Agroturismo en Semana Santa: burros, vacas y amapolas

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¡Eres más de campo que las amapolas!

Ese dicho que hace tiempo tenía una matiz marcado y pretendidamente peyorativo es hoy, casi podíamos decir, un piropo. A casi todos los urbanitas nos encantaría desmarcarnos un poco más de la ciudad. Pero no sólo por aquello de respirar un poco de aire fresco o dejar a un lado el ritmo frenético de ciudad. En los pueblos y en el campo se experimenta una filosofía de vida que prioriza aspectos vitales muy relevantes y que, a menudo, pasamos por alto en las grandes ciudades: las personas, los ritmos vitales, el “pararse a pensar”, etc. En los últimos tiempos, como decimos, se está revalorizando de nuevo la vida sencilla de campo. No hay nada nuevo bajo el sol y esta “querencia del campo” ya ocurre marcadamente desde el Renacimiento. La cantó Horacio en su famoso “Beatus ille” que bien podría servirnos de himno a muchos urbanitas de hoy en día:

Dichoso aquél que lejos de los negocios

como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda,
y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador,
ni tiene miedo a los ataques del mar,
que evita el foro y los soberbios palacios
de los ciudadanos poderosos.

R en plan

Pues bien, como buenos horacianos que somos hemos pasado las vacaciones en un “refugio” rural, en la brecha del agroturismo: “entendido como una oferta de actividades integradas en fincas agroganaderas, cuyos gestores ofrecen actividades de ocio relacionadas con el mundo tradicional agrícola-ganadero, reforzándolo en su interrelación con el turismo. Puede incluir actividades de carácter gastronómico, basadas en variedades locales que favorezcan la biodiversidad y la soberanía alimentaria. La vertiente más cultural puede llevar a adentrarse en la historia del territorio rural donde se desarrolla y a descubrir los porqués de determinados cultivos o procesos sociales ligados a ellos.

Este concepto de agroturismo se basa en recibir al viajero en las propias fincas, incluso sin la necesidad directa de contar con alojamiento y en unidades productivas en activo, para mostrarles su actividad cotidiana y hacerles partícipes de las experiencias del mundo rural. El turista se integra en un contexto que debe funcionar con o sin él, en ningún caso debe crearse para él. Todo ello implicando a campesinos, población local y actores rurales concienciados en la mejora socioeconómica del entorno, propiciando la diversificación de rentas agrarias a través de un modelo de turismo sostenible en el medio rural” (definición tomada de Fundación Ecoagroturismo, Proyecto Ceres Ecotur).

El entorno elegido fue la sierra madrileña y el encantador pueblito, Garganta de los Montes. Entre Buitrago y Rascafría, Garganta es una joya por sus casitas típicas, su tranquilidad para los paseos y sus áreas recretivas con columpios y mesas y con unas vistas espectaculares.

La “empresa” familiar encargada de acogernos: El Capriolo. Sólo tenemos palabras de agradecimiento para ellos: su hospitalidad, su generosidad y se cercanía han sido una constante durante toda nuestra estancia allí. Y con los niños… ¡han sido estupendos! ¡llenos de detalles y comprensión! Y eso que llevábamos a toda esta prole:

Imagen

Las casas estaban fenomenalmente equipadas y llenas de detalles de “DIY” rural: salvamanteles y posavasos de corchos de botella, jabones caseros, butacas de palés, taburetes frabricados a partir de tocones de árboles, etc. Además, también ofrecían, generosamente, un buen trozo de su pared para que los visitantes expresaran su creatividad:

R expresando libremente su arte

R expresando libremente su arte

 Las activiades que hemos podido experimentar durante estos días han permitido que nos sintiéramos más cerca de la vida campestre (aunque, desde luego, todavía muy desde la perspectiva de un urbanita): ¡visita a la ganadería y paseos en burro!

DSCF3537

Hoy volvemos a la rutina de la ciudad: pero un poco más “verdes” , con el corazón más grande (¡y eso se lo debemos a nuestros amigos!), los pulmones más limpios y las ideas más claras… ¡queremos vivir en el campo!

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