Taller de marionetas: un proyecto en tres fases (II)

Estándar
buen ángulo

Brazo en ángulo correcto para sujetar la marioneta cuando el titiriterio también está en escena

Como íbamos diciendo, el segundo estadio de nuestro taller de marionetas estuvo basado en el aprendizaje de la manipulación de la marioneta. Obviamente, va más allá de una noción básica de que la marioneta debe mantenderse recta con el brazo ligeramente flexionado y separado del cuerpo del titiritero. Lo realmente indispensable a la hora de manejar una marioneta es no olvidar nunca que  debe parecer viva todo el rato y no sólo cuando habla. Esto significa que debe estar siempre erguida (a menos que esté triste), mirando al público o a quien esté hablando en ese momento y reaccionando ante lo que pasa a su alrededor.

Una vez que los niños (y los adultos) interiorizamos eso, ya tenemos adquirida la mitad de la técnica. Después hay que encontrarle los matices a la marioneta. Para ello es bueno realizar con los niños previamente un “calentamiento”. Nosotros en los talleres solemos  hacerlo mediante el juego de “abro la cajita” de  Franco Passatore [Fraco Passatore et al., Yo soy el árbol (tú el caballo), Barcelona, Reforma de la Escuela, 1984] adaptándola a las emociones. Los niños se acurrucan en el suelo (ellos son simbólicamente la cajita) y el adulto dice:  “Abro la cajita… y estoy ¡contento!” En cuanto los niños escuchan la emoción deben representarla con todo su cuerpo. Después el adulto vuelve a instarles “cierro la cajita” para que los niños retornen a la posición inicial a la espera de una nueva consigna. Con esta dinámica se pueden “practicar” todas las emociones, actitudes o posturas que interesen (somos animales, estatuas, bólidos, etc.)
brazocon marioneta

Brazo con marioneta

Una segunda fase del juego consiste en que los niños no representen corporalmente la emoción como lo harían naturalmente sino de la forma en que creen que lo haría la marioneta (mucho más rígidos y con menos capacidad de movimientos, claro está). Esto les suele resultar muy divertido y motivador.

Ahora que ya hemos “calentado” es hora de coger la marioneta y representar con ella esas emociones que antes hemos realizado físicamente. Los niños ahora serán mucho más conscientes de la “limitación” de movimientos que tienes sus marionetas: que deben inclinarse adelante y atrás para decir “sí” y girar enteras hacia los lados para decir “no”; agachar la cabeza si están tristes y dar pequeños saltitos cuando están contentas; moverse temblequeantes cuando tienen miedo, etc. Es cuestión de incitarles un poco y ellos mismos comenzarán a explorar con mucha más intuición de la que en un primer momento puede esperar el adulto.

Ahora, sólo falta el tercer paso de nuestro taller de marionetas: la puesta en escena…

A y R ensayando con sus marionetas

A y R ensayando con sus marionetas

[Si te has perdido la primera fase de nuestro taller de marionetas pincha aquí]

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