Copiando a Picasso

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Mi hijo R está fascinado con la pintura. Ha pasado de no querer ver un lápiz a implicarse en cuerpo y alma con ello. G y yo nos preguntábamos por qué otros niños podían entretenerse en los restaurantes durante gran parte de la comida con un par de ceras de colores y R era incapaz de terminar un dibujo. Un día se me ocurrió comprar una caja de rotuladores y fue como abrir la caja de Pandora. Probablemente  R no encontraba placer ninguno en pintar porque tenía poca fuerza en las manos y los trazos que realizaba con los lápices y las ceras eran poco vivos, en el estricto sentido de la palabra. En cuanto utilizó por primera vez los rotuladores notamos un cambio radical en él. Durante meses se ha entregado a sus dibujos con un entusiasmo furibundo, pintando series de dibujos que a veces  evidencian sus intereses más elementales (personajes, muñecos, batallas, etc.) y otras resultan un reflejo de su subconsciente. Durante los primeros meses del descubrimiento de esta nueva pasión R acudía a su cuaderno cada vez que vivía una experiencia de cualquier tipo. En la multitud de cuadernos que llenó en aquellos momentos quedaron plasmadas pesadillas, sueños, aventuras vividas con sus amigos, lecturas, películas o conversaciones.

R,sin embargo, es menos permeable al dibujo “por encargo”. Si le instas a  que pinte tal o cual cosa (por ejemplo, le compramos un libro maravilloso para aprender a pintar personajes o le proponemos asistir a clases de pintura) suele responder con una negativa. Sin embargo, de vez en cuando conseguimos hacer “talleres” sobre algún aspecto concreto en los que sí participa con mucho gusto. Por ejemplo, un día estuvimos realizando un “taller de caras” para experimentar con las diferentes expresiones que podía tener sus monigotes. Otro día, fue él el profesor y me enseñó a “darle movimiento” a los muñecos. Puede sorprender desde la perspectiva adulta pero, realmente, mi hijo tenía mucho que enseñarme.

La experiencia que más nos gustó a todos fue la de copiar un cuadro famoso. Aprovechando que R había ido con el colegio al Museo Reina Sofía y había trabajado previamente en clase la obra de Miró y Picasso, le propuse hacer nuestras propias versiones de un cuadro famoso y eligió, sin pensárselo un minuto, el Guernica. Supongo que fue el ambiente bélico lo que le atrajo del cuadro;  se quedó muy impresionado cuando le conté su historia. A, tan entusiasta siempre, se nos unió encantado sin pensárselo y los tres nos pusimos manos a la obra.

guernica11

El Guernica de Picasso

El experimento de copiar a Picasso fue realmente estimulante; también para mí misma porque, aunque mi copia fue completamente servil como podéis comprobar, descubrí matices nuevos que nunca había percibido de la obra.

Guernica mamá

Mi Guernica

Mis hijos, sin embargo, llevaron a cabo interpretaciones mucho más personales. Aquí tenéis el abstracto y  colorido Guernica del pequeño A. Es curioso ver cómo su impresión del cuadro se basó en la interpretación en espiral de algunas de las caras y la marcada direccionalidad a la izquierda. Atención, sin embargo, a algunos detalles figurativos que no dejó escapar como el sol (el borrón amarillo del centro-arriba).

guernica martín

El colorido Guernica de A

La copia de R reproduce el cuadro prácticamente parte por parte. Por alguna razón escogió el color para algunos detalles (el sol y partes del caballo y el toro, en azul y violeta). Otras marcas de personalidad en su cuadro se explicitan en el hecho de que prescinde de la espada (raro en él)  al pintar el brazo del guerrero caído, (en su dibujo sólo aparece la flor)  y desdobla en dos la mujer que se asoma a la ventana con una palmatoria. Una de ellas reproduce la posición y la intención de Picasso (la de abajo en el cuadro de R) pero la otra se convierte, quizás por casualidad, en caníbal.  Se puede observar cómo está fagocitando al hombre de la derecha, lo que, sin lugar a dudas, va muy en consonancia con su cosmovisión Pokemon del mundo.

Guernica Tris

El personal Guernica de R

En fin, las copias no tienen desperdicio. La actividad fue muy interesante, además, porque a medida que cada uno realizaba su dibujo íbamos comentando aspectos que nos llamaban la atención del cuadro.

Cuando acabamos las pinturas las pegamos en la pared del salón e invitamos a G y a los abuelos a que visitaran nuestra exposición. No hubo caviar ni champange, sino zumo y gusanitos, pero ni que decir tiene que fue un auténtico éxito.

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  1. Me encanta la versión de R y su inspiración del mundo Pokemon. Está claro que nuestro entorno influye decisivamente en nuestra visión del mundo y como a partir de ello construimos nuestro propio entorno personal. Por otro lado refleja claramente la personalidad de cada uno, tanto en la utilización de los tonos como en el sentido y dirección de cada parte. El uso de rotuladores en pequeños resulta más motivador, son colores más vivaces que los lápices y más manejables que las ceras. Y el construir tu propio museo resulta fascinante porque te conviertes en CREADOR.

  2. ¡Al final va a ser verdad aquello de que «esto lo puede hacer un niño pequeño»! Es tremendo; también el tipo que lleva arrastrando los menudillos pero no se da por vencido. Todo viene a ser como “la invasión zombie de Guernica”.

    • Bueno, ya sabes L, la fascinación/horror que sienten los niños por los zombies hoy por hoy así que no me extrañaría nada que fueran realmente por ahí los tiros de R en su dibujo…

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