Teatro para bebés: nunca es demasiado pronto para llevarlos al teatro

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El teatro para bebés es un invento relativamente reciente. Desde hace unos 10 años se hacen y se programan en las salas obras destinadas a los niños de 0 a 3 años. Una franja de edad que, hasta entonces, no se contemplaba como público posible. Un ejemplo de ello fue el festival madrileño Rompiendo el cascarón que llegó a tener ocho convocatorias con mucho éxito de crítica y público. Otro es el festival Fetén de Gijón que, aunque no es específico de esta franja de edad, sí fue otro de los pioneros en incluir a los bebés como posibles espectadores.

Por otro lado, por su juventud, es normal que el teatro para bebés despierte reticencias entre algunos adultos. Aunque son muchos los que todavía no están convencidos de que un bebé de, por ejemplo, 6 meses pueda ser público activo de una representación teatral, son cada vez más los que se van convirtiendo al comprobar los beneficios de llevar a nuestros hijos al teatro desde una edad tan temprana. Para darse cuenta sólo hay que probarlo.

Pero para que este teatro haya sido posible tal y como lo es hoy en día, hay que reconocer el esfuerzo y la investigación de muchos profesionales de las artes escénicas por crear una fórmula específica de teatro para estas edades. Hay muchos, por supuesto, que piensan que con una música suave, filtros de colores y vestuario geométrico basta. Por supuesto esto es mejor que nada y seguramente los niños agradecerán el espectáculo. Pero, como digo, durante estos años se ha experimentado e investigado mucho sobre el tema y se han ofrecido resultados muy variopintos pero todos con un motivo en común: la búsqueda de una comunicación teatral con las edades más tempranas. Se trata de un teatro muy complejo a nivel simbólico. La palabra tiene escasa presencia (que no relevancia) y cuando aparece lo hace como sucede en la vida del niño: para nombrar el mundo, para cantar, para repetir. Es en el cuerpo y los símbolos en donde recae todo el peso de la escena. Ellos recrean la existencia primigenia, los primeros asideros en la vida de un ser humano. Más allá de los conceptos habituales que representan los libros destinados a bebés (los colores, los números, los objetos cotidianos) el teatro para bebés trata de dar una explicación del  mundo, de las primeras sensaciones y de los primeros sentimientos aprovechando la inmesa capacidad evocadora del teatro.

Dos buenos ejemplos de esta investigación teatral son la compañía La casa incierta y la actriz y dramaturga Eugenia Manzanera. Los primeros trabajan el teatro de bebés desde el subconsciente apelando a los sentimientos más atávicos, incluido el miedo. Su investigación, en este sentido, es paradigma de seriedad y profesionalidad. Además, en su blog Cultura para bebés han abierto un espacio de debate para la defensa de la cultura destinada a los menores de 4 años.

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Pupila de agua de La Casa Incierta

Por su parte, Eugenia Manzanera se acerca a los primeros espectadores con la sonrisa, la medio risa y la carcajada. En sus gestos todo es poesía, delicadeza e inteligencia. Su sexto sentido con los niños, la seriedad con la que asume su presencia, su sensibilidad transmitiendo los símbolos sobre los que construye su teatro, son su mejor carta de presentación en abstracto. Para conocerla un poco más en profundidad basta con experimentar la claridad y frescura con la que responde en esta entrevista.

Sin embargo, para colmo de las fortunas de esta entrada, tenemos la suerte de que justo estos días presenta en Madrid uno de sus útimos trabajos: Corpore Oh! que, según sus propias palabras, se basa en una “experiencia multisensorial” donde el cuerpo y los sentidos juegan un papel determinante. Risa, poesía y mucha ternura. De nuestra experiencia personal basta contar que O (con ya 6 meses) entró dormida y a los diez minutos de espectáculo estaba sentada y carcajeándose. Ni pestañeaba para no perderse ningún detalle. A, por su parte, es ya un devoto de Eugenia. Ha visto Caracoles y Historias con Candela (otros dos de sus espectáculos) con un entusiasmo inusitado y recuerda cada uno de ellos como hitos de su todavía corta vida.

Es más que evidente que, si tenéis a vuestro lado a algún niño de entre 0 y 5 años, no debe perdérselo. Notaréis los efectos beneficiosos de sumergirle en el teatro al instante.

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Corpore Oh! de Eugenia Manzanera

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