El mito de los deberes (III): soluciones

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Me gustan los libros con críticas fundamentadas. Pero un libro que critica y no propone nada a cambio no sirve de mucho. Tal vez por eso El mito de los deberes me ha resultado tan redondo.

Seguimos entonces con Alfie Kohn y su El mito de los deberes. Después de su exhaustivo y científico análisis sobre la situación de los deberes en las escuelas traza un itinerario de soluciones o “posibles puntos de encuentro”.

1. Para empezar, Kohn afirma que aunque lo más saludable sería eliminar los deberes por completo esa solución no es muy realista (dado el alcance y el calado que tienen en los sistemas educativos sería muy complicado extirparlos sin más). Por lo tanto propone simplemente que la situación de punto de partida no sea “deberes por defecto”, sino “no deberes por defecto”. Esto ya trata de eliminar una dinámica donde no se medita el beneficio o el objetivo que se persigue con los deberes, sino que simplemente perpetúa una rutina. Evidentemente si solo se mandara deberes con motivos meditados y puntuales sucederían dos cosas: se disminuiría la cantidad de deberes y aumentaría su calidad (porque implicarían una reflexión mucho más profunda que simplemente mandar la p. 4 del libro de Mates, mañana la 5, pasado la 6…).

2. Para seguir propone que los deberes que se hicieran en casa (partiendo de los supuestos de menor cantidad y mayor calidad) fueran de un tipo muy distinto de los que se hacen en clase. Propone tres tipos:

       a. Actividades naturalmente adaptadas para casa: por ejemplo, hacer entrevistas a la familia o experimentos en la cocina, propone Kohn. Nosotros añadimos todas aquellas de  participación en asuntos de la rutina familiar que impliquen utilizar de forma práctica lo aprendido en el colegio (copiar la lista de la compra, sumar el precio de los productos…); también actividades de disciplinas que están al margen (total o parcialmente) del currículo educativo o que por el despliegue que implican son muy difíciles de poner en práctica en las aulas (teatro, música, artes plásticas, ciencia más experimental, etc.).

           b. Actividades en familia que normalmente no vemos como deberes: buscar información en Internet, hacer crucigramas o sudokus juntos, ver películas con contenidos interesantes y hacer después un pequeño cineforum, ir juntos al teatro, a una exposición, etc.

        c. Leer: todos estamos de acuerdo en la importancia que tiene incorporar la lectura a la rutina de los niños. Pero ante esto Kohn es igual de expeditivo que nosotros mismos lo hemos sido otras veces: hay que leer libros elegidos por los propios niños: “los beneficios de una lectura voluntaria se ponen en peligro cuando los profesores establecen obligaciones como leer cada tarde un determinado número de páginas o de minutos […] es un ejemplo de cómo convertir algo potencialmente positivo en una tarea tradicional y, así, reducir el valor de la idea”.

3. Otra de sus grandes propuestas es que los niños deben poder participar en la elección de las tareas que llamamos deberes. Y es que “debatir sobre si los deberes puedes ser útiles (y por qué) puede ser de gran valor por sí mismo, con independencia de lo que puedan aprender haciendo los deberes”. En Japón (uno de los países que da más altas calificaciones, por ejemplo, en el mencionadísimo Informe Pisa) los estudiantes no tienen deberes tradicionales sino que dedican su tiempo a revisar las lecciones del día y preparar las del día siguiente.

4. Por supuesto, los profesores deben diseñar personalmente lo que se manda y no, como ya hemos mencionado, limitarse a señalar páginas de un libro sucesivamente hasta terminarlo por completo, en una especie de carrera sin fondo.

5. Las tareas (al menos en su cantidad) deben estar individualizadas. Esto es ajustadas a los intereses y capacidades de los estudiantes.

6. Contar con las familias. No solo debatir con los alumnos el valor y la calidad de los deberes sino exponerlo también a las familias y hacerles partícipes de ello.

7. Dejar de poner notas a los deberes. Hay que pasar de un modelo en el que se califica la tarea como bien o mal hecha a otro donde los alumnos expliquen cómo han abordado la tarea y qué dificultades han encontrado. Los deberes deben ser “La oportunidad de cometer errores y aprender de ellos” y no “de ser castigado por ellos”.

8. Abordar las desigualdades. Ya hablamos del problema que le puede suponer a familias con menos recursos culturales ayudar a sus hijos con los deberes y cómo puede esto aumentar la brecha entre los alumnos. Kohn propone soluciones como incluir un pequeño espacio dentro del horario escolar para que todos los alumnos puedan ser ayudados por profesionales de la enseñanza.

kohn 2

Estas son, en resumen, las razonables medidas que propone Alfie Kohn para modificar una dinámica que está presentando más problemas que beneficios según las investigaciones en Educación.

Si te ha convencido, como a mí, este es el momento de pasar la voz, de informar a otros padres y maestros, y entre todos debatir para construir un mejor sistema educativo. Padres y maestros somos un equipo que deberían trabajar codo con codo por un objetivo tan relevante como la educación de nuestros niños, futuros ciudadanos del mundo. Ya ocurre en muchos casos como ejemplifica Kohn en su libro (también puedes ver muchos ejemplos en la página que la editorial Kaleida Forma ha creado ad hoc para el libro).

No dejes pasar la oportunidad de iniciar el cambio.

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  1. A mi si que me ha convencido, ya sabeis que opinaba lo mismo y que para mi la mejor manera de que los niños aprendan es jugando.
    Yo me acordare siempre de una profesora que tuve en primero y segundo de primaria, nunca mandaba deberes y por el contrario como has escrito nuestras tareas eran casos practicos en casa y la verdad es que me encantaba, porque siempre sabia la leccion y encima en casa participabamos todos.

    Me apunto al autor para leerlo 😊

  2. He visto que Alfie Kohn es estadounidense. Eso explica que sea tan antideberes… allí sí que están locos con el tema. Por aquí vamos por el mismo camino supongo, pero yo no sería tan radical. En fin, cuando tenga hijos comeré huevos 😉

    Ah, un par de apuntes. Lo de las notas en los deberes en mis tiempos no se hacía, si se ha traído aquí esa costumbre estadounidense, lo desconozco. Y otra cosa, en EE.UU. se da mucho menos valor a los exámenes y por eso se valoran tanto los deberes. Eso, a mi parescer, es buena idea en la universidad, no tanto en la escuela. Pero pregúntome si en España a los alumnos de primaria se les machaca, no solo con deberes, sino también con exámenes (lo cual sería coger lo peor de ambos modelos).

  3. Sí, comenté que Kohn es estadounidense, pero el sistema educativo español se está pareciendo cada vez más al de EEUU, así que es perfectamente aplicable. En nuestra experiencia los deberes no se puntúan de 1 a 10 pero sí suben o bajan la nota final de los alumnos, se apunta en una lista a quien no los trae (esto es bastante “estigmatizante”) y, desde luego, los padres que propusieron negararse a hacerlos fueron contestados con que sus hijos “sufrirían las consecuencias”.
    Respecto a los exámanes, en Primero de Primaria ya tienen exámanes, aunque les llaman “controles”. Y también tienes las “revalidas” de cada ciclo y los exámenes de Cambridge para los colegios bilingües.

    En fin…

    • Bueno, es estigmatizante respecto al sistema. Respecto a los compañeros, que también es importante, en mis tiempos era más estigmatizante llevarlos hechos.

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