Preparando la Navidad: abetos decorativos con ramas

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Hay dos momentos en que la Navidad es, en el estricto sentido de la palabra, mágica: cuando eres niño (por razones obvias que no puedo mencionar…) y cuando tienes niños. Si en la primera etapa la magia se experimenta como algo intuitivo, atávico, en la segunda renace desde la más absoluta reflexión y experiencia. Porque, sí, señores y señoras: la magia existe. Quizás no es exactamente como nos la venden desde los medios de comunicación o la literatura. Pero la magia de la vida real es más poderosa aún que la de la ficción o los sueños. Todas aquellas cosas que nos “mueven” y no vemos: eso es magia. La sensaciones indescriptibles que causa la naturaleza, la poesía y a la ensoñación a la que predispone la noche, la conexión ancestral y telúrica al observar el nacimiento de un niño… Si todo eso no es magia… ¡que baje Dios y lo vea! (como decía mi abuela).

magia

Hay ciertos momentos del años propicios para dejar entrar la magia. La Navidad es uno de ellos. ¡Ojalá, estuviéramos los adultos más propicios a experimentar la magia todo el año! Pero nos la “han dado con queso” con eso de que hay que trabajar, ser prosaico y realista, ahorrar tiempo y dinero para invertirlo en… ¿qué? ¡Ay! Los hombres grises de Momo estarían muy orgullosos de nosotros y de nuestra manera de vivir.

Pero vamos a lo que nos interesa ahora, ¡celebrar la Navidad! En realidad, cualquier excusa es buena para celebrar, pero como pasa con la magia la Navidad también predispone a la celebración y hay que aprovecharlo. Nosotros hemos empezado diciembre ya con los preparativos.

A mi hijo mediano A le han pedido en la guarde que lleve algún adorno navideño y hemos echado mano de “enciclopedia de manualidades”. Paseando por el parque el domingo pasado me acordé de unos preciosos abetos fabricados con ramas. Aprovechamos la visita y no llevamos un montón de ramitas a casa. Para decorarlos, en el libro proponían usar botones u otros adornos de madera o plástico. A nosotros se nos encendió la bombillita y cogimos algunos de esos frutos rojos que crecen en los arbustos y que vulgarmente llamamos “tomatitos”. R se lo pasó bomba recolectando los tomatitos en el parque y descubriendo que había de tres colores dintintos: rojos, amarillos y naranjas… Para mí también fue un descubrimiento.

Ya en casa cogimos los tres palos más largos y los atamos con una cuerda fina de cáñamo como podéis ver en la foto de más abajo (una imagen vale más que mil explicaciones…). Después, con cola blanca especial para manera, pegamos el resto de ramitas trasversalmente a estas tres primeras.

DSCF2520

Con esto la estructura del árbol ya está hecha, pero falta la decoración: ¡los tomatitos! Con un poquito de cola blanca en cada huequito que debía ser decorado fuimos pegando los tomatitos. Después los niños pintaron y recortaron una estrella y la pegaron en lo alto del árbol. Y éste fue el resultado final:

DSCF2541

Bonitos, ¿verdad? ¡Y muy, muy naturales!

Si queréis otro modelo de adorno navideño también fabricado con ramas mirad este post de Agora Abierta. ¡Fantástico!

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