Trabajo por proyectos: civilización egipcia

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Muchos habréis oído ya hablar de los beneficios del trabajo por proyectos. Para los que no:

1. Una visión política vinculada a la democracia radical, donde la ciudadanía se erige en protagonista activa en la toma de decisiones respecto a los asuntos que les conciernen. De igual modo, en la escuela el alumnado expresa libremente su voz y aprende a tomar decisiones y responsabilidades

2. Una visión educativa, que considera a la institución escolar como parte de una comunidad de aprendizaje abierta, donde los individuos aprender con y de los otros, donde la investigación sobre lo emergente tiene un papel fundamental en estos intercambios. 

3. Una visión curricular basada en el currículo integrado transdisciplinar, donde las decisiones son fruto de un diálogo continuo con el conocimiento, las distintas realidades, los centros y los sujetos, y no resultado de una imposición de la Administración, plasmada en los libros de texto o condicionada por los intereses profesionales del profesorado. 

4. Una perspectiva del conocimiento que estimula el deseo continuo de investigar y aprender del alumnado, dentro y fuera de la escuela, con la lupa puesta en la complejidad del conocimiento vinculado a una mayor comprensión de la realidad. 

(Fernando Hernández y Montserrat Ventura, La organización del currículo por proyectos de trabajo, Barcelona: Octaedra, 2008)

Este modo de enfocar los contenidos está cada vez más en boga en Infantil y muchos colegios, públicos y privados, lo están adoptando con grandes dosis de valentía y honestidad profesional, puesto que para el maestro implica trabajar mucho más (recordemos que no se trabaja con libros de texto sino con los materiales que prepara el propio maestro). Sin embargo, los resultados son tan asombrosos que convencen al más perezoso.

Para empezar, se trata de testar los intereses de los niños mediante una asamblea, preguntarles a ellos mismos sobre qué quieren trabajar. Las respuestas, obviamente, serán de lo más peregrinas y divergentes: dinosaurios, superhéroes, piedras preciosas, lunares o cocodrilos. No importa, si partimos de sus intereses, contamos con su motivación y el trabajo va a ser mucho más provechoso y rápido que si tenemos que embutirles los conocimientos, como si en vez de hablar de niños estuviéramos hablando de salchichones… A continuación, el maestro debe idear una serie de actividades sobre el tema elegido por los niños donde se trabajen de manera integrada (y no como compartimentos estancos como suele ser la habitual transmisión por asignaturas) todas las áreas de Infantil: Conocimiento de sí mismo y autonomía personal, Conocimiento de entorno y Lenguajes: comunicación y representación.

El maestro debe sugerir más que enseñar: muestra los materiales pero son  los niños los que sacan las  conclusiones. Él, pues, será un guía en ese aprendizaje en el que los niños avanzan en los contenidos por sus propios medios y cada uno a su ritmo. Esto no significa, como digo, menos trabajo para el maestro. Al contrario, tener el tacto, la sensibilidad y la creatividad para buscar y elegir los materiales y actividades ideales para el proyecto; ir guiando a los niños no cayendo en la tentación de intervenir demasiado; solo lo justo para desencallar a los que se atascan y dar alas a los que quieren volar y teniendo la escucha suficiente para advertir cuando el tema se agota y llega la hora de pasar al siguiente. Un referente en todo esto es la maestra y psicopedagoga Mari Carmen Díez Navarro, que en su libro El piso de abajo de la escuela, nos cuenta el día a día con sus niños en la Escuela Infantil donde trabajan amparados por esta metodología.

Dentro de nuestro plan de verano surgió la idea de trabajar sobre la civilización egipcia. R había estado leyendo en el cole la historia de Cleopatra, Marco Antonio y César y había quedado muy impresionado (a todas las edades nos atrae lo culebronesco…). Aprovechamos el tirón; sabiendo además que en Madrid teníamos a nuestra disposición la magnífica exposición Animales y Faraones en el CaixaForum Madrid que podía ser una inmejorable guinda para nuestro proyecto/pastel.

Han sido dos semanas donde de manera natural hemos ido introduciendo conversaciones y actividades sobre Egipto. R nos contó todo lo aprendido en clase sobre la reina de Egipto, el río Nilo y los dioses. Vimos en familia las fotografías del viaje que G y yo hicimos a Egipto hace unos años: R quedó muy impresionado al saber que habíamos estado dentro de una pirámide; también les impresionó que los egipcios de hoy ¡¡¡vistieran normal!!! Vimos todos juntos Astérix y Cleopatra (desde luego no suele haber lección de historia más amena que las que nos traen Goscinny y Uderzo). La abuela A les regaló muy oportunamente un libro sobre la civilización egipcia y de ahí sacamos nuestros nombres traducidos al “jeroglífico” que ahora adornan las puertas de nuestros cuartos:

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Y por fin, llegó el momento de visitar la exposición. Hay que decir que el secreto de nuestro éxito, en este caso, se debe que a previamente G y yo habíamos visitado la exposición. A nivel “adulto” nos pareció magnífica, pero nunca se me hubiera ocurrido lo buena que podía ser para los niños hasta que la insertamos dentro del proyecto de Egipto. Hay que decir también que CaixaForum se esmera siempre en que sus exposiciones no solo sean visuales sino toda una experiencia sensorial. En esta nada más entrar, te dan la bienvenida los “divinos” animales disecados y al fondo se ven unos paneles en forma de columna que dan la sensación de estar en el mismísimo templo de Luxor. Además, de disfrutar de los animales esculpidos, la exposición tiene su punto macabro, tan del gusto infantil, con las momias de gatos, cocodrilos, ibis, etc. Y al final, una sala especial para los niños donde pueden diseñar su propio dios-animal u objeto zoomorfo, además de jugar con un programa interactivo.

A diseñando su hipoáguila

A diseñando su hipoáguila

R dibujando su hipocabra

R dibujando su hipocabra

Nunca nos había pasado que nos echaran de una exposición… ¡por el propio interés de los niños que no querían moverse de allí!

Con el proyecto de Egipto los niños han aprendido Historia, han practicado la lectoescritura con sentido, han valorado y creado obras artísticas, han puesto en práctica la comunicación oral, han aprendido nuevo vocabulario… ¿alguien da más?

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  1. Y también habrán aprendido algo sobre animales, sobre la muerte (embalsamación, enterramientos), habrán trabajado la coordinación óculo-manual (en el coloreado y el dibujo), y la creatividad (animales mezclados, creando seres fantásticos, imposibles pero pensables)… ¿no? ¡Por lo menos!

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