendizaje basado en la acción y no en la pasividad, el aprendizaje significativo que parte de los conocimientos previos del niño para ir construyendo sobre elementos motivadores para él y donde el juego es, sin ninguna duda, instrumento privilegiado de aprendizaje. Así lo marca la misma Ley Educativa española en la Orden ECI 3960/2007 por el que se establece el currículo y las enseñas mínimas de Educación Infantil:

“El juego es una conducta universal que niños y niñas manifiestan de forma espontánea. Afecta al desarrollo cognitivo, psicomotor, afectivo y social ya que permite expresar sentimientos, comprender normas, desarrollar la atención, la memoria o la imitación de conductas sociales. A través de los juegos, niñas y niños se aproximan al conocimiento del medio que les rodea, al pensamiento y a las emociones propias y de los demás. Por su carácter motivador, creativo y placentero, la actividad lúdica tiene una importancia clave en Educación infantil. […] En las programaciones de aula, el juego debe ser tratado como objetivo educativo, porque ha de enseñarse a jugar; como contenido, ya que son muchos los aprendizajes vinculados a los juegos que los niños pueden construir; y como recurso metodológico porque a través del juego se pueden realizar aprendizajes referidos a las diversas áreas de conocimiento y experiencia. Por tanto, en Educación infantil se debería dotar de carácter lúdico a las distintas actividades que en ella se realicen, evitando la falsa dicotomía entre juego y trabajo, así como potenciar los juegos infantiles, reservando para ellos tiempos, espacios y recursos. De esa forma se rentabilizará pedagógicamente su potencialidad. En definitiva, el juego debería ser una actividad central en esta etapa educativa porque constituye un elemento privilegiado capaz de integrar diversas situaciones, vivencias, conocimientos o actividades. Por ello, como se ha indicado, no debe entenderse en oposición al trabajo escolar,sino como un instrumento privilegiado de aprendizaje.”

jugando

Esperamos que “el peso de la ley (educativa)” caiga sobre aquellos que todavía proscriben el juego y lo conciben como “una pérdida de tiempo”. Sin embargo, ya sabemos que en seguida se argumentará en nuestra contra que todo esto solo atañe a la etapa de Infantil. Nos guardábamos un as en la manga. También en la temible LOMCE se menciona el juego como estrategia de aprendizaje en Primaria:

“El juego es un recurso imprescindible en esta etapa como situación de aprendizaje, acordes con las intenciones educativas, y como herramienta didáctica por su carácter motivador. Las propuestas didácticas deben incorporar la reflexión y análisis de lo que acontece y la creación de estrategias para facilitar la transferencia de conocimientos de otras situaciones”.

Tal vez la reflexión no es tan inspiradora como la que hemos recogido de la etapa de Infantil, pero, en la teoría, se sigue postulando la intervención educativa a través del juego también en Primaria.

Y si la ley no es suficiente (que no lo suele ser, ni para propios ni para extraños) también está ahí la práctica de los más valientes para demostrar que, en todas las etapas educativas, el juego sigue y seguirá siendo instrumento privilegiado de aprendizaje, por su eficacia, su atractivo y la durabilidad de los contenidos adquiridos gracias a él. Aquí tenéis los métodos de César Bona (el único maestro español que fue nominado este año a los Teacher Global Prize -los Nobel de la Educación) para demostrarlo.

Como siempre el dislate entre la práctica y la teoría, las exigencias de las inspecciones educativas y ministeriales, la presión de la rancias creencias muy extendidas de que la “letra con sangre entra”, provocan que solo los más valientes y divergentes se atrevan a aplicar  estos métodos. Y cuando lo hacen suelen lloverles las críticas porque, en general, tenemos poca paciencia para esperar a que lleguen los resultados. Pero cada vez son más; y estoy segura de que pronto convencerán a los que todavía se sienten reacios a creer en los “poderes” del juego, a los incrédulos que llaman,  con cierto desprecio, “idealistas” a los que apuestan por otros métodos. Estos “otros métodos” implican mucho trabajo y mucha creatividad por parte de los maestros y profesores que los aplican. Deberían ganarse inmediatamente nuestro respeto y no nuestro recelo. Nunca deberíamos despreciar a los “idealistas”. Y es que las realidades se construyen primero soñándolas. Sin sueños no hay realidad que valga.

Jugar a SUS juegos: juego simbólico

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A juzgar por las entradas de este blog podría dar la sensación de que nuestros hijos siempre están bailándonos el agua a los mayores en lo que a juegos respecta. ¡Nada más cercano a la realidad! Es cierto que en muchos momentos se avienen a las “excentricidades” del adulto, pero en la mayoría de los casos es más bien al revés: son ellos los que se acercan a ti para proponerte participar en SUS juegos. Que el adulto diga “sí” en ese momento tiene una importancia muy relevante para fraguar la relación con los niños. No puede hacerse siempre (lamentablemente muchas veces no es una cuestión de deseo sino de imposibilidad temporal) pero todos sabemos que hay que intentar estar lo más disponible posible en estas situaciones.

Situaciones que son,  desde luego, un reto. La capacidad imaginativa de un niño es tan grande que jugar a, por ejemplo, realizar “aventuras” con ellos puede ser realmente agotador para un adulto cuando le toca ser el “ideólogo” de la aventura en cuestión.

Cuando decimos juegos de “aventuras”, tan frecuentes entre los 3 y los 7 años, nos estamos refiriendo a una de las vertientes principales del llamado juego simbólico. Es el juego de “hacer como si” y tiene muchas dimensiones. Esta terminología se utiliza sobre todo para las actividades en las aulas de infantil donde los niños interaccionan con una serie de objetos (maletines de médicos, planchas, comiditas, disfraces, etc.) mientras “fingen” ser, comportarse y hablar como adultos bajo la atenta mirada de los maestros. Como dice el profesor I. Ceballos:

“Sus características y beneficios para el desarrollo de lo que Vygotski llamaba las funciones psicológicas superiores, están bien estudiados: permite el ensayo de situaciones reales sin que las equivocaciones se penalicen, y estimula la imaginación y la creatividad al hacer necesario actuar en una situación imaginaria, mental y no visible. El juego simbólico es, en cierta medida, el medio propio de expresión de los niños (así como los adultos utilizamos una suerte de lenguaje interior); la evocación mental de un suceso no le basta a un niño, y necesita revivir físicamente esa experiencia para asimilarla, de forma análoga a como a veces le encontramos embebido musitando unas palabras que acaba de decir u oír.”

Sin embargo, lo que mucha gente no sabe es que el juego simbólico tiene otras proyecciones:

el juego personal, cuando los niños juegan a encarnar al protagonista de un juego imaginario (superhéroe, detective, princesa, exploradora, etc.) y el juego proyectado que es cuando, a través de muñecos que mueven y a los que les ponen voz, elaboran complejas aventuras.

A en pleno juego simbólico proyectado con sus dinosaurios

A en pleno juego simbólico proyectado con sus dinosaurios

Así que, cuando los niños están jugando a aventuras (ya sea encarnando ellos mismos a los protagonistas o a través de sus muñecos), están inmersos en un proceso creativo tan inmenso y beneficioso para su creatividad que más nos vale no defraudar sus espectativas cuando nos piden que participemos en él. Ahora bien, como hemos dicho, para el adulto estar a la altura de las circunstancias muchas veces es harto difícil.

Hace un par de veranos R estaba completamente fascinado por el mundo del juego simbólico proyectado. Aunque claro… él no lo llamaba por ese nombre tan alambicado y adulto. Vamos que su principal entretenemiento era elaborar aventuras con sus playmobil. Los adultos temblábamos cada vez que pedía nuestra participación porque, como digo, era muy difícil estar a la altura de sus invenciones: demandaba argumentos distintos, con personajes distintos y en distintos escenarios. Tal y como él hacía cuando era el “autor” de la aventura. Era oír, “Venga, ahora inventa tú la aventura” y echarse a temblar.

En plena aventura de superhéroes

En plena aventura de superhéroes

A G, sin embargo, un día se le ocurrió utilizar el argumento de la Guerra de Troya para jugar con R. ¡Se quedó fascinado! Pero al día siguiente quería otra. Y, ¡no!, habíamos subido el nivel con la complejidad y la riqueza de la historia clásica, así que ahora había que trabajárselo más aún. Al día siguiente vivimos el asedio de Numancia (Cervantes…), otro día fue el descubrimiento de América, la llegada a la Luna, el Apollo 13, etc., etc.

Ni que decir tiene que todas estas aventuras le encantaron a R. ¡Pero os podéis imaginar que a nosotros se nos agotaron los argumentos para sus aventuras antes de que a él se le agotaran las ganas de “vivirlas”!

A pesar del esfuerzo, a pesar de la falta de tiempo… ¡es tan importante jugar a sus juegos! ¡Hay que sacar el tiempo de donde sea! Es un tiempo invertido que a cambio dará preciosos frutos en nuestros recuerdos y en sus mentes.