Jugar a SUS juegos: juego simbólico

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A juzgar por las entradas de este blog podría dar la sensación de que nuestros hijos siempre están bailándonos el agua a los mayores en lo que a juegos respecta. ¡Nada más cercano a la realidad! Es cierto que en muchos momentos se avienen a las “excentricidades” del adulto, pero en la mayoría de los casos es más bien al revés: son ellos los que se acercan a ti para proponerte participar en SUS juegos. Que el adulto diga “sí” en ese momento tiene una importancia muy relevante para fraguar la relación con los niños. No puede hacerse siempre (lamentablemente muchas veces no es una cuestión de deseo sino de imposibilidad temporal) pero todos sabemos que hay que intentar estar lo más disponible posible en estas situaciones.

Situaciones que son,  desde luego, un reto. La capacidad imaginativa de un niño es tan grande que jugar a, por ejemplo, realizar “aventuras” con ellos puede ser realmente agotador para un adulto cuando le toca ser el “ideólogo” de la aventura en cuestión.

Cuando decimos juegos de “aventuras”, tan frecuentes entre los 3 y los 7 años, nos estamos refiriendo a una de las vertientes principales del llamado juego simbólico. Es el juego de “hacer como si” y tiene muchas dimensiones. Esta terminología se utiliza sobre todo para las actividades en las aulas de infantil donde los niños interaccionan con una serie de objetos (maletines de médicos, planchas, comiditas, disfraces, etc.) mientras “fingen” ser, comportarse y hablar como adultos bajo la atenta mirada de los maestros. Como dice el profesor I. Ceballos:

“Sus características y beneficios para el desarrollo de lo que Vygotski llamaba las funciones psicológicas superiores, están bien estudiados: permite el ensayo de situaciones reales sin que las equivocaciones se penalicen, y estimula la imaginación y la creatividad al hacer necesario actuar en una situación imaginaria, mental y no visible. El juego simbólico es, en cierta medida, el medio propio de expresión de los niños (así como los adultos utilizamos una suerte de lenguaje interior); la evocación mental de un suceso no le basta a un niño, y necesita revivir físicamente esa experiencia para asimilarla, de forma análoga a como a veces le encontramos embebido musitando unas palabras que acaba de decir u oír.”

Sin embargo, lo que mucha gente no sabe es que el juego simbólico tiene otras proyecciones:

el juego personal, cuando los niños juegan a encarnar al protagonista de un juego imaginario (superhéroe, detective, princesa, exploradora, etc.) y el juego proyectado que es cuando, a través de muñecos que mueven y a los que les ponen voz, elaboran complejas aventuras.

A en pleno juego simbólico proyectado con sus dinosaurios

A en pleno juego simbólico proyectado con sus dinosaurios

Así que, cuando los niños están jugando a aventuras (ya sea encarnando ellos mismos a los protagonistas o a través de sus muñecos), están inmersos en un proceso creativo tan inmenso y beneficioso para su creatividad que más nos vale no defraudar sus espectativas cuando nos piden que participemos en él. Ahora bien, como hemos dicho, para el adulto estar a la altura de las circunstancias muchas veces es harto difícil.

Hace un par de veranos R estaba completamente fascinado por el mundo del juego simbólico proyectado. Aunque claro… él no lo llamaba por ese nombre tan alambicado y adulto. Vamos que su principal entretenemiento era elaborar aventuras con sus playmobil. Los adultos temblábamos cada vez que pedía nuestra participación porque, como digo, era muy difícil estar a la altura de sus invenciones: demandaba argumentos distintos, con personajes distintos y en distintos escenarios. Tal y como él hacía cuando era el “autor” de la aventura. Era oír, “Venga, ahora inventa tú la aventura” y echarse a temblar.

En plena aventura de superhéroes

En plena aventura de superhéroes

A G, sin embargo, un día se le ocurrió utilizar el argumento de la Guerra de Troya para jugar con R. ¡Se quedó fascinado! Pero al día siguiente quería otra. Y, ¡no!, habíamos subido el nivel con la complejidad y la riqueza de la historia clásica, así que ahora había que trabajárselo más aún. Al día siguiente vivimos el asedio de Numancia (Cervantes…), otro día fue el descubrimiento de América, la llegada a la Luna, el Apollo 13, etc., etc.

Ni que decir tiene que todas estas aventuras le encantaron a R. ¡Pero os podéis imaginar que a nosotros se nos agotaron los argumentos para sus aventuras antes de que a él se le agotaran las ganas de “vivirlas”!

A pesar del esfuerzo, a pesar de la falta de tiempo… ¡es tan importante jugar a sus juegos! ¡Hay que sacar el tiempo de donde sea! Es un tiempo invertido que a cambio dará preciosos frutos en nuestros recuerdos y en sus mentes.

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Un comentario »

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