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La Vijanera: la importancia del folclore

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Hace muchos  años nuestros ancestros celebraban, con ritos coloridos y musicales, el tránsito por el invierno, el despertar de la naturaleza y todo lo que ello conllevaba para sus vidas: el paso del frío, la llegada de los primeros frutos. La vida de nuevo. Eran ritos, claro, celebrativos, telúricos, sensuales, un tanto descarados (literalmente, porque eran mascaradas…) y tremendamente populares. No en vano, durante su celebración se desplomaban todas las normas sociales: los criados se convertían en dueños, los duelos en criados, las mujeres en hombres, etc. Tal vez por esto fueron prohibidos durante mucho tiempo. El cristianismo terminó por adaptar la costumbre celebrativa y el colorido para implantar su fiesta por excelencia: la Navidad.

Sin embargo, con el paso de los años, son muchos los que echando la vista atrás han comenzado a extrañar estos ritos en nuestras vidas y a reclamarlos tan y como los celebraron nuestros ancestros. Lo que tiene de catarsis, de libertad, de poder del pueblo. Aunque sea solo un espejismo de un día, o de una noche.

La Vijanera es una de estas fiestas rescatadas. Se celebrá en Silió (Cantabria) el primer domingo del año. Este año cayó en 4 de enero y pudimos acercarnos.

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Subiendo hacia Silió

Subiendo hacia Silió

La fiesta impacta a un adulto y maravilla a los niños. Mientras aguardamos al comienzo de la “ceremonia” (que se hace esperar…) las jóvenes del pueblo cantan y bailan jotas:

O no pierde detalle de la jota... y después se arrancó a baila ella también

O no pierde detalle de la jota… y después se arrancó a baila ella también

Comienza con la caza del oso, encarnación del mal

El oso cazado...

El oso cazado…

En ella el papel más destacado lo tienen los zamarracos: vestidos con pieles de oveja, la cara tiznada de negro y grandes cencerros colgados del cuerpo que hacen sonar para espantar a los malos espíritus.

Los zamarracos

Los zamarracos

Tras la captura del oso, todos los personajes (más de 75) desfilan por el pueblo, interactuando con la concurrencia.

Los trapajones: Se incluyen aquí los trajes confeccionados con elementos naturales: Musgo, Hiedra, Paja, Helechos, Berezo, Maiz, Alubias, hojas y cortezas de distintos árboles...

Los trapajones: Se incluyen aquí los trajes confeccionados con elementos naturales: Musgo, Hiedra, Paja, Helechos, Berezo, Maiz, Alubias, hojas y cortezas de distintos árboles…

El Ojáncano: Personaje de la mitología cántabra cuya representación intenta atemorizar al pueblo

El Ojáncano: Personaje de la mitología cántabra cuya representación intenta atemorizar al pueblo

El zorrocloco: un ambiguo personaje vestido con falda...

El zorrocloco: un ambiguo personaje vestido con falda…

El “desfile” termina con la lectura de unas coplas donde se hace repaso de todo el año. Nadie se libra (ni propios ni ajenos) de la aguda crítica de los mozos del pueblo.

Leyendo las coplas: no dejan títere con cabeza

Leyendo las coplas: no dejan títere con cabeza

Tras la lectura de las coplas sigue la fiesta para los jóvenes.

La fiesta continua

La fiesta continua

Para los no tan jóvenes y para los “muy” jóvenes ha llegado la hora de volver a casa. Pero nos llevamos algo muy nuestro: la esencia de una celebración primitiva que, aunque nos empeñemos en negarlo, seguimos llevando en la sangre. El impacto de lo simbólico, de ver celebrar por todo lo alto algo que se lo merece, pero que de normal solo alabamos con timidez, apocadamente. Cuando lo que hace nos hace falta de verdad es recordar un poco lo que fuimos (que sigue siendo lo que somos) cuando no éramos tan “civilizados”.

Aunque lo más curioso de todo… es que los niños no se extrañan de nada.

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