Máscaras africanas para bailar con Kirikú

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Hace ya muchos años que descubrimos al pequeño Kirikú. Primero fue R el que bailó al ritmo de sus canciones. Hoy ya se le suman A y la pequeña O (aunque ella solo moviendo la cabeza de un lado a otro) que disfrutan también de los ritmos africanos (¿y quién no?).

¿No conocen a Kirikú? ¡Pues deberían! Kirikú es un insólito niño africano que se da a luz solo, se nombra solo, corre como el viento pero sobre todo “sabe lo que quiere” desde el mismísimo día que nace. Al menos así nos lo cuenta Michel Ocelot, su creador. Ocelot se inspiró en una leyenda africana para su película Kirikú y la bruja (1998). Una película interesante no solo por presentar con respeto la vida y costumbres africanas, sino porque plantea unos esquemas y circunstancias totalmente diferentes a las que estamos acostumbrados. El minúsculo Kirikú (no en vano acaba de nacer cuando comienza la película) quiere liberar a su tribu de la tiranía de la bruja Karabá que se ha llevado a los hombres del poblado y ha secado su manatial. Sin embargo, Kirikú, mientras trata de recuperar la estabilidad de su entorno, no para de hacerse (y hacer a todo el mundo) una pregunta fundamental: ¿por qué la bruja Karabá es mala? Sus pesquisas finalmente tienen éxito y descubre que la maldad de la bruja tiene un motivo: ella también ha sido víctima de un abuso, sufre tremendamente y no tiene ningún amigo que la libere de su sufrimiento.

ImagenNi que decir tiene que el pequeño Kirikú no tiene ningún reparó en ayudar a la bruja Karabá a acabar con su dolor. Pero el hechizo que la hace sufrir es el mismo que le confiere sus poderes, así que tras la mediación de Kirikú la bruja queda convertida simplemente en una mujer. Eso sí, una hermosísima mujer.

Ahora leemos desde otra óptica el “rapto” de los hombres del pueblo y la obsesión por la bruja del propio Kirikú que, tras romper el hechizo le confiesa a Karabá que quiere casarse con ella. “Las mujeres no se casan con los niños”, le responde con mucho acierto Karabá. Kirikú parece entrar en razón, pero pide a cambio un simple beso. Un beso nada inocente, porque provoca que Kirikú crezca súbitamente hasta quedar convertido en hombre. De esta manera el amor de Kirikú ya es posible.

Si el argumento  ya es bastante insólito para niños y adultos del “norte” (la maldad de la “mala” tiene un por qué y además ésta acaba casada con el héroe), también lo son la reproducción de costumbres africanas como el desnudo de los habitantes del poblado. Casi provocó la censura de la película por parte de muchos países Occidentales. Sin embargo, al igual que el planteamiento, el desarrollo y la resolución de la película son un soplo de aire fresco y son observados y asumidos por los niños con toda normalidad (¿por qué no habría de enamorarse el pequeño y heroico Kirikú de la hermosa, independiente e inteligentísima Karabá?) tampoco alzan la ceja por ver a un puñado de mujeres (viejas y jóvenes) con el torso desnudo. Ellos todavía no viven peleados con su físico, ni con el de nadie.

Kirikú y la bruja tuvo un éxito más que notable (y más subrayable aún dadas las características antes anotadas). Además tuvo dos secuelas: Kirikú y las bestias salvajes y Kirikú y los hombres y las mujeres igual de recomendables.

Para los fans de las moralejas son muchas las enseñanzas que contiene esta preciosa película. Pero lo realmente importante es que nada contra corriente y que, además, es divertidísima. Nuestros niños, en concreto, la han visto decenas de veces. Bailan con sus ritmos y se sumergen en la cultura africana en un pestañear de ojos.

Hace poco querían convertirse en los fetiches (léase esbirros) de la bruja Karabá, una especie de robotitos que obeceden las órdenes de la sugerente bruja. ¡Y nos pusimos manos a la obra para transformarnos todos con máscaras africanas!

Utilizamos platos de plástico como base; les cortamos los ojos (cada cual a su manera) y los pintamos con témpera (lo cual no fue del todo buena idea… la témpera no encaja del todo bien con el plástico… ¡cuando se seca del todo se cae a tiras!).

DSCF3687Después le añadimos unos adornos con papel pinocho:

DSCF3688 DSCF3690¡Y así de “africanos” quedamos! ¡Pasamos toda la tarde bailando al ritmo de Kirikú con nuestras máscaras!

fetiches

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