El mito de los deberes (I): la revelación

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El año pasado sufrimos un “shock” familiar con el aterrizaje de R en Primaria. Ya habíamos percibido cómo el trabajo creativo propio de la Educación Infantil había ido desapareciendo poco a poco de nuestras vidas en los últimos meses de su último año en esa etapa. Primaria supuso un portazo definitivo a ese enfoque en el aprendizaje: había que remangarse y dejar las “tonterías” atrás. Había que comenzar a trabajar “en serio”. Y trabajar y aprender “en serio” implicaba no solo las 7 horas “laborables” de nuestro hijo en el colegio sino “llevarse trabajo a casa”, esto es, los temibles deberes. Todos los días. De varias asignaturas. En 1º de Primaria.

Pero, ¿por qué?, ¿para qué? Puede que, si no se ha vivido el terremoto que suponen los deberes a nivel familiar, nunca surjan esas sencillas aunque terribles preguntas. Si no, puede que se llegue a pensar que los deberes son otra de esas cosas indefectibles que están ahí, en la escuela, como también están las sillas o las mesas.

Pero no fuimos los únicos a los que les sonó la campana (ni a los que les sigue sonando porque ya saben mucho de eso: mirad si no este magnífico alegato de Clara Cordero). Por contra, también hubo quien quería más deberes porque “fortalecen el carácter”, “hacen mejores estudiantes”, “les ayudarán a encontrar un mejor trabajo”, “les hacen más responsables” o (mi favorita) “porque se han hecho siempre”. Aunque sabemos que la temporalidad no es un argumento (la Inquisición duró casi cuatro siglos y no creo que a nadie se le ocurra legitimarla hoy en día) mucha gente tiende a creer que todo lo que se ha perpetuado en el tiempo es incuestionable. Puede ser así en algunos casos, desde luego, pero la cuestión tiene que soportar un análisis un poco más sesudo que la fe ciega.

En fin. Llegó el momento de hacer la gran pregunta a las maestras… Los deberes, ¿por qué? ¿con qué fin? La respuesta oficial, lejos de parecer fundamentada, se perdía en un laberinto de implicaciones secundarias poco apegadas a la propia educación de nuestros hijos: porque los exigen los de arriba, porque hay que prepararles para los exámenes estandarizados, porque no da tiempo a terminar los libros en clase, etc.

Pero la cuestión no es (o no debería ser) esa. La cuestión es ¿hacen realmente los deberes mejores (a nivel académico o personal) a nuestro estudiantes?

Mantuvimos debates con muchos padres y maestros. Las posturas son muy amplias y diversas. Leí argumentos a favor y en contra, pero todos  interesantes, pero poco o nada fundamentados con argumentos científicos sólidos (entre ellos tengo que destacar el informe de la Ceapa secundando la huelga francesa contra el exceso de deberes en el país vecino).

Afortunadamente, me topé con El mito de los deberes de Alfie Kohn, un rotundo experto en Educación.

mitoDigo “afortunadamente” porque yo quería un libro que me hablara de los pros y los contras de los deberes desde una perspectiva científica no emocional o  que abordase el tema como una “cuestión de fe”. Y eso es exactamente lo que presenta Kohn en su exhaustivo estudio con más de 30 hojas de notas al pie con sus respectivas referencias bibliográficas. Pero, ¡que nadie se asuste! Kohn sabe conjugar el cientifismo con un más que asequible discurso divulgativo. Cualquiera que esté interesado en el tema podrá profundizar en sus argumentos siguiéndolos sin grandes problemas.

La conclusión más rotunda de Kohn respecto a los deberes es que “no existe ninguna evidencia significativa de un beneficio académico para los niños de Primaria que hacen deberes”, es decir que “sería un error concluir [como viene siendo común en el panorama educativo] que los deberes son una contribución significativa al aprendizaje”.

La investigación de Kohn se centra en Estados Unidos, pero es perfectamente extrapolable a Europa, y por tanto a España, puesto que los modelos educativos de Occidente están tendiendo a homogeneizarse. Además, recientemente desde el Instituto Nacional de Calidad Educativa han corroborado la afirmación de Kohn a través de los resultados en el Informe Pisa:

Existen importantes diferencias en cuanto al tiempo dedicado a las tareas y al estudio en casa, si bien es cierto que no existe una relación significativa entre estos indicadores y los resultados. Así, entre los país con más éxito, podemos encontrar casos en los que los alumnos invierten más de diez horas semanales como Shanghai o Singapur, pero también otros en los que no se alcanzan ni siquiera las tres horas, como ocurre en Finlandia. La media del conjunto de países se sitúa en una cifra próxima a las cinco horas por alumno. España se sitúa algo por encima de esta cifra (seis horas y media semanales).
Así pues, si los datos científicos no avalan la intuición de que los deberes son beneficiosos para los alumnos, ¿por qué se perpetúan? Kohn ofrece también respuestas inteligentes para esto y, lo que es más importante, también soluciones. Si quieres leerlas por ti mismo/a puedes encontrar el libro de Alfie Kohn en la Editorial Kaleida Forma.
Si todavía no te has convencido, puedes leer mi síntesis del libro aquí.

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  1. Pingback: El mito de los deberes (III): Soluciones | Creatificando

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