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Piensa global, actúa local: vacaciones en Teruel

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La idea del activista Patrick Geddes que se hizo eslogan mediambiental, dicen, en boca de David Brower, nos sirve para poner la sintonía, en cierto modo paródica, a una de las múltiples paradas que han tenido nuestras vacaciones. Ese “Piensa global, actúa local” nos llevó de planear un viaje familiar al extranjero para satisfacer la curiosidad de los pequeños (y algunos grandes) sobre como se materializa el imperio Disney a, por múltiples y accidentales razones, quedarnos en la Península, en el olvidado Teruel y su fantástico parque temático Dinópolis.

Puede que fueran los azares de la vida pero el resultado, lejos de decepcionar, nos satisfizo mucho más y estuvo, desde luego, mucho más acorde con nuestra ideología vital. Para empezar porque nos demostró, una vez más, que para disfrutar de un entorno maravilloso, lleno de posibilidades naturales y culturales, y de toda la diversión que puede dar un parque temático, no hace falta irse muy lejos ni quemar carburante.

Desde la estupenda casita rural El Tilo, en Rubiales, a la visita guiada en Albarracín para conocer los pormenores de construcción de la coqueta ciudad y visitar su casa museo que tiene la huella de varios siglos y generaciones que han pasado por ella (desde mobialiario del siglo XVII a una nevera de los años 60) . También el museo minero de Escucha para aprender los pormenores y la dureza de la vida de sus trabajadores  (ojo, a su restaurante frente a un parque, perfecto para familias con niños inquietos) o Territorio Dinópolis, las distintas “hermanas pequeñas” de Dinópolis, diseminadas por todo Teruel (en los pueblos que conservan yacimientos paleontológicos: Ariño, Castellote, Galve, Peñarroya de Tastavins, Rubielos de Mora, Albarracín o Riodeva).

minera

Yendo con niños, la joya de la corona turolense en, sin lugar a dudas, Dinópolis: un museo que se a atrevido, además, a ser parque temático. Y es que solo su museo, con tres plantas y decenas de reproducciones de esqueletos de dinosaurios y otros animales contemporáneos (mamuts, dientes de sable, osos, etc.) es uno de los museos paleontológicos más grandes de Europa y solo por él podría justificarse la existencia de Dinópolis. Pero es que también acompañan varios espectáculos de teatro (musical, marionetas, luz negra), películas en 3D, la paleosenda (con reproducciones a tamaño real de dinosaurios), atracciones en barco y coche para “viajar en el tiempo” y ver de primera mano el paso de las edades (jurásico, triásico, etc.) y la aparición del hombre a la Tierra, un parque con tobogán gigante y un amonites laberíntico para meterse dentro, exposiciones sobre diversos temas “dinosáuricos”, una zona de atracciones para los más pequeños, etc. Eso sí, es llamativa la falta de información de la propia página oficial sobre lo que puede verse en Dinópolis.

ojiplatico con los dinosaurios

Todo con un mesurado equilibrio entre la información y el divertimento. No hay que olvidar que Dinópolis tiene vocación educativa y que entre sus muros los paleontólogos de verdad trabajan con los fósiles encontrados en los yacimientos. Lo más sorprendente es que no estuviera abarrotado y los niños pudieran montar una y otra vez en las atracciones. Para nosotros fue un placer disfrutar sin abarrotamientos de esta joya, pero suponemos que los turolenses tienen razón al recordarnos que “Teruel existe”. ¡Y vaya si existe! No fuimos de allí con ganas de volver pronto; tantos y tantos carteles de lagos, piscinas naturales, yacimientos paleontológicos, pinturas rupestres, etc. que nos salían por los preciosos caminos que recorrimos en aquellos días.

Este viaje nos confirmó que, a menudo, pensamos y planeamos con más facilidad sobre lo que está lejos, cuando tenemos maravillas así tan cerca. Así pues, que nuestra visión global no haga olvidar nuestro compromiso local.

 

 

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Taller de velas y jabones artesanales con Espacio inquietudes

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Hace un par de meses localizamos en internet una de esas actividades que nos permiten conciliar todos nuestros intereses… ¡una experiencia para hacer en familia! Se trataba de un taller de velas y jabones artesanales donde ningún producto era tóxico y, por lo tanto, cualquier niño podía trabajar manipulándolo. No lo dudamos un momento, ¡nos apuntamos! Por el momento no abundan las experiencias “aptas” para todos los públicos, en las que podamos participar junto a nuestros niños, sin tener que permanecer al margen como meros espectadores. Creemos que este tipo de experiencias en familia son muy enriquecedoras. Adoptamos la misma posición que nuestros hijos; todos somos en ellas aprendices, todos disfrutamos y colaboramos como “iguales”; jugamos juntos a aprender. Es una preciosa lección, muy oxigenante tanto para niños como para padres que, creemos, que deberían abundar más. En este caso, además, se trataba de una práctica de artesanía y autosuficiencia, ¡lo cual nos encanta aún más!

Le debemos el buen rato a Espacio inquietudes, una escuela de cultura ecológica que imparte cursos basados en la agroecología, la artesanía y la creatividad. Está ubicada en el precioso pueblo de Lozoya, en la Sierra Norte de Madrid.

Allá que fuimos. Los jabones se elaboraban con glicerina (que elimina la intromisión en el proceso de la sosa cáustica, con la que habitualmente se fabrica el jabón pero que es muy tóxica), esencias (café, lavanda, romero, etc.) y otros elementos naturales (cacao, avena, flores de lavanda secas). Un despliegue para los sentidos. Todos disfrutamos eligiendo la composición de nuestro jabón y los más valientes, bajo la supervisión de los adultos, derritieron la glicerina para poder incorporarla a la mezcla. jabones-1Luego en unos simpáticos moldes con forma de insectos vertimos nuestras mezclas. Y mientras esperábamos que se enfriaran nos pusimos manos a la obra con las velas.

jabones-2Las velas, supusieron un proceso similar. Esta vez, había que fundir parafina, seleccionar también nuestros colorantes y esencias y verterlos en sus moldes. Para darnos la bienvenida y mientras que esperábamos que se enfriaran las velas y poder así ponerles la mecha, Emilio nos regaló unas simpáticas canciones (La canción de los bichos o La canción del jabón) para amenizar la espera.

IMG_20170205_124531.jpgAsí de bonitos quedaron nuestros jabones y velas. Es una gozada lavarse las manos con estos jabones tan bonitos y olorosos porque, además, ¡los hemos hecho nosotros mismos!

¡Bravo por Espacio Inquietudes que nos enseñó a hacerlos con mucho amor y paciencia y nos hizo pasar este maravilloso rato en familia!

Vacaciones campestres: País Vasco

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Iniciamos curso y las vacaciones quedan ya muy atrás pero todavía no cuesta nada revivirlas si cerramos un momento los ojos… Entonces parece que estamos ante una inmensidad verde y azul, con un hermoso caserío a nuestra espalda… Se oye a lo niños jugar (y sus gritos no parecen tan “gritos” así en campo abierto), el quiquiriquí del gallo y algún que otro rebuzno de un burro simpático. Nada más. El mundo queda lejos, a unos 6 kilómetros y nosotros estamos perdidos entre las montañas de un recóndito y encantador lugar llamado Larrago en el País Vasco.

larrago cortadavistas larragoY  no solo el entorno natural y el propio caserío merecen nuestros elogios, sino la familia que lo regenta y su amabilidad y naturalidad en el trato con nosotros y con nuestros niños (algo que no siempre encontramos en estos sitios, aun cuando parezcan estar pensados para familias desde un principio). Aquí no molestaban los gritos de júbilo, que se acariciase al burro o a la cabra, que se hicieran equilibrios circenses en lo alto de los columpios o que se lanzasen cañonazos a la portería. Todo está bien visto, o simplemente pasado por alto, porque saben lo que son los niños. Los dueños tiene cuatro.

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Es más, el primer día teníamos en nuestro apartamento dos cajones con juguetes y como una de las muñecas que encandiló a O estaba desnuda no dudaron en prestarnos un trajecito para vestirla.

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Larrago está pensado para no salir. Parece ser que, hasta no hace mucho, también tenía una pequeña piscinita para que los peques chapotearan; será reemplazada pronto, según nos dijeron, y, entonces, estoy segura de que no habrá quien saque a los niños de allí. Sin embargo, el entorno lo merece y está lleno de cultura, arte, historia y, lo más importante, de disfrute, para empapar también a los niños de otros aprendizajes: el artístico Bosque de Oma, la lección de historia de la ciudad de Guernica, el reto físico y mental de subir los 241 escalones hasta la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, los pequeños y encantadores pueblecitos de Ea, Elantxobe o Portugalete, las piraguas en la ría de Urdaibai, las mil posibilidades de acercarse a Bilbao, las cerveceras para comer tranquilamente en familia al aire libre con vistas fantásticas y con  parque infantil incorporado (especialmente genial la de San Juan de Gaztelugatxe)…

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A  llevado por el entusiasmo llegó a afirmar: “¡El País Vasco, es el mejor país!”. Y no es de extrañar, porque este verano el entorno les ha permitido experimentar con algo valioso, emocionante y extraño para un niño: su libertad. R ha comprendido perfectamente que durante las vacaciones se aprende tanto o más que durante los meses lectivos.

Burrolandia: amigos de los burros

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Más allá del reino de las tres torres, más allá de las tierras de la sabiduría autónoma, más allá del monte mágico de Viñuelas… existe un lugar donde el Burro es el rey. Pero no porque sea una monarquía asnescas, sino más bien una república donde el burro convive en armonía con su pariente noble, el caballo, algunas gallinas, algún cerdo y una vaca Watusi.

Más allá de los cuentos (cualquier acción noble hoy nos lo parece) Burrolandia es una protectora animal aletada por una asociación cultural sin ánimo de lucro, dedicada al cuidado ya la protección de estos simpáticos animales que tantos servicios le han prestado al hombre y que, hoy en día, están en peligro de extinción.

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Todos los domingos abren sus puertas de 10 a 14:30 de forma gratuita para que amantes de los burros acudamos a su granja y disfrutemos de una mañana en la naturaleza en un paraje impresionante de Soto de Viñuelas.

Una vez allí los niños pueden dar paseos en burro, montar en calesa o alimentar a los animales con las cestas de comida que los voluntarios de Burrolandia venden. Estas actividades, junto al merchandising (camisetas, cremas de leche de burra, mochilas, etc.) suponen una de las bases de ingreso para que la Asociación pueda seguir continuando su labor, recogiendo y cuidando a los animales abandonados o maltratados.

Burrolandia cuenta también con un huerto y un chiringuito súper auténtico donde tomarse un piscolabis (ese rico bocadillo de panceta o choricito que sabe tan bien en la naturaleza). Además, es petfriendly así que todos: niños, mayores y mascotas, pueden disfrutar de una preciosa mañana de domingo.

Cabras y quesos en Colmenar Viejo

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Hace unas semanas repetimos con los/as chicos/as de Enclave Medioambiente. Esta vez se trataba de, además de hacer en familia una senda por la cañada del Zahurdón, en el entorno natural de Colmenar Viejo, conocer a Rafa y su proyecto de explotación ecológica de cabras: la finca Suerte Ampanera.

Enclave nos citó en el puente medieval de Colmenar y, ya para empezar, tuvimos el gusto de ver cómo han crecido desde que les conocimos. ¡La convocatoria había tenido tanto éxito que tuvieron que desdoblar la visita en dos fines de semana! El paseo hasta Suerte Ampanera, como siempre, estuvo amenizado por la explicaciones de Dani, nuestro guía de Enclave, que con mucha mano izquierda y simpatía nos embaucó tanto a adultos (lo fácil) como a niños (el “más difícil todavía”).  Dani nos retó a encontrar cinco plantas distintas y, así de paso que los niños ejercían de Sherlock naturalistas, aprendimos la flora del entorno.

Pero lo que de verdad hizo entrar a los niños en éxtasis fueron… ¡las cabras! 1500 cabras que, limpias y brillantes, pastaban a sus anchas por la finca. Impagable el momento en que O, de dos años, agarrando la cara de una de las cabras y mirándola tiernamente a los ojos le dijo: “Carita bonita”.

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Mientras Rafa nos contaba a los  visitantes lo que supone transformar una pequeña granja familiar de apenas 50 cabras en un negocio ecológico y rentable de 1500, las cabras pastaban a nuestro alrededor a sus anchas mientras que los pequeños les daban “aperitivos” entusiasmados.

Lo alucinante no fue solo la paciencia, tolerancia e, incluso, cariño con el que trataron y consintieron a los niños: enseñándoles cómo se ordeña a la cabras o dejándoles coger a los cabritillos.   Lo verdaderamente impresionante, lo que reconcilia con el mundo cuando uno se siente de vez en cuando “de vuelta”, es que haya gente por el mundo que todavía trabaja con unos ideales que están por encima del dinero, que piense en una buena manera de ganarse la vida para los de cerca y para el “ahora”, pero igualmente óptima para todos los demás y para el mañana.

IMG_20160313_134334Y para acabar la visita nos dejaron probar sus quesos y yogures… ¡Ummm, qué ricos! Nos quedamos con ganas de más, así que nos llevamos dos quesos, un yogur y 12 huevos a casa.

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Las Herreras: un oasis en la capital

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Las Herreras es una aldea escondida en un valle del lado más occidental de la Comunidad de Madrid. Ubicada en un trocito de tierra madrileña que se aventura en tierras abulenses. Lo curioso es que está más próxima a Navas del Marqués o Peguerinos que a su localidad de referencia madrileña: Santa María de la Alameda. Entre montañas, caballos y vacas nos escapamos la semana pasada esperando el milagro de la nieve.

IMG_20160206_161656Nos acogió La escuela, unas preciosas casitas rurales con unas vistas impresionantes al valle. Después de un primer día tomando contacto con los habitantes de la zona (vacas y caballos) la mañana del domingo nos regaló ¡la primera nevada del año!

IMG_20160207_104603Perfecta para probar el trineo del año pasado e incluso para dar un paseo hasta el río montados en él, oliendo las jaras y el romero a nuestro paso. Y la nieve, es lo que tiene, sirve hasta para ¡practicar la lectoescritura!

IMG_20160207_094819Tras tres horas de intensa relación con la nieve y todas sus posibilidades, nos refugiamos en El Escorial en el restaurante Ronnie’s Family Restaurant (y el apellido “Family” lo lleva con todos los honores, porque incluso cuenta con una amplia zona llena de juguetes para que los niños campen a sus anchas antes y después de la comida). Después, un paseo con los tíos por el bosque de La herrería, por una senda que parte de la silla de Felipe II. El éxito de la excursión51S1VbnS12L._SX333_BO1,204,203,200_ se la debemos, ante todo, al magnífico libro de Javier Zarzuela, Excursiones para niños por la sierra de Madrid. Escrito por un padre, maestro y experto en ecología infantil, que sabe que para que los planes con niños salgan bien hay que dejar poco margen a la sorpresa. Las rutas que plantea están fijadas por edades, marca los tipos de carrito que son aptos para cada una, el tiempo que se tarda en recorrerlas (a paso de niño), las estaciones más idóneas para cada excursión, además de un montón de información sobre la zona y sobre posibles actividades y juegos que hacer con los niños durante el paseo. En resumen, todas las contingencias posibles están cubiertas y a los “excursionistas” solo les queda disfrutar.

En nuestro caso, el paseo por el bosque de La herrería fue un éxito (a pesar del frío).

IMG_20160207_165911Nuestras fierecillas trotaron por los caminos y escalaron las rocas inmersos en sus aventuras.

A la mañana siguiente tocaba volver a la ciudad, pero pudimos permitirnos una parada en el embalse de Valmayor, para disfrutar de otra de las rutas propuestas por Javier Zarzuela. Nos despedimos de nuestra escapada a la naturaleza tirando piedras al embalse mientras que observábamos a las gaviotas. ¿Quién puede pedir más?

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Girona: historia y naturaleza con los niños

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Ya estamos de vuelta de las vacaciones, ¡todo lo bueno se acaba! Este año el tour ha sido por Girona. Primera parada: Banyoles, capital del Pla de l’Estany. “Dueña”, además, del mayor lago natural de Cataluña y sobre el que se articula gran parte de la vida de sus ciudadanos y, como no, del turismo de la zona. El lago sirve para dar paseos en barca, nadar (en las zonas reservadas para ello), recorrer en bicicleta su perímetro o buscar a su monstruo

Puesta de sol frente al lago de Banyoles

Puesta de sol frente al lago de Banyoles

Afortunadamente, Banyoles es una gran conocida para los catalanes, pero el turismo externo es relativamente moderado, así que es una de esas pocas joyas sin explotar donde uno se siente turista, pero no tanto.

“Ejercicios” frente al lago tras el baño

Junto al lago, también visitamos la reconstrucción de un poblado neolítico, donde los niños pudieron experimentar con las armas, utensilios y cabañas que utilizaban sus anteanteantepasados.

¡Cuidado, que te doy con mi hacha!

¡Cuidado, que te doy con mi hacha!

El entorno es además, muy sugerente. En el municipio vecino, Porqueres, podemos visitar el mágico bosque de Les Estunes. Cuenta la leyenda que está habitado por unos seres mágicos, las goges, que encantan a los visitantes con sus voces para “atraparlos” entre las grietas de las rocas donde habitan y “salvarles” de la vuelta al insulso mundo normal. Aunque uno no sea muy proclive confiar en las leyendas, como poco, tras su paso por Les Estunes, le entran dudas razonables.

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Un poco más lejos tenemos Figueres, donde, para empezar, podemos visitar el  sugerente Teatro-Museo de Salvador Dalí. Sino fuera por su abarrotamiento (es, por lo visto, el tercer museo más visitado de España) sería la visita perfecta para despertar la imaginación de cualquiera.

Mirando el patio de la Casa-Museo de Dalí en Figueres

Mirando el patio del Teatro Museo de Dalí en Figueres

También en Figueres podemos encontrar el paraíso de cualquier niño ( y adulto nostálgico) el museo del juguete. Y, por último (el día en Figueres es intenso), la fortaleza de San Fernando, donde puedes recorrer el foso de la fortaleza en jeep, entrar en las contraminas (con casco de minero iluminado y todo) y “navegar” por las cisternas.

Paseando por las caballerizas de la fortaleza de san Fernando en Figueres

Paseando por las caballerizas de la fortaleza de san Fernando en Figueres

Cerca también de Banyoles está la comarca de La Garrotxa cuajada de idílicos pueblecitos medievales como Santa Pau o Besalú.

Caminado por Santa Pau, con espada de madera y todo, como verdaderos caballeros medievales

Caminado por Santa Pau, con espada de madera y todo, como verdaderos caballeros medievales

Nuestra segunda parada fue un poco más cerca de la costa, en otro pueblecito medieval: Peratallada. Allí incurrimos de nuevo en nuestra debilidad por las vacas y nos hospedamos en Ca l’Anguila, una casa rural-granja de lo más auténtico.

¡Hola, vacas!

¡Hola, vacas!

Aunque la belleza de Peratallada es más que suficiente para cualquier ojo y espíritu sereno, nuestros cinco pares de inquietas piernas recorrieron también parte de la comarca.

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Pateando Peratallada

Las playas de la zona, en especial Illa roja,

Saltando desde la mismísima Illa Roja

Saltando desde la mismísima Illa Roja

el pueblo de Pals (referente medieval de la zona), las ruinas grecolatinas de Ampurias (donde las audioguías hicieron las delicias de los niños), el poblado ibérico de Ullastret, el recorrido en barco con vistas marinas alrededor de las Islas Medes en L’Estartit o la visita cultural a la capital, Girona, nos dejaron exhaustos, pero funcionaron como una estupenda lección de historia.

¡Ey, mira, un banco de doradas!

¡Ey, mira, un banco de doradas!

Las Islas Medes al fondo

¡Adiós, Islas Medes! ¡Adiós, Girona!

En resumen, unas vacaciones magníficas y muy recomendables para todo aquel que quiera un baño de sol y otro de historia.

La Vijanera: la importancia del folclore

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Hace muchos  años nuestros ancestros celebraban, con ritos coloridos y musicales, el tránsito por el invierno, el despertar de la naturaleza y todo lo que ello conllevaba para sus vidas: el paso del frío, la llegada de los primeros frutos. La vida de nuevo. Eran ritos, claro, celebrativos, telúricos, sensuales, un tanto descarados (literalmente, porque eran mascaradas…) y tremendamente populares. No en vano, durante su celebración se desplomaban todas las normas sociales: los criados se convertían en dueños, los duelos en criados, las mujeres en hombres, etc. Tal vez por esto fueron prohibidos durante mucho tiempo. El cristianismo terminó por adaptar la costumbre celebrativa y el colorido para implantar su fiesta por excelencia: la Navidad.

Sin embargo, con el paso de los años, son muchos los que echando la vista atrás han comenzado a extrañar estos ritos en nuestras vidas y a reclamarlos tan y como los celebraron nuestros ancestros. Lo que tiene de catarsis, de libertad, de poder del pueblo. Aunque sea solo un espejismo de un día, o de una noche.

La Vijanera es una de estas fiestas rescatadas. Se celebrá en Silió (Cantabria) el primer domingo del año. Este año cayó en 4 de enero y pudimos acercarnos.

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Subiendo hacia Silió

Subiendo hacia Silió

La fiesta impacta a un adulto y maravilla a los niños. Mientras aguardamos al comienzo de la “ceremonia” (que se hace esperar…) las jóvenes del pueblo cantan y bailan jotas:

O no pierde detalle de la jota... y después se arrancó a baila ella también

O no pierde detalle de la jota… y después se arrancó a baila ella también

Comienza con la caza del oso, encarnación del mal

El oso cazado...

El oso cazado…

En ella el papel más destacado lo tienen los zamarracos: vestidos con pieles de oveja, la cara tiznada de negro y grandes cencerros colgados del cuerpo que hacen sonar para espantar a los malos espíritus.

Los zamarracos

Los zamarracos

Tras la captura del oso, todos los personajes (más de 75) desfilan por el pueblo, interactuando con la concurrencia.

Los trapajones: Se incluyen aquí los trajes confeccionados con elementos naturales: Musgo, Hiedra, Paja, Helechos, Berezo, Maiz, Alubias, hojas y cortezas de distintos árboles...

Los trapajones: Se incluyen aquí los trajes confeccionados con elementos naturales: Musgo, Hiedra, Paja, Helechos, Berezo, Maiz, Alubias, hojas y cortezas de distintos árboles…

El Ojáncano: Personaje de la mitología cántabra cuya representación intenta atemorizar al pueblo

El Ojáncano: Personaje de la mitología cántabra cuya representación intenta atemorizar al pueblo

El zorrocloco: un ambiguo personaje vestido con falda...

El zorrocloco: un ambiguo personaje vestido con falda…

El “desfile” termina con la lectura de unas coplas donde se hace repaso de todo el año. Nadie se libra (ni propios ni ajenos) de la aguda crítica de los mozos del pueblo.

Leyendo las coplas: no dejan títere con cabeza

Leyendo las coplas: no dejan títere con cabeza

Tras la lectura de las coplas sigue la fiesta para los jóvenes.

La fiesta continua

La fiesta continua

Para los no tan jóvenes y para los “muy” jóvenes ha llegado la hora de volver a casa. Pero nos llevamos algo muy nuestro: la esencia de una celebración primitiva que, aunque nos empeñemos en negarlo, seguimos llevando en la sangre. El impacto de lo simbólico, de ver celebrar por todo lo alto algo que se lo merece, pero que de normal solo alabamos con timidez, apocadamente. Cuando lo que hace nos hace falta de verdad es recordar un poco lo que fuimos (que sigue siendo lo que somos) cuando no éramos tan “civilizados”.

Aunque lo más curioso de todo… es que los niños no se extrañan de nada.

Vacaciones campestres (II): La Quintana de la Foncalada (Argüero-Asturias)

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… y del Valle del Tiétar a Asturias, pasando por Cantabria. Dejamos Cantabria nublada y Asturias nos recibe con un sol espléndido y con una temperatura atemperada (como no podía ser de otra manera). Y allí, la Quintana de la Foncalada, un caserío tradicional asturiano completamente rehabilitado rodeado de una hectárea muy bien aprovechada: ponis asturcones, ovejas xaldas, gallinas pintas (todas razas autóctonas), cerdos, caballos, patos, huerto, etc. Y lo mejor no es la presencia per se de los animales. Lo mejor es que los dueños de la Quintana de la Foncalada ponen la granja, como quien dice, a disposición de los que allí se albergan. De este modo la estancia se convierte en toda una experiencia. No solo por el hecho de poder cepillar y cuidar a los ponis y burros…

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R cepillando a la burra

O acariciando a la poni Pitita

O acariciando a la poni Pitita

También por el hecho de incluir a los animales en la rutina diaria. Las sobras de las comidas sirven para alimentar a los cerdos y las gallinas… ¡y son los propios niños los que se ocupan de hacerlo cada mañana!

O a punto de alimentar a los cerdos...

O a punto de alimentar a los cerdos…

Esperando a que salgan las pitas pintas...

Esperando a que salgan las pitas pintas…

Pero la Quintana de la Foncalada no es solo genial para los niños urbanitas por los animales y la excelente experiencia que es convivir con ellos de una manera efectiva al menos durante unos días. ¿Os imaginais tener de nuevo 6 o 3 años y entrar en un lugar donde hay una auténtica casa en el árbol?

R colgado como un monillo del tobogán de la casa en el árbol

R colgado como un monillo del tobogán de la casa en el árbol y A, a la derecha, balanceándose en el caballito fabricado con neumático

¡Era difícil arrancarles de allí! ¡Incluso cuando estaba lloviendo (lógico en el Norte) les servía de refugio!

Todos estos incentivos, obviamente, sirven al igual para hijos que para los padres (sí, no pude resistir la tentación de subirme a la casita del árbol…). Pero por si no fuera poco, la Quintana de la Foncalada ofrece cursos gratuitos para las personas albergadas en ella. Nosotros nos apuntamos al completo al taller de cerámica. Parecía un plan kamikaze y, contra todo pronóstico, la única que no se sumó fue O… Los niños, prestaron una atención hipnótica a las explicaciones y sus trabajos finales fueron, como suele pasar, unas pequeñas obras de arte.

A amasando el barro

A amasando el barro

En resumen, la estancia en la Quintana de la Foncalada ha sido un magnífico colofón para nuestras vacaciones. ¡Seguimos en la línea de acerca más el campo a nuestras vidas!

Vacaciones campestres (I): El Tejarejo (Valle del Tiétar)

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No damos muchas noticias… ¡porque estamos de vacaciones, claro!

¡Ah, las vacaciones! Momento inmejorable pra explorar otros modos de vida, un ritmo vital más acorde con nuestras pulsaciones, y, para los que somos padres, disfrutar a tope de nuestros hijos.

Volvemos ahora de una memorable estancia en la casa rural El Tejarejo. Perfecta para ir con niños. Perfecta para ir con toda la familia (como ha sido nuestro caso). Perfecta para una estancia romántica. Perfecta para ir con amigos. Pocos sitios encajan tan bien con situaciones tan distintas… ¡y este lo hace con todas a la vez!

El Tejarejo es una finca inmensa, a medio camino entre Ávila y Toledo. Aislada del mundanal ruido. El conjunto total está formado por una casa temática (ambientada en culturas del mundo: Persia, África, India…) y un hotel rural cuyas habitaciones tienen la singularidad de estar tituladas… ¡como las novelas ejemplares de Cervantes! (buen detalles si albergas a filólogos… y nosotros ¡llevabamos tres!). Y aunque ambas casas son encantadoras, cuidadas hasta el más mínimo detalle, lo verdaderamente magnífico es el entorno. La naturaleza de la Sierra de Gredos pone la mitad del encanto, pero la propia finca y sus detalles ponen la otra mitad. Un camino enlosado separa las dos casas; a derecha e izquierda el caminante puede ir topándose con lámparas redondas que surgen de la tierra como setas mágicas.

Las bombillas mágicas de El Tejarejo, vistas a través de la cámara de R

Las bombillas mágicas de El Tejarejo, vistas a través de la cámara de R

Además, la mirada tropieza una y otra vez con los cientos de figuras y esculturas de cerámica que engalanan la finca: caracoles, patos, tortugas, niños, cohetes, casas, bustos… todo lo imaginable hecho cerámica.

O reta a la muñeca de cerámica; el resto, al fondo, juegan a los bolos

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R “Kingkongneando”…

Genial es también el tres en raya “natural” construido con tocones de árboles y piedras pintadas: sencillo y magnífico.

A haciendo pesas con las fichas del tres en raya

A jugando al tres en raya

Para las delicias de los niños (y de los mayores) la casa cuenta con un montón de juegos al aire libre (petanca, bolos, futbolín, rana, ping-pong, bádminton, mini golf) y otros tantos para jugar si el rigor del sol o la lluvia impiden disfrutar del entorno (billar, juegos de mesa, etc.).

El capítulo “animal” tampoco es su punto débil: tortugas, un estanque con peces y una granja con gallinas enanas, palomas, pichones, pavos… Y por supuesto, ¡piscina!

¡Al agua patos!

¡Al agua patos!

Y otros de los puntos fuertes de El Tejarejo son las manos y la amabilidad y simpatía de sus cocineras (si había cocineros, no los vimos…). Chuletillas de cordero, gazpacho de remolacha, chuletón de ávila, patatas revolconas, carillas, ¡Ummmmm! Hemos traído la panza bien satisfecha.

Vamos, que no hemos salido de El Tejarejo. Completamente recomendable si quieres disfrutar de tu familia en plena naturaleza.